En la hora de la solidaridad urgente con Cuba, ante el
recrudecimiento de la agresión imperialista, se mencionan de manera pública
diferentes jalones de la actividad de apoyo de dicho país hacia nuestro pueblo.
Sin embargo, se omite mencionar que en las horas más tristes que vivió Uruguay,
la isla supo ser un refugio para centenares y centenares de luchadores sociales
y políticos que en Uruguay escapaban de la tortura, de la cárcel y de la
muerte.
Luego de los trágicos sucesos del viernes 14 de abril
de 1972, ejecuciones de integrantes del Escuadrón de la Muerte y feroz
represalia de los servicios represivos, el Parlamento uruguayo declaró el
Estado de Guerra Interno. Como consecuencia del mismo, suspensión de las
garantías individuales, autorización a la justicia militar de intervenir
activamente en sustitución del Poder Judicial, para juzgar las actividades
políticas fuera de la ley, se desató en el país una enorme represión, enfocada
principalmente en aquellas organizaciones que desarrollaban actividad política con
armas.
La misma condujo a la detención de miles de ciudadanos
que fueron secuestrados, torturados, incomunicados y alojados en cuarteles de todo
el país. Ante la enorme cacería humana desatada por las Fuerzas Armadas, con
los generales Gregorio Alvarez, Esteban Cristi y el coronel Ramón Trabal, miles
de uruguayos debieron salir del país.
El Chile de Salvador Allende
En la época, el gobierno de Salvador Allende en Chile,
fue el lugar elegido por centenares de uruguayos para el primer refugio
solidario ante una embestida represiva que superó todos los cálculos y
previsiones. El uso masivo y sistemático de la tortura, con un nivel de
crueldad y sadismo no previsto ni conocido hasta el momento, condujo a que las
Fuerzas Armadas pudieran anunciar en octubre de ese mismo año, la derrota militar
del MLN-Tupamaros. La escalada represiva abarcó también a la Organización
Política Revolucionaria 33 (OPR 33) y también al Movimiento Revolucionario
Oriental (MRO).
Para tener una magnitud de la represión: en octubre de
ese año se inauguró el Establecimiento Militar de Reclusión Nº1 (Penal de
Libertad) con capacidad para 950 prisioneros políticos, la Cárcel de Tacuarembó
en Paso de los Toros, la cárcel del Este en Treinta y Tres y el 16 de enero de
1973 el Establecimiento Militar Nº2 (Penal de Punta de Rieles) para mujeres.
Chile acogió generosamente a esos centenares de
uruguayas y de uruguayos que debieron emigrar. Muchos de ellos, luego del golpe
de Estado del general Augusto Pinochet, el 11 de setiembre de 1973, fueron
asesinados, desaparecidos, alojados en el Estadio Nacional de Santiago,
negociados para emigrar gracias a las gestiones de Suecia con la intermediación
del inolvidable Julio Baráibar o con la mano amiga de nuestra querida Belela Herrera.
El golpe de Estado de junio de 1973
La
disolución de las Cámaras por Juan María Bordaberry el 27 de junio de 1973 dio
inicio a una nueva etapa represiva en la vida del país. En el marco de la
huelga general convocada por la central sindical, huelga histórica de 14 días,
la dictadura decretó la ilegalidad de la Cnt y prohibió toda actividad política.
Meses más adelante, decretó la ilegalidad de muchas organizaciones sociales,
sindicales, estudiantiles y políticas del país.
Cuba, vía
Buenos Aires, siguió siendo un lugar obligado de apoyo solidario para los
uruguayos que, por enfrentar y resistir la dictadura debieron emigrar para
salvaguardar su integridad y su libertad.
A fines de
octubre de 1975, en una escalada represiva que conduciría al terrorismo de
Estado desembozado, la dictadura uruguaya desató una enorme oleada represiva
contra las estructuras del Partido Comunista del Uruguay (PCU).
Centenares
de militantes de dicha colectividad política que había sido declarada fuera de
la ley por el gobierno dictatorial de Juan María Bordaberry en diciembre de
1973, fueron secuestrados y conducidos a centros clandestinos de detención y
tortura como el 300 Carlos en la Escuela de Armas y Servicios y el Batallón Nº
13 del Ejército, al Infierno Chico, en la Casona de Punta Gorda, y en la
exCárcel del Pueblo en la calle Paullier.
La embajada
de México en nuestro país fue la puerta de escapatoria para centenares de
uruguayas y uruguayos que finalmente, muchos de ellos, recalaron en Cuba para sobrevivir.
Es la hora de la solidaridad con Cuba
Hoy más que
nunca se necesita una gran campaña de solidaridad con Cuba, nuevamente agredida
por EEUU, luego de décadas de un feroz bloqueo. EEUU está llevando a cabo un
genocidio silencioso al prohibir el abastecimiento de petróleo a Cuba.
Cuba es un
país hermano agredido. Rebrotan las nunca apagadas fibras solidarias de nuestro
pueblo. El gobierno uruguayo del presidente Prof. Yamandú Orsi ya nos ha
expresado su disposición a enviar ayuda humanitaria. Es un gesto digno y acorde
a las mejores tradiciones de nuestro país.
Al enfrentar
el genocidio silencioso, no podemos, no debemos, olvidar la enorme solidaridad
de esa pequeña/enorme isla en las horas más tristes de la barbarie uruguaya.
Hay que tenerlo presente. Para redoblar la solidaridad.
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Opinando N° 3 – Año 15 – Sábado 7 de marzo de 2026

