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martes, 6 de julio de 2010

La "guerra" de las Abuelas de la Paz


Caras y Caretas. Viernes 2 de julio de 2010

ABUELAS DE PLAZA DE MAYO, EL PREMIO NOBEL DE LA PAZ.

Fueron nominadas al Premio Nobel de la Paz, pero siguen siendo censuradas por los grupos de poder de los medios de comunicación argentinos. Su causa ha generado repercusiones en Sudáfrica, donde tienen el apoyo del equipo de Diego Maradona. El caso hizo recordar al Mundial del 78, en el que Uruguay no jugó pero hubo víctimas celestes.

La nominación de la organización Abuelas de Plaza de Mayo al Premio Nobel de la Paz provocó un replanteo del tema derechos humanos en Argentina, que ya ha tenido repercusiones internacionales (particularmente en torno al Mundial de fútbol en Sudáfrica) y promete, incluso, tener derivaciones en Uruguay, donde ya se discute cómo “dejar sin efectos” la Ley de Caducidad.

La candidatura de Abuelas de Plaza de Mayo fue anunciada en abril por el comité del premio sueco, que admitió una propuesta del senador argentino Daniel Filmus, ex ministro de Educación y miembro del Frente por la Victoria, quien pidió el reconocimiento al trabajo de la organización en la recuperación de la identidad de niños desaparecidos cuando la dictadura (1976-1983).

Abuelas de Plaza de Mayo, que ya había sido nominada en 2008 –cuando el premio fue otorgado al ex presidente de Finlandia, Martti Ahtisaari, por su trabajo en la resolución del conflicto en los Balcanes–, puede obtener el tercer Nobel de la Paz para Argentina.

El primero fue para Carlos Saavedra Lamas en 1936 y el segundo para Adolfo Pérez Esquivel en 1980. Sin embargo, la nominación de la organización ha derivado en otro debate sobre el papel de los grandes medios de comunicación argentinos que, según se denunció, se negaron a difundir una imagen donde la selección argentina de fútbol adhirió con una pancarta a la candidatura cuando se despidió ante su público el 24 de mayo en el Estadio de River Plate antes de viajar a Sudáfrica.

Miedo de medios.

La ‘censura’ de los grandes medios de comunicación se produjo en momentos en que Abuelas ganaba una acción judicial por la cual dos hijos adoptivos de la emperatriz de los medios de comunicación argentinos, Ernestina Herrera de Noble, presidenta del Grupo Clarín, debía permitir que sus dos hijos adoptivos, Felipe y Marcela, fueran obligados a hacerse un examen de ADN ante la posibilidad de que sean niños desaparecidos durante la dictadura.

La causa contra Herrera de Noble se ha constituido de por sí en un silenciado show mediático, en el que el juez de San Isidro, Conrado Bergesio, no ha dado lugar a presiones y terminó citando como testigos al director de Clarín, Héctor Magnetto, al periodista Jorge Lanata y a represores como Raúl Guglielminetti y Adolfo Scilingo, en un caso que puede ‘salpicar’ a ‘mediáticos’ de la época, como el ya no cotizado ex zar de los medios, Gerardo Sofovich.

El Grupo Clarín está hoy integrado por Canal 13, Todo Noticias (TN), Canal 12 de Córdoba, Canal 7 de Bahía Blanca y Canal 6 de Bariloche;; los cables Multicanal, Cablevisión, Volver, Magazine, Metro, LCC, TyC Sport, Fibertel, Prima y Vontel;; las radios Mitre y La 100;; los diarios Clarín, La Razón, Olé, La Voz del Interior y Diario Los Andes;; las revistas Viva, Genios, Elle y Rumbos;; la agencia DyN;; el servicio de correo Unir y la papelera Papel Prensa;; y tiene acciones en Pol-ka (55%), Ideas del Sur (30%), Patagonik Film (50%) y Televisión Satelital (50%), entre otros.

El enfrentamiento por el poder de los medios de comunicación en Argentina, expuesto desde la aprobación de la ley de medios por parte de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, tuvo un eje en la forma de comunicar el juicio contra la dueña del Grupo Clarín y una nueva derivación en el silencio sobre la nominación de Abuelas de Plaza de Mayo, cuando intervino en su apoyo el director técnico de la selección albiceleste, Diego Armando Maradona.

El efecto fútbol.

Diego Maradona, quien había logrado sobrevivir al ataque de los medios con su agónica clasificación al Mundial al vencer a Uruguay en el Estadio Centenario, hizo público su expreso apoyo a las Abuelas de Plaza de Mayo, al punto que sus dirigidos, antes del partido de despedida en que golearon 5-0 a Canadá, exhibieron una pancarta que rezaba “Apoyamos a las Abuelas de Plaza de Mayo para el Premio Noble de la Paz” y divulgaba la página ww.abuelasdelapaz.com.ar que recibe las adhesiones a la candidatura.

Al grosero “que la sigan chupando” y “la tienen adentro” con que respondió a los periodistas luego de clasificar a Sudáfrica, Maradona agregó otra ‘venganza’ al poner toda su fama a favor de las Abuelas y recibir en la concentración a la presidenta de la organización, Estela Carlotto, que pudo ver la pancarta de la selección expuesta en una de las tribunas del Estadio de Pretoria en el que realizan sus entrenamientos.

La prensa mundial destacó el encuentro del 17 de junio en el que Maradona habló varios minutos con Carlotto y declaró: “Todos tenemos que estar con ellas y los que no quieren estar es porque se hacen los giles […] Los argentinos queremos saber la verdad”.

Carlotto fue abrigada con una campera del seleccionado que, ante el frío existente, le ofreció Carlos Bilardo, a quien la presidenta de Abuelas conocía –como a Sebastián Verón y a su padre– por ser fanática de Estudiantes de la Plata.

“En el Mundial 78, se hacían los goles y los papás de desaparecidos llorábamos, a pesar de ser argentinos, porque mientras se hacían goles se apagaban los gritos de los que estaban siendo secuestrados y estaban siendo torturados e iban a ser asesinados”, dijo Carlotto, quien deseó: “Qué lindo sería que los argentinos se merezcan el premio que es esta copa y el Nobel que es para todos los argentinos… Aunque el mejor premio siempre es encontrar otro niño”, sentenció.

La sangre celeste.

La nominación de las Abuelas también tuvo repercusión en los medios de comunicación sudafricanos, donde el Premio Nobel es sinónimo de la lucha de Desmond Mpilo Tutu, arzobispo de Johannesburgo, ganador del reconocimiento en 1984, y del propio Nelson Mandela, quien compartió el Nobel de la Paz con Frederic Willien de Klerk en 1993, por la lucha contra el apartheid que marcó la historia del país.

El viaje de Carlotto a Sudáfrica, donde se suspendió una reunión prevista con el propio Nelson Mandela tras el accidente de tránsito en el que murió la nieta del líder africano, motivó que la prensa internacional especializada en fútbol recordara lo ocurrido en el Mundial celebrado en Argentina durante la dictadura encabezada por el hoy preso general Jorge Rafael Videla, cuando miles de personas fueron víctimas de desaparición forzada.

Aquel Mundial de 1978, en el que la selección uruguaya no clasificó, tuvo sin embargo protagonistas uruguayos entre las víctimas de la represión: la detención en Uruguay del dirigente montonero Oscar de Gregorio en noviembre de 1977 propició una nueva coordinación represiva de las dictaduras de ambos países, en particular para evitar la existencia de operaciones de “subversivos” durante la disputa del campeonato de fútbol.

Medio centenar de uruguayos militantes de los Grupos de Acción Unificadora (GAU), el MLN-Peludos y el Partido Comunista Revolucionario (PCR), que intentaban reformular la Unión Artiguista de Liberación (UAL) –que para resistir la dictadura, años antes había impulsado, entre otros, Zelmar Michelini–, fueron secuestrados y torturados en los pozos de Banfield y Quilmes, trasladados en distintos viajes (terceros traslados) a Uruguay y desaparecidos.

Ninguno de sus cuerpos ha sido recuperado.