Fue la tortura brutal y masiva
El Dr. Eduardo Lust sostiene públicamente que el MLN-T fue
derrotado por la
democracia. También en este aspecto,
el Dr. Lust, distorsiona la realidad de lo ocurrido, por no decir que miente de
manera descarada.
No nos corresponde, como colectivo de sobrevivientes del terrorismo de Estado, asumir la defensa de dicha organización. Pero defender la verdad histórica, ante las visiones negacionistas que propaga, ocultando el accionar criminal, para deleite de los centros militares y de los dueños del poder, es otra cosa.
Con total desprecio por la verdad, el Dr. Eduardo Lust afirma que el MLN-T fue derrotado
por
la democracia. Una gran mentira. Es cierto que en setiembre de 1972, con bombos y platillos, las Fuerzas Armadas (FFAA)
anunciaron, de manera
pública, la desarticulación del MLN-T. Pero no fue la
democracia ni las
instituciones básicas de ella las que lo hicieron.
Una brutalidad arrolladora
El MLN-T fue desarticulado porque desde la Declaración del Estado de Guerra Interno el 15 de abril de 1972, las Fuerzas Armadas (FFAA) y la Policía desataron, brutalmente, a niveles nunca vistos, en todo el país una enorme campaña represiva. El foco de la misma fue, en primera instancia, las organizaciones armadas que operaban en Uruguay.
Desde el 13 de junio de 1968 el Estado uruguayo comenzó a actuar de manera ilegítima al amparo de las Medidas Prontas de Seguridad. Militarizaciones de trabajadores públicos y privados, detenciones sin intervención del Poder Judicial, limitaciones a la libertad de prensa, clausura de medios de comunicación, violenta represión de las movilizaciones de protesta, asesinato de estudiantes, surgimiento del Escuadrón de la Muerte desde el Ministerio del Interior. El Parlamento constató que la Policía practicaba la tortura de manera habitual con los militantes sociales, gremiales y estudiantiles. Actuaba el Poder Judicial.
A partir de la Declaración del Estado de Guerra Interno, hubo un cambio cuantitativo y cualitativo en la vida del país. El asalto sangriento a la sede de la Seccional 20 del Partido Comunista del Uruguay (PCU), el lunes 17 de abril, fue el anuncio de la etapa que se avecinaba. Se suspendieron las garantías individuales establecidas en la Constitución y se otorgó a los Tribunales Militares la potestad de juzgar a los civiles que fueran detenidos por las Fuerzas Armadas en los operativos que comenzaron a desplegarse en todo el país.
El asesinato del militante del Partido Demócrata Cristiano (PDC) Luis Batalla en Treinta y Tres,
a fines del mes de mayo, fue el inicio de una
larga lista de asesinados en la tortura por parte de las
Fuerzas Armadas.
No hubo errores, no hubo excesos
Fue una política deliberadamente seleccionada por los mandos militares. Las torturas comenzaron a ser aplicadas de manera masiva, sistemática y generalizada en todos los cuarteles que se involucraron activamente en la represión a las organizaciones armadas.
Miles de personas comenzaron a ser secuestradas y trasladadas a establecimientos militares que incluían cuarteles, bases aéreas y centros de la Marina donde eran sometidas a plantones a la intemperie, encapuchadas, privadas del descanso, sin alimentación, sufriendo golpizas, shocks eléctricos y sumergidas en tachos de agua, maniatadas y encapuchadas.
Las declaraciones de las y de los detenidos fueron realizadas ante funcionarios militares que eran parte de los equipos de interrogadores. En la mayoría de los casos fueron formuladas luego de días, semanas y hasta meses de incomunicación, malos tratos y torturas que se acrecentaron en el caso de las mujeres y que incluyeron violencia sexual, abusos y violaciones.
La política criminal que desplegó el Estado uruguayo, en forma masiva, sistemática y generalizada, de acuerdo a las normas oportunamente ratificadas, constituyen “crímenes de Lesa Humanidad” que son, por su propia gravedad, imprescriptibles e inamnistiables.
La tortura es un acto repugnante y atroz. Su práctica es
incompatible con la vigencia de un auténtico Estado de derecho, al igual que el sometimiento, sin garantías de ningún
tipo, de
civiles a tribunales militares.
Un logro asentado en las torturas
El seguimiento que desde tiempo atrás venían llevando a cabo los servicios de inteligencia con la participación activa y el financiamiento de la CIA de las organizaciones armadasydel movimiento popular, lacolaboración de algunos referentes que “ordenaron papeles” para los represores y, principalmente, el uso de la tortura como una metodología brutal para obtener información, permitieron la detención, en pocas semanas, de miles de ciudadanos, obligaron a otros miles a pasar a la clandestinidad y/o exiliarse, permitió la incautación de locales, armas y bienes, logró la captura de las estructuras militantes, dando como resultado la desarticulación de las organizaciones.
Las afirmaciones de Eduardo Lust ocultan el accionar criminal de las Fuerzas Armadas.
No fue la democracia ni los procedimientos propios de ella. Fue la tortura, el uso masivo
de ella, a niveles nunca vistos, la que permitió sus logros represivos a partir del 15 de abril de 1972,
en el camino hacia la dictadura y el terrorismo de Estado. Es la verdad histórica.
Opinando N° 16 – Año 15 – Miércoles 30 de setiembre de
2026