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viernes, 10 de diciembre de 2010

La mesa está servida

Para el director de Derechos Humanos la izquierda está “pagando” el “todo o nada” que “se jugó” en el plebiscito rosado.

La Diaria. 9 12 10. Por Lourdes Rodríguez.

Para Javier Miranda, director de Derechos Humanos del Ministerio de Educación y Cultura, las medidas del gobierno en materia de seguridad son “un grito a la tribuna”, la propuesta de bajar la edad de imputabilidad es una “boludez” y el país necesita una ley de medios que evite que “una manga de irresponsables” difundan violencia.

Se instalará mañana en Pan de Azúcar una mesa en una plaza pública para celebrar el Día Internacional de los Derechos Humanos (DDHH). La actividad se realizará en base a una experiencia de Nüremberg, con una mesa sin lugares privilegiados y sin discursos. El objetivo es que “la gente se apropie” de la instancia y la convierta en un “símbolo” de “deliberación pública” en torno a los DDHH. Miranda aportó insumos.

-Los DDHH actualmente están asociados al pasado reciente. ¿Cómo los concibe este gobierno?

-Ampliar el concepto es una gran batalla. Si algún sentido tiene la lucha por la memoria y el Nunca Más es pensando en todos los derechos. Ya no sólo reaccionar frente a la violación -que es fundamental-, sino también poder empezar a pensar los derechos desde los derechos. A pensar todas las políticas públicas en clave de derecho. Ojalá pensemos el presupuesto en clave de derechos y no de incisos. Voy a seguir peleando por la memoria, por la verdad, pero no podemos quedarnos encerrados en ese discurso.

El tema central de DDHH en el país no es la Ley de Caducidad. El problema es que es un símbolo y por eso hay que derrotarlo. La destrucción de símbolos son apuestas ideológicas. El muro de Berlín: el muro en sí molesta más o menos, pero simbólicamente era muy fuerte. Claro que hay que voltear la Ley de Caducidad, erradicarla. Es un mamarracho.

-En su momento, mostró discrepancias con el llamado al plebiscito para su anulación.

-Era un error. Los que pelearon por la anulación son mis compañeros y siguen siendo. La anulación de la ley tenía un problema ético, uno político y uno jurídico.

El Parlamento no tiene facultades para anular leyes y se buscó el mecanismo de la reforma constitucional. El problema político fue el que terminó decantando. El Frente Amplio [FA] no apoyó la anulación, se fueron sumando a la campaña. El problema que habíamos visto en el 89 fue esta lógica del todo o nada de un plebiscito. Cuando vos ponés opciones dicotómicas, o ganás todo o perdés todo. La prueba es que hoy se está intentando revertir el haber perdido todo.

-¿En qué sentido?

-El actual movimiento del interpretativo tiene ver con cómo hago para levantar la apuesta que hice, que fue el todo o nada de 2009. Jugué al todo o nada (en el 89) y ahora intento salir. Fíjese lo que le pasa a la izquierda, que fue tradicionalmente la que siempre luchó por el tema de la verdad, la justicia, la memoria y el Nunca Más. Todos tenían que contestar los ataques de lo que decíamos; hoy somos nosotros los que tenemos que contestar los ataques de los sectores que tradicionalmente han defendido la impunidad. A ver, un poquito de autocrítica, por favor.

Sé que voy a tener líos con estas cosas que estoy diciendo porque no hay condiciones de discusión, porque en la izquierda somos intolerantes a los puntos de vista distintos. No es que esté a favor de la impunidad, es que las consecuencias del todo o nada las estamos pagando hoy. Y eso nos está sesgando la posibilidad de seguir pensando en términos de DDHH al seguir discutiendo la Ley de Caducidad.

-Presidencia suspendió el lanzamiento de un plan contra la discriminación ante reclamos de organizaciones afro. ¿Hay novedades sobre la implementación?

-Se suspendió porque hacemos relajo. No podés pretender llevar un plan que querés hacer de forma participativa si tenés a la población directamente involucrada que no está de acuerdo. Hay que bajar la pelota y empezar a conversar, y fue lo que hicimos. Logramos llegar a acuerdos razonables en base a esa decisión. Ahora estamos fuertes para lanzar el proyecto en febrero, previa reunión con la sociedad civil.

-Un comité de expertos de ONU recomendó al Estado uruguayo que tome medidas ante las condiciones de convivencia en las colonias psiquiátricas.

-Es un escándalo, una barbaridad. Un tema que tenemos que solucionar. Si yo tuviera una respuesta lo hacía mañana. Creo que el Sistema Nacional de Cuidados va en el buen sentido. Una de las cosas es eliminar estas instituciones totales que no hacen nada, son depósitos de gente. Hay una delegación de responsabilidad familiar. ¿Qué hago con una persona con un problema psiquiátrico? La escondo. Lo mismo que hago con los viejos, con los chorros. El Estado no tiene capacidad de respuesta, no sabe qué hacer. Lo mismo pasa con los adolescentes en conflicto con la ley: los metemos en el INAU.

-¿Hay que bajar la edad de imputabilidad?

-Eso es una boludez. Un gurí de 11 años asaltó una farmacia el otro día. ¿Vamos a bajarla a los diez? Yo estoy preocupado por Ignacio [su hijo] que tiene casi cuatro, porque en cualquier momento va en cana. Bajar la edad no soluciona el problema de las infracciones a la ley. Si entendemos que son suficientemente maduros para entender qué es un delito y qué no, reconozcamos su madurez para con los derechos civiles y políticos también. Bajemos la edad para votar, para sacar la libreta de conducir. Creer que la baja de imputabilidad va a solucionar en algo el tema de la violencia en la adolescencia es un cuento chino.

-¿Discrepa con la medida del gobierno de mantener los antecedentes a los menores después que cumplan los 18?

-Por supuesto, es una barbaridad. Es un error por falta de discusión y por cobrar al grito de la tribuna. ¿Qué antecedentes voy a guardar si se considera que no se cometen delitos antes de esa edad? No hay antecedentes que guardar.

Canal 4 se dedica a meter 40 minutos de crónica roja, en la que te mezcla un asalto a una farmacia, el choque de un ómnibus y que en un cantegril apareció uno muerto en una cuneta. Que hay inseguridad, claro que hay. No hay ninguna sociedad moderna sin un grado de inseguridad.

Lo que están haciendo irresponsablemente los medios es aumentar el nivel de violencia en la sociedad a través de la difusión y la propaganda de violencia. Son una manga de irresponsables. Y después cuando le hablan de ley de medios, ¡ah, no!, la mejor ley de medios es la que no existe. ¿Le parece? ¿Resulta que las ondas son del Estado y no las voy a regular? ¿El mercado va a arreglar los contenidos sociales en materia de comunicación cuando la sociedad está fundamentalmente estructurada sobre la comunicación? Ahí tenés a esa manga de irresponsables haciendo lo que están haciendo.

-¿Qué solución es viable para mejorar las condiciones de reclusión carcelaria?

-La única solución penal no puede ser la privación de libertad. La solución no es más cárceles y más gente presa, seguir metiendo gente presa por vender cinco porros de marihuana -creo que sí sancionar la comercialización de drogas-. En el sistema penitenciario también seguimos cobrando al grito. Va a haber 10.000 presos en poco tiempo y ¿qué vamos a hacer? La respuesta de la población es “eran chorros, que se pudran en la cárcel”. Bueno, vamos a matarlos. ¿Qué tal si en vez de dictar una sentencia de privación de libertad les pegamos un balazo? La solución es la misma, están proponiendo eso, es un temita de grado. Ahora, la población que piensa así, ¿está dispuesta a pegarle un balazo?

Lo dijo

Corporativismo. “El discurso reivindicativo de la sociedad civil se está haciendo fascista. Si yo soy mujer sólo hablo del tema mujer y no soy capaz de hablar el tema negro. Los armenios sólo hablan del genocidio y no son capaces de pelear por igualdad de género y diversidad sexual. Ojo con la corporativización de la demanda. Si queremos lograr una conciencia de DDHH tenemos que lograr atravesarnos”.

Autocultivo de marihuana. “Hay que despenalizarlo. Las políticas represivas de producción y consumo fomentan el mercado negro. ¿Cómo hago una política que combata la pasta base? Probablemente siendo más liberal en otros lados, para orientar el consumo hacia lados menos destructivos”.

Discriminación. “Soy un tipo muy DDHH, pero soy machista y homófobo porque es una matriz cultural. Peleo racionalmente contra eso, no me sale naturalmente, me lo impongo”.

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