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sábado, 13 de noviembre de 2010

Estela: los caminos de la dignidad


Estela Sabalsagaray es la hermana menor de Nibia. Es esa amiga entrañable con quien hemos compartido tantas cosas desde hace treinta años. Representa lo que en otro artículo caractericé como “la generación del silencio” o, más bien, la generación silenciada. Silenciada por el terror, por la muerte, por el miedo, por la ausencia de respuestas a las preguntas más fundamentales: ¿por qué?

Caras y Caretas. 12 11 10. Por María Elena Laurnaga.

No ha sido fácil la vida para ella y su familia, especialmente para ella. Es hija de un obrero de Juan Lacaze, despedido de Campomar cuando la huelga general de 1973 y que murió en la pobreza después de buscar trabajo por todos lados. El despido trasciende la empresa… en esa época nadie empleaba fácilmente a alguien que había sido censurado por protestar contra el golpe de Estado. Vivió esperando la compensación por despido;; ya en sus últimos días esperaba dejar como herencia a sus hijos esa indemnización que, obviamente, nunca llegó. Estela hizo su carrera de arquitecta –entre otros trabajos– vendiendo quesos de Colonia Suiza que traía los fines de semana en el bolso, procediendo a su distribución casa por casa.

Siendo apenas una adolescente aquel día de 1974 vio llegar el féretro de su hermana muerta rodeado de militares, con la prohibición rotunda de ser abierto. Así llegó el cuerpo asesinado de Nibia a Nueva Helvecia (o Colonia Suiza, nunca nos pusimos de acuerdo). Lo dejaron después de entregar a la familia un certificado falso de defunción que configuraba la causa del deceso como suicidio. Y después las amenazas, las detenciones de familiares, el acoso cuando el pueblo hizo un homenaje recordatorio colocando una placa con el nombre de Nibia al año de su asesinato. Siempre la amenaza y el miedo.

Estela es una mujer con ideas muy claras, pero no ha sido una militante por opción. Tantas veces hemos analizado en aquellos años las diversas formas de resistencia a la dictadura y el autoritarismo. Y los modos de contribución de cada uno a la democracia. Ella hizo y hace hoy la opción por un perfil bajo: hacer en silencio.

Hay hechos épicos en la historia: son aquellos acontecimientos tan significativos que marcan transformaciones y configuran emblemas en los que se identifica un pueblo, una generación, una región. Son en general hechos excepcionales. Pero hay hechos heroicos, –sí, digo heroicos– que forman parte de muchas vidas cotidianas, que no tienen la espectacularidad de los épicos hasta que son realmente dimensionados. Y que tejieron la historia de tantas y tantos uruguayos en los años oscuros.

Estela, en el marco de su propia historia de dolor y miedos, tuvo el coraje de hacerse cargo individualmente de un caso tan difícil, tan duro, que constituye uno de esos actos heroicos anónimos. Quiero compartirlo aquí para tratar de comunicar que éste, entre otros miles de gestos, forma parte de la base social y política en la que nos basamos para confiar en la democracia, para querer esta tierra, para apostar finalmente por la justicia.

Desde esa actitud silenciosa enfrentó sus miedos para provocar los dos acontecimientos más emblemáticos de la lucha contra la ley de impunidad: la primera interpretación de la Suprema Corte de Justicia acerca de la inconstitucionalidad de la ley y su inaplicabilidad en el caso de Nibia (en octubre de 2009), y hoy la prisión por homicidio especialmente agravado del primer general en actividad, procesado por coparticipación en la tortura y asesinato de su hermana.

En octubre de 2004 Estela presentó el caso de Nibia solicitando la revisión de la carátula de “suicidio” por la de “homicidio”. Estela pide dignidad para su hermana, ni más ni menos. Ni siquiera se animó a soñar con la justicia y menos aun con el castigo a los culpables, encubiertos hasta hoy por la aberrante Ley de Caducidad.

El Dr. Tabaré Vázquez excluye en 2005 el caso de Nibia de la Ley de Caducidad habilitando su paso a la justicia. En octubre de 2009 la Suprema Corte de Justicia interpreta por primera vez la Ley de Caducidad como una ley inconstitucional y por tanto inaplicable en el caso. Hoy, noviembre de 2010, el general en actividad Miguel Dalmao es procesado con prisión por homicidio especialmente agravado en la causa de Nibia.

Este gesto de Estela ha sido posible porque muchos amigos, compañeros y compañeras de Nibia pudieron ponerles nombre a los rostros, mencionar las cosas vividas, denunciar. Y porque los del mismo palo se inculparon entre sí… Porque uno de los acusadores de Dalmao es el otro procesado en el caso, el coronel retirado Chialanza, quien parece haber roto el pacto de silencio.

A la estatura moral de Estela se contrapone el enanismo ético de Miguel Dalmao, que configura uno de los actos más vergonzantes de estos últimos años: un general del Ejército saliendo del juzgando haciendo un gesto obsceno con el dedo del medio levantado en el puño cerrado y gritando frente a Estela y demás testigos: “Va fangulo”.

Y más vergüenza aun, cuando el comandante en jefe del Ejército, el general Rosales, reafirma su confianza en él, ese mismo día y después de ese gesto. Después del juzgado, Estela volvió a su casa y el general Dalmao, a la Región Militar Nº 4 de la que es (¿era?) jefe, cubriendo de vergüenza seguramente a cientos de soldados que son (¿eran?) sus subordinados.

La gente de mi generación conoció las mil caras del terror. Aquel miedo que atenaza el estómago e inhibe la palabra. La adrenalina que corre cuando el ascensor para en nuestro piso y esperamos… No, no es esta vez para nosotros. Cuando nos llegaban los nombres de aquellos a quienes sí les había llegado el momento.

Estela transformó ese nudo de silencio en la garganta en un grito enorme de dignidad que por esta vez, y por decisión e interpretación de la Suprema Corte de Justicia, vino acompañado de justicia, Y seguramente también de castigo a los culpables.

Es mucho más de lo que ella se permitía soñar;; es mucho menos de lo que Nibia se merecía de la vida que le quitaron.

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