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miércoles, 4 de marzo de 2020

Ellos son


Ellos son

Piden procesamiento y reiteran una captura internacional

para los responsables de la tortura en el Batallón Florida.

Por Samuel Blixen – Brecha – 28 2 2020

Armando Méndez, en 1990 cuando era director de Aduanas / Foto: Nancy Urrutia


Una denuncia judicial iniciada en 1986 pone en la antesala de un procesamiento a cinco oficiales que monopolizaron la tortura a prisioneros en el Batallón Florida en 1972. Entre ellos, un verdadero “cuadro” del Ocoa, cuya historia estaba hasta ahora tapada.


El juez penal de 22º turno, Nelson dos Santos, deberá decidir si acepta los fundamentos expuestos por el fiscal especial para delitos de lesa humanidad, Ricardo Perciballe, quien reclama el procesamiento de cuatro oficiales del

Ejército que en 1972 fueron responsables de la mayoría de las torturas contra decenas de prisioneros en el Batallón Florida de Infantería número 1, y la captura internacional de un quinto. Los oficiales, hoy retirados, son los entonces teniente coronel Carlos Legnani Clapes (comandante de la unidad), teniente Sergio Héctor Caubarrere Barrón, teniente Armando Méndez Caban y teniente Alberto Darío Grignoli Guarnieri; el capitán Tabaré Camacho, también responsable de torturas reiteradas, sería extraditado cuando se confirme su lugar de residencia. A tales efectos, el fiscal Perciballe solicita que el Servicio de Retiros y Pensiones de las Fuerzas Armadas (Ffaa) informe sobre el lugar y la fecha en que el capitán Camacho realizó la última revista de existencia. El pedido de captura data de enero de 2019, y por lo tanto Camacho tiene que haber confirmado su domicilio por lo menos tres veces para continuar cobrando su jubilación.


Según el pedido de procesamiento, está suficientemente probado que los cinco oficiales acusados (un sexto, el entonces capitán Carlos Calcagno, está fallecido) fueron los responsables de las torturas sistemáticas, pero el magistrado aclara que “los responsables en los tormentos, abusos y vejámenes descriptos son muchos más de los que hasta el momento han declarado”. Aunque el documento describe con detalle las torturas infligidas a los detenidos y el fiscal afirma que “no cabe ninguna duda de que los hechos descriptos se encuadran diáfanamente en el delito de tortura, figura penal prevista en el artículo 22 de la ley 18.026”, puesto que “al momento en que acaecieron los hechos denunciados dicha figura penal no existía en nuestro ordenamiento jurídico”, se reclama el procesamiento por los delitos continuados de lesiones graves y de privación de libertad.



El Batallón Florida, ubicado en 1972 en el barrio del Buceo, fue uno de los principales centros de represión al Mln desde que se declaró el estado de guerra interno y las Ffaa desataron una cruenta represión que no tuvo límites legales. Entre las decenas de prisioneros torturados en el Florida, cuatro de ellos presentaron una denuncia común: Alejandro Artucio, Adriana Castera, Raquel Dupont y Washington de Vargas. Los cuatro denunciantes y otros testigos coincidieron en identificar a los oficiales torturadores. Dupont señaló que “a los que recuerdo bien es a Calcagno y a Camacho”, e identificó como participantes en las sesiones de tortura a: “capitán Carlos Calcagno, teniente Alberto Grignoli, capitán Tabaré Camacho, teniente Orosman Pereyra, capitán Luis González y al mayor Corbo (segundo jefe de la unidad)”.



Artucio –abogado de presos políticos antes de la dictadura que, ante su pedido de captura, se asiló en la embajada de Argentina y decidió presentarse

después de que el embajador, el vicecanciller Juan Carlos Blanco y el jefe de Policía de Montevideo general Zubía acordaron “que no sufriría daño alguno”– denunció: “Después de una tremenda golpiza en que me fracturaron costillas y se me cayó la venda, vi que estaban Legnani, Tabaré Camacho, Calcagno, el capitán González”. A Grignoli lo recordó expresamente: “Grignoli era un teniente, hermano de un funcionario de [la Dirección Nacional de] Información e Inteligencia, a quien un año antes [1971] yo como abogado denuncié por torturas y fue procesado por el juez Guillot. Entonces, el hermano quería saldar conmigo la cuenta”.



Castera declaró que “en el cuartel había dos capitanes a cargo, Camacho y Calcagno del S2 [inteligencia] y ellos se dividían los casos. A algunos les tocaba Calcagno y a otros Camacho, a mí me tocó Camacho”. De Vargas relató: “Recuerdo a Camacho, Calcagno, Méndez, Caubarrere, Grignoli y luego a Silveira”. También mencionó a los tenientes Carlos Affonso, Durañona, Maurente y al alférez Iribarne.



El fiscal Perciballe detalló en su escrito la forma de operar y las responsabilidades del equipo de oficiales del Florida. “El grupo que se dedicaba a las detenciones, a los apremios y a los interrogatorios era integrado fundamentalmente por los integrantes del S2 [inteligencia] y el S3 [operaciones] del Batallón de Infantería número 1, y los oficiales asignados en su apoyo, así como personal del Ocoa destacado en el lugar”. El encargado de los interrogatorios, el responsable, era el oficial S2 de inteligencia “y quien a la postre realizaba u ordenaba la tortura”. El oficial de inteligencia “era acompañado por tres o cuatro interrogadores que concomitantemente procedían a realizar los tormentos. Luego de ello, el juez sumariante, que era a su vez un oficial destacado en la unidad militar, y por tanto tenía conocimiento del trato dado a los detenidos, procedía a ratificar la declaración de este, así como a realizarle otras preguntas”. De ahí la importancia de identificar a los jueces sumariantes, que no cumplían funciones independientes; de las declaraciones de los detenidos surge que el sumariante rotaba entre los distintos oficiales. En tal sentido, Castera aportó un nuevo nombre: el capitán José Rubén Castro, que no había sido identificado por los otros torturados.


LOS ROLES. Los cinco oficiales implicados cumplieron diversos roles esenciales en las primeras etapas de la represión masiva a organizaciones políticas, sindicales y sociales. El jefe del Florida, el entonces teniente coronel Legnani – quien personalmente supervisaba las torturas–, facilitó en julio y agosto de 1972 las famosas “negociaciones” entre tupamaros y los altos mandos del Ejército; llegó a permitir que el tupamaro más buscado, Raúl Sendic, entrara y

saliera del cuartel para discutir con sus compañeros presos la oferta de rendición incondicional, a la que él, Sendic, se negó tajantemente.


El fallecido Calcagno –quien tuvo un protagonismo especial en las negociaciones, por las que anudó una relación estrecha con quien después sería senador y ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro– sirvió en la Compañía de Contrainformación, de la que llegó a ser jefe, y en 1977 estaba destinado como enlace del Cóndor en Asunción, donde detuvo y participó en la desaparición de dos uruguayos militantes del Pvp, Nelson Santana y Gustavo Inzaurralde.



El capitán Camacho, sindicado como responsable del S2 en el Florida, cumplió un rol importante en los controvertidos episodios colaterales de las negociaciones con los tupamaros: las acciones contra “los ilícitos económicos”, que tenían como objetivo inicial determinar la responsabilidad de Jorge Batlle en el episodio de “la infidencia”, en la medida en que se le suponía la fuente informativa del diario BP Color, que en abril de 1968 anticipó una fuerte devaluación del dólar. Los mandos militares abortaron una proyectada detención clandestina de Batlle para interrogarlo en el Florida.


El entonces teniente Sergio Caubarrere fue procesado más tarde por su responsabilidad en la detención y asesinato de Roslik, médico residente en la colonia rusa de San Javier.


Méndez es el único de los inculpados que nunca había sido interrogado por la justicia penal. Se lo recuerda particularmente por su controvertida gestión como director de Aduanas durante la presidencia de Luis Alberto Lacalle. El entonces teniente Méndez, que contaba al parecer con el padrinazgo del general Esteban Cristi, jefe de la División de Ejército 1, tuvo en el Ocoa una carrera descollante. Su legajo desmiente al general Guido Manini, quien, refiriéndose a sí mismo, afirmó que los tenientes no tenían responsabilidades en el aparato represivo. Pues bien, siendo alférez de segunda, Méndez, destinado en comisión en el Ocoa, fue designado para cumplir “un trabajo extraordinario ordenado por el jefe de la División 1” en el Batallón Florida, entre junio y setiembre de 1972, que mereció elogios del coronel Pedro Aranco, primero, y del coronel Luis Vicente Queirolo, después, ambos jefes del Ocoa. En agosto de 1972, “con motivo de la captura de varios sediciosos”, preparó la documentación necesaria para los interrogatorios, y en noviembre de ese año, con motivo de organizarse varios operativos, “colecciona la información para ser utilizada en varias unidades”.

En 1973, ascendido a teniente primero, Méndez interviene en operaciones antisubversivas como miembro del Ocoa. En los sucesos que en febrero de 1973 enfrentaron al Ejército con la Marina, Méndez tuvo una “incansable y permanente actividad”; junto con Queirolo “efectuó el bloqueo de un punto de pasaje obligado (emplazamiento de una ametralladora) para enfrentar fuerzas circunstancialmente superiores”.

En abril de ese año, Méndez trabajó en el procesamiento de documentación atrasada y “condujo reinterrogatorios de integrantes de la organización subversiva, con la finalidad de identificar a uno de los miembros del Comité Ejecutivo del Mln”. Y durante la huelga general de julio, tras la disolución del Parlamento, “fue enviado en misión especial para informar sobre los sucesos a ocurrir en la avenida 18 de Julio”, según las anotaciones del coronel Queirolo. Su gestión en el Ocoa continuó hasta marzo de 1976, una vez concluida la Operación Morgan contra el Pcu. Sin embargo, cuando fue interrogado en sede judicial, Méndez negó su participación en detenciones e interrogatorios de prisioneros y alegó que simplemente era un “analista de inteligencia”.

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LA HAYA                                                                                                 03 de marzo de 2020

Proponen candidatura de Ariela Peralta para integrar la Corte Penal Internacional
La Asociación ex presos políticos de Uruguay CRYSOL propone a la ex integrante de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (INDDHH), Ariela Peralta, como candidata a integrar la Corte Penal Internacional, que tiene sede en La Haya, Países Bajos.
Foto: Poder Legislativo.

CRYSOL informó que con el propósito de contribuir al “fortalecimiento internacional de los instrumentos destinados a la implementación de las normas de derechos humanos, ha resuelto presentar ante la Asamblea General del Poder Legislativo, la candidatura de la Dra. Ariela Peralta para integrar la Corte Penal Internacional que tiene su sede en La Haya.
La organización de ex presos políticos afirma que las normas de derechos humanos “son un enorme logro de la humanidad y se asientan en el sufrimiento histórico de millones y millones de individuos, a lo largo de la historia y de la conciencia universal acerca de ello”.

“Son un inmenso logro que, como colectivo de sobrevivientes del terrorismo de Estado, hemos asumido”, sentenció CRYSOL a través de un comunicado.
Peralta
La doctora Ariela Peralta integró, a propuesta del Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ) y con el apoyo de CRYSOL, el primer Consejo Directivo de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (INDDHH).

Ariela Peralta Distefano nació en Paysandú en 1962.

Se graduó como Abogada y Escribana Pública en la Universidad de la República (UDELAR).

Es Magister en Estudios Legales Internacionales (LL.M in International Legal Studies) con especialización en Protección Internacional de los Derechos Humanos por el Washington College of Law, American University (USA) y culminó su especialización en Justicia de Transición y Rendición de Cuentas por los Estados bajo el Programa Hubert H. Humphre Cursó especializaciones sobre Derecho Internacional de los Derechos Humanos y Derecho Humanitario, entre ellos Derecho Internacional de los Derechos Humanos y Diplomacia en Ginebra, y Protección de los Derechos Humanos dirigido a Jueces, Abogados y otros Practicantes Legales en la Academia de La Haya en Derecho Internacional e Instituto Holandés de Derechos Humanos.

Fue Directora General Adjunta y Directora para la región Andina, Norte América y El Caribe del Centro para la Justicia y el Derecho Internacional; consultora nacional en derechos humanos y política legislativa de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Unión Interparlamentaria; colaboradora en el Programa País del (PNUD); representante ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y Oficial de Programa para las Américas, de la Asociación para la Prevención de la Tortura (APT); Secretaria Ejecutiva del Servicio Paz y Justicia en América Latina (SERPAJ – AL) e integrante del Programa de Promoción y Defensa de los Derechos Civiles y Políticos del SERPAJ Uruguay; abogada asesora en el Equipo Travesía del Programa Alternativo a la Privación de Libertad de Adolescentes de la organización Vida y Educación.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Manini Ríos: un encubridor procaz


Luego que el Dr. Tabaré Vázquez lo destituyó como comandante en jefe del Ejército, Guido Manini Ríos realizó una amplia recorrida por diferentes medios de comunicación, radios y canales de televisión, al tiempo que anunciaba su postulación presidencial. Tal como lo puso de manifiesto el periodista y escritor Leonardo Haberkorn, en varias notas publicadas en El Observador, en dichas presentaciones, en ningún momento señaló haber informado a la Justicia acerca del testimonio incriminatorio brindado por José Nino Gavazzo sobre la desaparición del cuerpo de Roberto Gomensoro Josman, asesinado en el cuartel de Artillería N°1, en marzo de 1973, durante el gobierno de Juan María Bordaberry.


Manini Ríos: ocultó información para favorecer la impunidad de Gavazzo
En las diferentes entrevistas que concedió, explicó de manera reiterada, cuáles fueron las razones de  no cumplir con su obligación de poner en conocimiento de la justicia los hechos de apariencia delictiva de los que fue informado por sus subordinados.  Henchido de la soberbia propia de la impunidad, las grabaciones de Radio Carve, Radio Universal y de “Buen día Gente” de Canal 10 son un testimonio indudable de su reconocimiento público de sus omisiones, de su tránsito institucional al margen de la ley, aunque ahora se presente como una víctima perseguida del sistema.
Las leyes son claras
De acuerdo a las normas vigentes, todos los funcionarios estatales tienen la obligación de denunciar los hechos de apariencia delictiva de los cuales toman conocimiento mientras ejercen sus actividades oficiales. Los militares, desde el regreso a la institucionalidad democrática, no tienen, en términos legales, ningún privilegio al respecto. Deben cumplir con las disposiciones que son comunes a todos los ciudadanos.
Aunque la Ley de Caducidad, desde diciembre de 1986 a octubre de 2009 les permitió eludir la justicia por los crímenes del terrorismo de Estado, en la actualidad, ya no gozan de ningún privilegio.
Las leyes son disposiciones destinadas a regular la convivencia social de una manera armoniosa y pacífica de las sociedades. Son aprobadas siguiendo procedimientos públicos y reglamentados, por un poder del Estado elegido cada cinco años, de manera democrática, a tales efectos.
Tal como lo establece el Código Penal uruguayo, los funcionarios que no informan al poder judicial cometen un delito y deben ser sancionados penal y administrativamente, de acuerdo a la gravedad de la falta, siendo juzgados con todas las garantías del debido proceso.
Pruebas irrefutables
Las evidencias en contra de Guido Manini Ríos son abrumadoras. No existe ningún documento que acredite que haya cumplido con su obligación de informar al Poder Judicial como correspondía.
Manini Ríos entregó las actas del Tribunal de Honor a las jerarquías del Ministerio 10 meses después que José Nino Gavazzo realizó su primera confesión. Lo hizo, además, presentando un escrito propio que no aludía al asesinato de Gomensoro Josman y tampoco hacía mención al testimonio autoincriminatorio de Gavazzo ni a las declaraciones formuladas por Jorge “Pajarito” Silveira.
En su recorrida mediática del momento, además, Guido Manini Ríos explicó públicamente las razones del incumplimiento legal de sus obligaciones y las justificó, variando su relato, ante audiencias amplias y masivas.
Por si fuera poco, tres generales en situación de retiro, que integraron los Tribunales de Honor, ya lo responsabilizaron en los estrados judiciales por las omisiones.
Un crimen de Lesa Humanidad
Como comandante en jefe del Ejército, Manini Ríos sabía que José Nino Gavazzo había sido eximido de responsabilidad por el asesinato y desaparición de Roberto Gomensoro Josman, que la causa había sido archivada, siendo un crimen impune, al igual que el de Eduardo Pérez.  Su ocultamiento deliberado de los testimonios de José Nino Gavazzo y de Jorge “Pajarito” Silveira fue un acto de complicidad con los responsables de dos causas pendientes de resolución. El aplauso del Centro Militar a la conducta de Manini Ríos es el reconocimiento a su complicidad militante con los principales criminales estatales.
El Senado debe comprometerse con la Justicia
La Cámara de Senadores no puede estar integrada por personas con causas judiciales, con personas que violentaron las disposiciones legales vigentes y que, además, han encubierto a los responsables de crímenes de Lesa Humanidad para que puedan evadir su castigo, transformándose en cómplices de ellos. En democracia, somos todos iguales ante la ley: debe haber justicia. Los delincuentes deben ser juzgados y condenados.
En cuanto se instale el nuevo Parlamento, la Cámara de Senadores deberá abordar la solicitud de desafuero del general retirado Guido Manini Ríos, imputado de ocultar información sobre un hecho delictivo, para encubrir a José Nino Gavazzo.
Para afirmar la institucionalidad republicana, el Senado debe votar su desafuero.   Sobran evidencias en su contra. Todos los senadores deben asumir su responsabilidad y su obligación de contribuir con el Poder Judicial para aplicar las leyes vigentes. Votar el desafuero de Manini Ríos para que sea juzgado, como corresponde, es un compromiso con la legalidad democrática y de rechazo al terrorismo de Estado.
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Opinando N° 3 – Año 9 – Miércoles 12 de febrero de 2020

jueves, 6 de febrero de 2020

El temible Doctor K: el historial de asesinatos de Eduardo Emilio Kalinec

BBC > HISTORIA ARGENTINA
"Mi padre, el genocida": las hijas de torturadores en Argentina que rompieron su silencio y contaron el "secreto familiar"

El temible Doctor K: el historial de asesinatos de Eduardo Emilio Kalinec


"¿Papá, es verdad que mataste a cientos de personas?" Ésta no es ciertamente una pregunta con la que muchos hijos e hijas sientan la necesidad de interpelar a sus padres. Pero para un grupo de mujeres en Argentina, se ha vuelto ineludible y urgente.

Sus padres han sido acusados y, en muchos casos, condenados por algunos de los peores crímenes cometidos en la historia reciente de Argentina: fueron policías y militares represores durante el último régimen militar.

Desde 1976 y por casi siete años, las juntas militares que tuvieron el control del país persiguieron a sus oponentes políticos - comunistas, socialistas, estudiantes, artistas, líderes sindicales… todo aquel a quien consideraran una amenaza- y secuestraron, torturaron y dieron muerte a miles de ciudadanos.

Esta es la historia de dos hijas de aquellos hombres que, tras cuatro décadas, alzan públicamente la voz contra sus padres.



El temible Doctor K

Analía Kalinec
Analía con su padre, Eduardo Emilio Kalinec.

Analía Kalinec. 40 años. Ojos claros, grandes y silenciosos. Se presenta: "Soy maestra, psicóloga, mamá de dos... y también la hija de un genocida".

"Mi papá nació en 1952, en el marco de una familia de clase media que tuvo vicisitudes económicas. Él abandona sus estudios en tercer año del secundario y decide ingresar a la Policía Federal allá por el 73, muy jovencito.

Yo nací en dictadura y siempre supe que mi papá era policía, no nos hacíamos la pregunta de a qué se dedicaba o qué hacía. En casa era un papá muy presente, pero yo nunca le preguntaba nada. Una 'familia tipo', que nos juntábamos a comer asado, íbamos al club de la policía o íbamos con mi papá a pescar... Él era el padre proveedor, muy querido, muy respetado dentro de casa. Éramos cuatro hermanas y vivíamos en nuestra burbuja. Después nos fuimos casando y teniendo hijos, como se esperaba de nosotras. Yo fui la que más tardó de las cuatro y me casé con apenas 22 años… ¡imagínate!


Así la vida. Hasta el año 2005.

Analía Kalinec
Los Kalinec: "una familia tipo, que nos juntábamos a comer asado, íbamos al club o a pescar".

Último día de agosto. Estaba en casa cuando recibí una llamada de teléfono. Era mi mamá. 'Mirá, no te asustes, papá está preso. Pero quedate tranquila, va a salir'.

Hasta esa llamada, yo nunca había vinculado a mi papá con la dictadura, ni remotamente... Ni remotamente."

BBC
Eduardo Emilio Kalinec, comisario, fue puesto en prisión preventiva. Había testigos que lo mencionaban. Acusaciones de delitos graves: 181 víctimas, cargos de secuestro, tortura y asesinato. Él tranquilizó a su familia diciendo que se trataba de una operación política en su contra.


BBC
"Al otro día de esa llamada lo vamos a visitar a mi papá a la cárcel. Y nos dice que no tenemos que creer nada, que se van a decir muchas mentiras pero que él no tiene nada de qué arrepentirse. Que él salió a pelear una guerra y que esto ahora está pasando porque los 'zurdos revanchistas', como los llamó, han llegado al poder [en alusión al gobierno del entonces presidente Néstor Kirchner].

Yo no entendía nada, para mí la dictadura era algo del pasado. Yo era totalmente ajena a lo que pasaba en el país. Trabajaba en una escuela privada, me juntaba los fines de semana con mis hermanas, nos movíamos entre familias de policías compañeros de mi papá y ese era mi círculo. No tenía forma de acceder a un montón de información y tampoco me interesaba, digamos. Mis papás además buscaban mantener un estado de asepsia, 'nosotros no nos metemos en política, somos apolíticos'.


AFP
Tanques y soldados frente a la Casa Rosada de Buenos Aires, el 24 de marzo de 1976. Un golpe militar derrocó a la entonces presidenta Isabel Perón.

Y bueno, cuando mi papá queda preso yo empiezo con mucha dificultad a tratar de poner todo en contexto. Los primeros tres años fueron de negación absoluta. De entender la dictadura, de entender la lucha de las Madres y de las Abuelas [de Plaza de Mayo] y empatizar con ellas, pero decir que mi papá no tenía nada que ver con eso. Que era un error, que estaba bien los juicios pero que con mi papá se habían equivocado.

Hasta que, en el año 2008, elevan la causa a juicio oral. ¿Juicio oral, hay méritos para que vaya a juicio oral? Ahí ya empiezo a pensar que lo que mi papá me decía no era tan así…"

BBC
Kalinec fue uno de 15 imputados en el primer juicio del llamado Circuito ABO - un acrónimo de los centros clandestinos Atlético, Banco y Olimpo, que operaron de manera sucesiva entre 1976 y 1979. Tanto los represores a cargo como muchos de los detenidos fueron transferidos de un centro a otro.

BBC
"Leí la causa, que hasta ese momento no la había leído. Era leer a toda velocidad y decir 'que no aparezca su nombre, por favor que no aparezca su nombre'. Y no querer omitir ningún renglón como para estar segura de que no me lo había salteado, y que de repente aparezca… Kalinec. Recuerdo patente ese momento…

Leí los testimonios, las descripciones de lo que había sido un campo de concentración. Crear todo ese mapa en mi cabeza y ubicar a mi papá dentro de ese mapa se me hacía intolerable y dificultoso".

Analía Kalinec
Eduardo Kalinec, un policía joven pero temible bajo el alias Doctor K.

BBC
Para los sobrevivientes que dieron testimonio, el padre de Analía era "el Doctor K". Un alias, como tenían muchos integrantes de los grupos de tareas para esconder su verdadera identidad.

BBC
"Yo sabía que le decían Doctor K porque él mismo me lo había dicho, aunque después siempre lo negó. Una vez le pregunté por qué y él me 'mandó fruta', me dijo que le decían doctor porque siempre fue muy correcto y parecía un abogado. A mi marido le dio otra explicación, le dijo que era por un limpiador que había en esa época, de marca Doctor K: él era el que hacía la limpieza. Terrible. Y después (encontré) otro dato que no es menor: él era el doctor y a la sala de tortura le decían quirófano.

Entonces voy a buscar respuestas al único lugar que yo tenía, que era mi propia familia. Y ahí me encuentro con un papá que quiere justificar lo injustificable y, cuando yo lo increpo y le digo 'cómo que no hiciste nada, si están todos estos testimonios en la causa', me termina confirmando lo que a mí tanto miedo me daba.

Me confirma su participación de modo personal.

Era parte de las patotas que salían a secuestrar y llevaban a las personas a los centros clandestinos. Él ahora tiene 67 años, en la dictadura era un hombre de 24 o 25. Era de los que ejecutaban las órdenes, no de los que las daban. Y así y todo, en algunas frases textuales los sobrevivientes dicen que lo conocían como alguien muy cruel dentro de los campos de concentración. Había algunos represores a los que les tenían más miedo que a otros. Y mi papá era de los que metían miedo".

Getty Images
Cuando la junta militar tomó control del país, las fuerzas de seguridad persiguieron a quienes consideraron "subversivos". Miles fueron detenidos y llevados a prisiones clandestinas.

El "quirófano" y la picana: voces de los sobrevivientes

Decenas de testigos, en distintas instancias judiciales, señalaron a Eduardo Kalinec como partícipe en interrogatorios y sesiones de tortura en los centros clandestinos.

Ocho de ellos, en el juicio por el Circuito ABO que llevó a su condena perpetua. Lo describieron como un joven de cabello oscuro, "morrudo", retacón, con cuello grueso, voz aguda.

"Bastante temido dentro" y "muy cruel" con los detenidos, según los relatos.

Ana María Careaga tenía 16 años y un embarazo de tres meses cuando se la llevaron. El Doctor K le pegaba patadas cada vez que la veía en la antesala del baño. En una ocasión le reprochó a los gritos el no haber dicho que estaba embarazada. "¿Querés que te abra de piernas y te haga abortar?"

Miguel D'Agostino lo identificó como uno de tres hombres que lo sometieron a cinco días de interrogatorio con picana eléctrica en el "quirófano".

Valeria Perasso
El ex centro clandestino El Olimpo, donde estaba basado Kalinec. Funcionó durante 17 meses y se estima que por allí pasaron unos 500 secuestrados.

Delia Barrera también fue víctima de tortura durante los 92 días que estuvo detenida en El Atlético. Corría 1977 y ella tenía 22 años.

"Tengo el tabique (antifaz) puesto y siento muchas voces alrededor. Y una voz dice 'comiencen' y ahí comenzaron a pegarme, a golpearme. De ahí me llevan arrastrada de los pelos hasta lo que ellos llaman quirófano. Eran tres salas, uno escuchaba mientras torturaban a otros al lado", relató Barrera a BBC Mundo.

"Me obligan a desnudarme. Me atan a una cama metálica, me abren las piernas, me atan un cable en el dedo pulgar del pie izquierdo y me hacen escuchar un ruido: shhhhh. Y me dicen '¿Lo conoces? Bueno, ahora lo vas a conocer'. Y ahí empiezan con las descargas de la picana.

Me culpaban de haber puesto bombas en el departamento de Policía, que yo nunca hice. Me pedían nombres de compañeros de militancia. Y la tortura duraba y duraba…"

ARCHIVO CONADEP
El Olimpo, una esquina de ventanas tapiadas en el barrio porteño de Flores.
Tras una sesión de tortura se cruzó con Kalinec.

"Me habían golpeado mucho y me llevan a la enfermería, me interroga un represor al que llamaban Doctor K, así que yo pensé 'ah, un médico'. Me dijo que tenía las costillas fisuradas, pero que no me iba a vendar porque podía ahorcarme con las vendas. Pero yo logré espiarlo, tenía el tabique medio levantado y nunca me olvidé de esa cara de Kalinec. En el juicio estaba peinado con raya y gomina, pero los bigotes los tenía. Cuando los jueces me preguntan si yo reconozco a alguien, les digo 'ahí está, Doctor K, Kalinec'. No me podía olvidar de Kalinec".

BBC

Delia fue liberada y vivió para contarlo, con secuelas físicas y mentales. Cicatrices por la picana, una costilla mal soldada, reiterados intentos de suicidio.

Otros no corrieron la misma suerte. Entre ellos, su esposo Hugo Alberto Scutari. No lo ha vuelto a ver desde que compartieron celda por unas semanas en El Atlético. Hoy es uno de los detenidos-desaparecidos del régimen: aunque el número exacto es objeto de disputa, los organismos de derechos humanos calculan que fueron unos 30.000.

BBC

CONADEP
La mayoría de los presos que pasaron por el Circuito ABO continúan desaparecidos.

Las cartas
Analía confrontó a su padre con la evidencia que le proveyó la causa judicial.

"Después de una conversación en la cárcel, donde él se puso muy incómodo y nervioso, yo sentí una especie de liberación. Volví a casa y escribí Carta abierta a un represor. En mi familia siempre fuimos de escribirnos cartas. Y pongo el nombre 'represor' con todo. Yo ahora lo digo totalmente naturalizado, pero había que poner esa palabra... Y como no se lo podía decir en la cara, lo escribí.

Ese día en la cárcel fue, sin que yo lo supiera, la última vez que vi a mi papá.

No me imaginé ni remotamente la dimensión que iba a tomar esa rebelión mía de atreverme a dudar de él. Después aparece todo el reproche de mi mamá y mis hermanas: '¡Cómo le vas a decir eso justo en este momento que más nos necesita, tenemos que estar unidos y vos le venís con eso!' Mis hermanas, que son también policías, siempre se pusieron del lado de mi papá. Hoy no tengo trato con ellas.


CIJ
Eduardo Emilio Kalinec, durante el juicio. Fue condenado a prisión perpetua.

En ese momento también empecé, más allá de las cartas, a hacer un registro narrativo personal pensando en mis hijos y en cómo explicarles que de repente se habían quedado sin abuelos, sin primos, sin tías.

Y la cosa empezó medio verborrágica, hablando con ellos con toda la verdad. Al punto que un día me llaman del jardín de infantes y me dicen 'Mirá, necesitamos una entrevista con vos, porque Gino (hijo mayor, entonces de 4 años) le contó a sus compañeritos que su abuelito estaba preso porque había matado a muchas personas'. Y los compañeritos empezaron a preguntar si tenía ametralladoras, si tenía tanques... Y la maestra casi se cae ahí redonda.

Es un trabajo constante el de reconciliar esa imagen del Doctor K con la del padre querido. Dentro de lo que es el mundo intrafamiliar, yo lo recuerdo haciéndonos cosquillas, abrazándonos…

Y en un primer momento fue más fuerte la disociación. Yo me acuerdo que decía 'bueno, por un lado está mi papá y por otro lado está el genocida'. Y elaborándolo en terapia, termino reconociendo que no, que es siempre la misma persona, una única persona con una parte que mantiene oculta pero que forma parte de él y a mí ya no me engaña".

BBC
Kalinec fue sentenciado a prisión perpetua en diciembre de 2010 por homicidio calificado, tormentos y privación ilegítima de la libertad agravada por haber sido cometida por funcionario público. Él niega los cargos.

De los casi 3.300 investigados por delitos de lesa humanidad desde que se reabrieron los juicios, en 2007, 962 personas han sido condenadas en 238 causas, según el último informe de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad. Todavía hay más de 350 causas en trámite.

BBC

CIJ
15 imputados en el primer juicio del circuito ABO. (En la foto, Kalinec mira sus notas en segunda fila, segundo desde la izquierda).

Secreto del policía infiltrado
Pero no todos los ex integrantes de las fuerzas de seguridad llegan al banquillo. El padre de Paula (*) es uno de ellos.

"Nací en Buenos Aires, en 1980, cuando la dictadura estaba en pleno apogeo.

Desde que me di cuenta de que lo que sabía que había ocurrido en la dictadura había sido responsabilidad de mi padre, que él había trabajado para ellos, me acompaña este sentimiento de vergüenza y de culpa, como si yo fuera una cómplice. Porque… sé todo esto y no hay nada que pueda hacer. Soy custodia de un secreto que yo no quiero guardar.

Paula / HISTORIAS DESOBEDIENTES
Recién a los 14 años Paula supo que su padre trabajaba para los servicios de inteligencia.

En mi caso, mi padre nunca fue llevado a la Justicia. ¿Cómo estoy segura de que es culpable? Bueno, ¡porque él me lo dijo! Sé que fue parte de la represión porque me lo dijo. Mi papá trabajaba para los servicios de inteligencia, probablemente como espía.

Cuando tenía 14 años, mi papá nos llevó a mi hermano y a mí a un café y nos contó que era policía. Nosotros no teníamos ni idea. Nos dijo que él había participado en la 'guerra contra la subversión', así la llamó. Y que estaba orgulloso, se sentía héroe. Yo en ese momento no entendí. Me tomó tiempo, sabés, como dos meses tardé en digerirlo.

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Soldados catean a un civil en Buenos Aires, 1977.

Solía infiltrar distintos grupos, de estudiantes o trabajadores sociales o cualquiera que a los militares no les gustara. Y 'marcaba' a los militantes, les pasaba los nombres a sus superiores.

Era muy joven, de veintipico, y por las fotos que había en casa no parecía un policía. Tenía el pelo largo y usaba camisas sueltas, como cualquier tipo normal de los años 70. Lo que yo sabía es que era abogado. Nosotros no socializábamos con otros policías, en casa se escuchaba música 'prohibida' como (Joan Manuel) Serrat… Si vos veías a mi papá no decías 'ah, un policía'. En mi casa nunca jamás vimos un uniforme. Nunca.

Cuando él nos cuenta todo, yo lo confronto. Le digo 'no importa si ellos hicieron algo o no. ¡No vas y los secuestrás y los torturás! ¡No los matás porque sean, según vos, subversivos! Es básico, no lo hace nadie y mucho menos debería hacerlo el Estado'.

Tuve esta conversación con él muchas veces. 'Ellos eran terroristas', repetía. ¿Y qué? Pongamos que lo fueron: vos tenés que moverte en el marco de la ley. 'No entendés, se venía la amenaza comunista', me retrucaba. 'No me importa, papá. No es razón para matar, torturar, violar, desaparecer y robar niños'. De ninguna manera".

BBC
Pasaron diez años desde que Paula se enteró del secreto familiar hasta que cortó lazos con su padre.

BBC
"La familia es la familia… Así que tuve que seguir viéndolo, después durante un tiempo no lo vi porque estaba muy enojada. Y así, con idas y vueltas, en parte porque mi mamá me insistía, 'es tu padre, cómo no lo vas a ver'. Pero cuando murió mi mamá me sentí más libre y decidí que ya, punto final. Corté el vínculo. De eso hace ya 15 años.

Paula / HISTORIAS DESOBEDIENTES
Paula de niña, con su padre: "Si lo veías no decías 'ah, un policía'. Nunca lo vi de uniforme".

No hubo vuelta atrás. Él es una persona horrenda y yo no quiero a alguien así en mi vida. Siempre me repitió que había hecho lo que había que hacer, que había actuado correctamente, que los crímenes habían sido necesarios. Ah, y no los llamaba crímenes, claro. Los llamaba 'acciones'.

Así que en un punto no me importa si ha sido condenado o no, yo sé lo que hizo porque él se jacta de ello. Fue partícipe necesario de esa maquinaria de violencia que hasta hoy defiende.

Eduardo Longoni / Getty Images
Las Madres de Plaza de Mayo marchan contra las leyes de punto final y obediencia debida, en 1986. La derogación de estas leyes permitió que se abrieran los juicios contra responsables de violaciones a los DD.HH. durante el régimen militar.

No tengo recuerdos lindos, de todas maneras. Llevo 15 años en terapia y volvemos sobre este tema un montón: ¿cómo es posible que no tenga ningún recuerdo? Sé que hay fotos donde somos familia feliz, pero yo no tengo registro. Si tengo que pensar un recuerdo bueno… Dejame pensar… tenía uno… Bueno, podría decir que mi papá dibujaba muy bien. Una vez me dibujó una Cenicienta muy linda. Eso, que era buen dibujante.

Por lo demás, me inspiraba miedo. Tenía un aura atemorizante, digamos (risas). Sabía cómo infundir terror. Hace un tiempo me reuní con amigos de la infancia, estábamos recordando esa época y una de mis amigas me confesó: 'Tu papá me daba mucho miedo'. Y yo pensé 'sí, tal cual, yo también le tenía miedo'.

No era violento, en el sentido de que no nos sometía a la violencia física. Pero era una pesadilla psicológica".

HISTORIAS DESOBEDIENTES
Analía (en el centro), junto a otros familiares, decidieron formar la organización Historias Desobedientes.

Historias desobedientes
Paula y Analía se encontraron. Hace no mucho. Las ayudaron las redes sociales. Decidieron que querían hablar, tomar la calle, ir contra el mandato familiar y repudiar a sus padres a la vista de todos.

Analía: Empezamos a ver que había otras hijas e hijos de genocidas que vivían callando su repudio. Nos encontramos. Fue una cuestión espontánea, de decir 'tenemos que hacer algo, esto es intolerable'. Y preguntarnos cómo nos presentamos…

Decidimos salir desde este lugar de familiares de genocidas que repudiamos los crímenes y que abrazamos las banderas de memoria, verdad y justicia. Decidimos llamarnos Historias Desobedientes. Hicimos una bandera y salimos a marchar a la plaza. La primera vez éramos cuatro, todas mujeres, con una energía y una alegría...

Paula: Cuando me enteré, fue un despertar, '¡dios, yo sabía que no podía ser la única!'. Siento que en el grupo me entienden como nadie más puede entenderme. Imaginate, sé quién es mi padre desde los 14 años y nunca lo había hablado con nadie.

La primera vez que lo conté fue a mi psicóloga, pero después mantuve el secreto por 23 años hasta que me encontré con ellas (hace menos de dos). Es una locura… tengo 39 y viví 23 años en silencio.

VALERIA PERASSO
Publicaron un libro de escritura colectiva, llamado "Escritos desobedientes". Aquí, Paula en la presentación.

Analía: Sí, sí. Tenemos una necesidad de expresión muy fuerte. Estamos sacando manifiestos a cada rato, sacamos un libro colectivo, un proyecto de ley que intenta cambiar la legislación argentina que al día de hoy impide que un hijo testifique en contra de sus padres.

Queremos conseguir que eso no aplique en casos de delitos de lesa humanidad y podamos hablar si es que sabemos cosas que puedan aportar a las causas.

Paula: Cuando cargas un secreto por tanto tiempo, hablar te ayuda a lidiar con la vergüenza, un sentimiento que compartimos muchos en el colectivo. Vergüenza porque sabés lo que sabés, porque tenés que callar, porque te da miedo lo que la gente vaya a pensar.

Por eso es importante 'salir del clóset'. Y salir colectivamente es mucho más potente. Porque nosotros podemos interpelar a estos represores desde un lugar que nadie puede: el lugar de hijos o hijas. Sabemos que no se arrepienten, sabemos que guardan secretos en un pacto de silencio inquebrantable por el que ninguno ha contado lo que hicieron en la dictadura.

Analía: Yo sigo esperando que mi papá hable. Yo sé que tiene información sensible. Acerca de los desaparecidos, acerca eventualmente de algún bebé que fue robado en cautiverio y entregado a familias de apropiadores.

A diferencia de otros represores que están seniles, mi papá está lúcido, tiene una memoria prodigiosa. Y saber el daño que sigue generando con su silencio cómplice y criminal a mí me lastima mucho.


¿Fin del amor?
La presencia de los "desobedientes" en las manifestaciones por los derechos humanos en las calles de Buenos Aires aún toma a muchos por sorpresa. Son un actor nuevo y no todos saben del colectivo que los reúne.

Los miran con sorpresa, con desconcierto. Los aplauden al paso, les elogian la valentía.

VALERIA PERASSO
Marcha del día de la memoria,. Cientos de agrupaciones se toman las calles cada año para exigir "Nunca más".

VALERIA PERASSO

Pero su presencia también incomoda a algunos sobrevivientes y familiares de víctimas. (Varios, de hecho, se negaron a participar de este reportaje.)

"Yo soy una persona muy dura ante algunas cosas. Los hijos desobedientes tuvieron oportunidades para salir a denunciar a sus padres y no lo hicieron. ¿Por qué no salieron antes?", reclama Delia Barrera, sobreviviente.

"Porque cuando vos hablás y decís 'mi papá es esto' y después decís que lo querés, yo escucho y pienso 'bueno, vamos mal'. No podés querer a un represor genocida. Decime que no lo querés y ya es otra cosa".

¿Es posible dejar de amar al padre que una vez se quiso?

"Mirá, yo me lo pregunto todo el tiempo", confiesa Analía Kalinec.
VALERIA PERASSO
Barrera dio testimonio en varios juicios. "Para mí, contar lo que pasó es una misión de vida".

"Primero, porque fue una relación de mucho afecto mutuo que duró mi infancia, mi adolescencia y parte de mi adultez. Pero después me tocó replanteármelo todo. ¿Qué fue, cariño siempre y cuando yo hiciera todo lo que mi papá quería? ¿Qué tanto amor puede haber ahí , si cuando yo empiezo a disentir con él o a hacerle cuestionamientos él ya me quiere desheredar?

"Yo me niego a renunciar a ese papá que quise tanto. Yo sé que hay una parte mía que lo quiere conservar y no quiero ser tan mala conmigo misma de renunciar a eso.

"En el colectivo muchas veces pensamos en esto, nos planteamos que nosotras no podemos querer a nuestros padres. ¿Quién puede decidir querer o no querer? ¿Cómo se borra el afecto? ¿Cómo se borran los recuerdos? Así que por ahora convivimos con esas contradicciones"


VALERIA PERASSO
Liliana Furió (izq.) es la hija de un militar condenado, actualmente con demencia senil y en prisión domiciliaria. Con Analía fundaron el colectivo Historia Desobedientes.

(Sin) epílogo
Aunque hace muchos años que las hijas cortaron vínculos con sus respectivos padres, hace muy poco que rompieron públicamente el silencio. La historia -personal, social- sigue escribiéndose.

En 2019, Kalinec inició una demanda desde la prisión para que Analía sea excluida de la herencia de su madre, fallecida en 2015. Y lo hizo "por causales de indignidad": considera que su hija lo ha difamado y no debe beneficiarse del dinero de la familia, tal como consigna en un escrito que también firman sus dos hermanas menores.

En la contestación de la demanda, Analía indicó que aceptará lo que quiere su padre si él antes admite su culpa y aporta datos sobre el destino de sus víctimas.

"Es cínico esto que está pasando, pero a mí me parece que lo interesante de este juicio contra mí es que, después de 12 años sin vernos, ese diálogo que mi papá me niega ahora se vuelve una conversación mediante escritos y abogados, donde él tiene que leer lo que yo tengo para decirle y donde le sigo exigiendo que diga lo que sabe", apunta la hija.


VALERIA PERASSO
Muchos los aplauden cuando marchan para pedir justicia. Para otros, son una presencia incómoda.

A Paula ya no le queda esa opción. Recibió una llamada de su hermano hace poco. Le avisaba que su padre había tenido un accidente cerebrovascular. Lo operaron, pero nunca recuperó la conciencia.

"Yo no fui a verlo al hospital. Tampoco fui al funeral", dice Paula, al teléfono con BBC Mundo cuando le dieron la noticia.

"Decidí no ir porque pensé que sería irrespetuoso para quienes sí tenían una relación con él. Y también porque honestamente una parte de mí ya había hecho el duelo de mi padre en mi vida".

"Pero vivo o muerto él, yo como hija me sigo sintiendo responsable de hablar, de decir que condeno sus actos. Quizá ayude a que otros se animen a hablar, más allá del vínculo de sangre que tengan con el perpetrador. Nada de esto cambia con la muerte de mi papá".

BBC
(*) Paula solicitó que no publicáramos su apellido, para resguardar la identidad de otros miembros de su familia.
Escucha el podcast de este reportaje (en inglés): My Father the Killer


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Sigue siendo injusta


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Día del Liberad@

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Ministro de Educación y Cultura, Dr. Ricardo Ehrlich

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Visita a nuestra sede social

Conferencia de Prensa en Crysol

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Anunciando celebración del Día del Liberad@

Salsipuedes

Salsipuedes
Abril de 2010

Vocal

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Chela Fontora

Vicepresidente

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Baldemar Taroco

Tesorero

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Carlos "Tito" Lopéz

Secretario

Secretario
Enrique Chalar

Presidente

Presidente
Gastón Grisoni