la asociación de todas y de todos los ex presos políticos de Uruguay

Joaquín Requena 1533 esquina Brandzen. Telefax: 2408 44 65. Montevideo. Uruguay. Dirección electrónica: crysol2003@yahoo.com.ar



Horario de atención en nuestra sede social: de lunes a viernes de 14.45 en adelante. Cuota social: $ 120.-




jueves, 11 de noviembre de 2010

¿Qué esconde Sanguinetti, el campeón de la impunidad?

El Popular 5 11 10. Por Gabriel Mazzarovich

El debate sobre la vigencia o anulación de la Ley de Impunidad tiene múltiples aristas todas ellas trascendentes pero hay una que expresa la verdadera dimensión de lo que está en discusión: la cerrada defensa de la impunidad de Julio María Sanguinetti.

Este enfoque no pretende quitar importancia al accionar y efectos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, al debate político-jurídico sobre la predominancia o no de los derechos humanos universales, a la relevancia de la legislación internacional, al papel y alcance de la democracia directa y a las diferencias internas en la izquierda.

Sin embargo, la postura ultramontana de Sanguinetti, ofrece pistas sobre la profundidad de lo que está en discusión y el papel que la impunidad tiene en la estructura y estrategia de poder de la derecha en nuestro país, y no en el presente, hace más de 40 años.

En medio de un debate complejo, Sanguinetti, acompañado por Jorge Batlle salieron a la palestra con una carta defendiendo la impunidad y alertando, una vez más, sobre los riesgos “para la democracia” de intentar borrarla.

En uno de sus pasajes centrales la carta dice: "Los firmantes, ex Presidentes de la República por el Partido Colorado, responsables por quince de los veinticinco años de gobierno democrático que sucedieron a la apertura de 1985, nos sentimos en la obligación ciudadana de hacer un llamado a la conciencia cívica de la República.
En tal virtud, expresamos que la paz que el país goza y el libre ejercicio de los derechos que poseen los ciudadanos se han asentado en el respeto a una institucionalidad que mucho costó recuperar luego de años de violencia política y dictadura.

Ya no tiene sentido seguir discutiendo la ley. Alertamos al país sobre un paso que degradaría la tradición republicana de subordinación al Estado de Derecho que el Uruguay ha forjado desde la gesta artiguista”.

Es exactamente el mismo argumento esgrimido desde hace décadas para defender la impunidad: el miedo, la amenaza, el cuco.

Sanguinetti es una figura central de la derecha uruguaya desde 1963 cuando fue electo diputado. Fue ministro de Industria de Pacheco Areco y de Educación de Bordaberry. Dos veces presidente y senador. Fue el factotum de la Ley de Educación que comenzó un proceso autoritario y de degradación.

En la carta se habla de “violencia política”. Durante su gestión como ministro de Educación se produjo la ola de atentados fascistas contra la enseñanza más grave que recuerde el Uruguay. En una nota de Roger Rodríguez se recuerda que “entre abril y agosto de 1972 se concretaron 230 atentados de corte derechista contra liceos, facultades y comités de base del Frente Amplio, donde se dejaron pintadas consignas como "Viva Pacheco, Hitler volverá", firmados por la MNG (Movimiento Nueva Generación), el CREI (Coalición Renovadora de Estudiantes Independientes) y la JUP (Juventud Uruguaya de Pie)”.

También durante su gestión como ministro fueron asesinados los 8 obreros comunistas en la Seccional 20º y Rodríguez Muela en el Liceo 8. ¿Será a esa violencia política que se refiere Sanguinetti?.

Mal puede hablar Sanguinetti de respetar la voluntad soberana del pueblo, cuando él nunca recurrió a ella, muy por el contrario hizo todo lo posible para evitar que se pronunciara.

Sanguinetti, como expresión de la derecha política, fue el principal impulsor y también el principal beneficiario político de la impunidad. La impunidad fue, es y será, una pieza clave en la estrategia de poder de la derecha y el principal responsable de la vigencia de la impunidad es el Partido Colorado.

Sanguinetti amparó y alentó al Comandante en Jefe del Ejército, teniente general Medina, cuando guardó las citaciones de la justicia en un cofre y desató la crisis institucional que terminó en la aprobación de la Ley de Caducidad.
Sanguinetti no eligió el camino de fortalecer la democracia, entre gallos y mediasnoches presionó para que se consagrara la impunidad.

Después desde el gobierno hizo todo lo que pudo para impedir el Referéndum, anulando miles de firmas, sancionando a los militares que se salieron del redil y firmaron, desatando una campaña de miedo y hasta censurando el spot de Sara Méndez en complicidad con los grandes medios.

Sanguinetti luego llevó al paroxismo la aplicación de la Ley, cerrando cualquier resquicio de investigación. Amparó en la Ley todas las denuncias y casos y bloqueó por todos los caminos la acción de la Justicia, incluyendo por ejemplo el asesinato de Zelmar Michelini y Gutiérrez Ruiz. Pero fue más allá, Sanguinetti ascendió a coronel a Jorge Pajarito Silveira y después lo designó Asesor del Comandante en Jefe del Ejército, ¿ignoraba de quién se trataba?, por supuesto que no.

Otro connotado represor acusado del asesinato de María Claudia Irureta Goyena de Gelman y de Alvaro Balbi, entre otros, Ricardo “Conejo” Medina, fue asesor de uno de los senadores colorados con más poder durante el gobierno de Sanguinetti, Pablo Millor.
Sanguinetti llegó a decir, tres días antes, de que se revelará la identidad de Macarena Gelman: “En Uruguay no hay niños desparecidos”.

La vida y la lucha sin desmayos, contra la concepción de Sanguinetti, han posibilitado abrir espacios de verdad y también de justicia, todos esos espacios fueron conquistados contra la posición de Sanguinetti, que siempre estuvo del lado de la mentira y el ocultamiento.

Sanguinetti fue el ideólogo, gestor y beneficiario de una “transición” que llevó a que factores de poder antidemocráticos y conservadores conservaran toda su vigencia.
La impunidad, que defiende Sanguinetti, ampara a torturadores, secuestradores de niños, violadores y asesinos. Pero también ampara los robos, desfalcos, secuestros extorsivos y maniobras económicas varias que se realizaron, de las cuales la compra de carteras de 1982 y el Operativo Conserva, son solo dos muestras.

A esta altura de los acontecimientos caben las preguntas: ¿Qué sabe Sanguinetti? ¿Qué quiere que permanezca escondido? ¿Su defensa ultramontana de la impunidad es solo por un convencimiento ideológico?

Cuando el debate se centra en fórmulas jurídicas y en diferencias políticas actuales, conviene recordar la totalidad del bosque, para no perderse en los árboles.
Terminar con la impunidad, es esencialmente una batalla por la libertad, por terminar con una transición que sirvió como estrategia conservadora de poder y que no puede ser eterna.

Terminar con la impunidad, más allá del juzgamiento de los responsables de los peores crímenes de la historia del Uruguay, es una batalla democrática, por la libertad plena.

¿De que lado está el doctor Sanguinetti?.

---------