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jueves, 21 de octubre de 2010

Diputados votó dejar sin efecto la Ley de Caducidad


Por 50 votos en 80. Blancos, colorados y PI se alinearon contra el texto
Tras 11,5 horas de discusión, Diputados votó dejar sin efecto la Ley de Caducidad.


Los 50 diputados del Frente Amplio le dieron media sanción a la ley que interpretará la Ley de Caducidad tras casi 12 horas de sesión. Los 30 blancos, independientes y colorados la votaron en contra.

La República. 21 10 10. Ricardo Portela


A las 22.00 horas en punto. Media sanción al proyecto del oficialismo.
Un centenar de personas siguieron de cerca todo el debate que está poniendo fin a 24 años de la Ley de Caducidad.

Renga y con ojo morado quedó anoche, a las 22.00 horas en punto, la 15.848, la Ley de Caducidad. Casi 24 años después que fuera sancionada en un mes de diciembre por el parlamento del año 1986 se llegó a la jornada de ayer que, tras once horas y media de exposiciones y con el voto a favor de los 50 legisladores de la bancada del Frente Amplio y la posición en contra de los 30 parlamentarios blancos, colorados e independientes, este Poder Legislativo le concedió la media sanción a la ley interpretativa que establecerá su inaplicabilidad en el sistema jurídico uruguayo.

En pocos días más el Senado terminará rubricando lo realizado ayer por los Diputados y, con esta posición, el Estado uruguayo se presentará ante los estrados internacionales de los Derechos Humanos, una de las tantas causas por la que el espectro político nacional resolvió dar ayer este paso.

Pero hubo durante todo el día de ayer infinidad de sensaciones. Desde intervenciones hondamente emotivas hasta aquellas destempladas o de presagios agoreros. Hubo silencios ensordecedores y por otro lado algunos relatos que provocaban el mutismo. Lágrimas furtivas y disimuladas voces quebradas.

Faltó sí el acostumbrado debate y el cruce de opiniones que en el Parlamento casi siempre ocurre. Tampoco hubo necesidad de que desde la presidencia se llamaran a los legisladores a sala o se le reclamara a los que durante toda la jornada ocuparon las barras a no expresar ninguna manifestación, so pena de ser desalojados. Seguramente primó, por sobre todas las cosas, la raíz de lo que se estaba analizando que determinó un permanente silencio en sala y un acatamiento del reglamento en forma estricta.

En la mayoría de las intervenciones que en las once horas y media se escucharon en esta cámara parlamentaria, no resultaba difícil percibir en esos relatos otras instancias legislativas de algunos de esos legisladores en las que también se debatía el futuro de los Derechos Humanos en el marco del imperio de la ley de Caducidad. O también se dibujaban cómo se vivieron los días posteriores a las dos consultas populares a la que fue sometida la Ley de Caducidad; en 1989 y en 2009, cuando el resultado de esas instancias era adverso para los que pretendían desterrar la ley del marco jurídico pero que anoche no dejaban de valorar, pese a todo.

Como era de esperarse, los argumentos esgrimidos desde el oficialismo y desde la oposición transitaron por aspectos jurídicos, políticos e históricos a la hora de defender o rechazar el proyecto de ley interpretativo al de la Ley de Caducidad.

La sesión

Media hora más tarde de la hora fijada para su comienzo, los diputados designados como voceros de los informes redactados ­Felipe Michelini (FA), Ana Lía Piñeyrúa (PN) y Gustavo Cersósimo (PC)- iniciaron la sesión leyendo las conclusiones a las que sus correspondientes partidos habían arribado y el por qué del sentido de su posición con respecto al proyecto en cuestión.

Luego de un cuarto intermedio realizado al mediodía, el frentista Jorge Orrico, presidente de la Comisión de Constitución y Códigos que 48 horas antes había aprobado el proyecto de ley interpretativo, incursionó en el ámbito jurídico al defender la iniciativa presentada por el Frente Amplio.

Alardeando por su condición de abogado y conocedor en la materia, se preguntó: "¿Qué ocurriría si la ciudadanía avalara en una consulta popular la pena de muerte o la expropiación de la propiedad privada por parte del Estado sin resarcimiento de ningún tipo? ¿También tendríamos que avalar esas posturas como desde la oposición se pide que suscribamos las circunstanciales mayorías alcanzadas en el referéndum y en el plebiscito sobre la ley de Caducidad?".

El herrerista Gustavo Borsari insistió por enésima vez con el significado que encierra la frase del general José Artigas, mil veces citada ayer: "Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana". El diputado blanco reconoció, sin embargo, que en esa frase Artigas no aludía a la "soberanía" del pueblo sino a la de los representantes que conformaban el entonces Congreso de Tres Cruces. Sin embargo, Borsari intentaba señalar que "cuando el pueblo se pronuncia no se debe torcer ese pronunciamiento". Una clásica picardía parlamentaria.

El colorado Fitzgerald Cantero tiró en la sesión la necesidad de saber qué posición tomará el presidente José Mujica con este tema. "¿Firmará lo que el Parlamento laude o lo vetará?", se preguntó entendiendo, según él, que el Presidente había señalado que la anulación de la Ley de Caducidad "iba a provocar una trancadera" en un reportaje que se le había realizado cuando Mujica era todavía el candidato de la izquierda. Minutos más tarde, el diputado del MPP Gonzalo de Toro le respondió: "El Presidente no vetará ninguna norma que apruebe el Parlamento".

Las intervenciones siguieron más o menos redundando. Algunas más floridas, otras más pintorescas y las más ­si se quiere­ didácticas, dependiendo de los antecedentes de quien la hiciera.

Los representantes con más legislaturas encima no dudaban en apelar a los hechos políticos que giraron en torno a la sanción de la ley de Caducidad en 1986.

"Yo estuve en contra del pacto del Club Naval porque estoy convencido que la correlación de fuerzas de aquellos años hubiera permitido otra salida de la dictadura", señaló convencido el diputado frentista José Bayardi.

El nacionalista Gerardo Amarilla, confeso evangelista, tiñó su discurso con un hondo contenido religioso. Reclamó que los damnificados perdonaran a los victimarios "porque la experiencia milagrosa del perdón dignifica y libera", y fue incluso un poco más allá: dijo que "muchas de las víctimas (del terrorismo de Estado) siguen presas del odio, del rencor y del remordimiento".

Javier García, diputado del Partido Nacional, fue el primero de la larga lista de exposiciones de representantes de la oposición que reclamó "seguridad pública para la ciudadanía (porque) a la gente no le interesa este debate (de los derechos humanos) porque no le soluciona absolutamente nada".

Aníbal Pereyra, del MPP, intentó develar lo que para él significa una contradicción por parte de aquellos que desde la oposición manifestaban que la izquierda ignora en forma explícita la voluntad popular manifestada en dos consultas populares sobre la vigencia o no de la Ley de Caducidad.

Pereyra leyó en sala un proyecto de ley presentado el pasado mes de mayo por el Partido Nacional en el que se proponía la derogación de la Ley de Caducidad. "¿Acaso con este proyecto en el que se propone la derogación de la ley no se está también ignorando lo que la gente votó en el referéndum y en el plebiscito?", se preguntó Pereyra.

La disciplina partidaria.

El diputado Carlos Gamou y Alberto Pereyra de la Corriente de Acción y Pensamiento­Libertad, y Pablo Pérez de la Alianza Progresista, dejaron sentado en sus intervenciones que su voto favorable al proyecto de ley interpretativo estaba signado por la disciplina partidaria y no por el convencimiento de que la iniciativa era la adecuada. La objeción de los tres frentistas radicaba en lo que para ellos era "inconstitucional" y podría disparar en el futuro acciones no deseadas para los intereses populares.

"Fuimos, somos y seremos opositores a la Ley de Caducidad", aclaró Gamou, "pero votaremos el proyecto por disciplina partidaria porque estamos en las verdes y en las maduras con el resto de los compañeros del Frente Amplio". Al terminar, Gamou recibió el abrazo del diputado Felipe Michelini.

Pablo Pérez, en tanto, se limitó a leer lo resuelto por la directiva de la Alianza Progresista, en el sentido de votar favorablemente la iniciativa en cuestión para únicamente "habilitar la discusión parlamentaria".

Un centenar, desde dentro del recinto parlamentario y desde fuera del Palacio Legislativo, un puñado de personas siguieron atentamente cada intervención y el desarrollo de la sesión.

El silencio sólo se rompió cuando sobre el filo de la pasada medianoche, la Cámara de Diputados terminó de votar en particular cada uno de los artículos del proyecto de ley interpretativo. Un cerrado aplauso invadió la sala que fue respondido de la misma forma por los 50 diputados del Frente Amplio. Blancos, independientes y colorados miraban.
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