La Asociación de todas y de todos los ex presos políticos de Uruguay

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domingo, 8 de septiembre de 2013

Dos veces desaparecido

ADELANTO DE LOS DÍAS SIN LÓPEZ. EL TESTIGO DESAPARECIDO EN DEMOCRACIA

Página 12 - 8 9 13


A siete años de la desaparición de Jorge Julio López, Luciana Rosende y Werner Pertot reconstruyeron en un libro editado por Planeta, su vida, los secuestros que sufrió y profundizaron sobre los posibles autores del crimen.

Las gotas de lluvia golpeaban en forma rítmica el techo de chapa. De a poco, el chaparrón se había convertido en tormenta y las calles de tierra de Los Hornos ya eran pequeñas lagunas donde croaban las ranas. Con furia, las ruedas de un Falcon surcaron el charco a gran velocidad, espantando a los batracios que pudieron salvarse. Veloces en la noche, lo seguían otros autos de civil, patrulleros y hasta camiones del Ejército.

Gustavo dormía, con el sonido de la lluvia de fondo. El tic, tic, tic de las gotas mudó en los golpes feroces sobre la puerta de la casa. “¡Abra! ¡Abra o se la tiramos abajo!” 

Gustavo se acurrucó en la cama y lo miró a su hermano Ruben, que también se había despertado. Su padre se había levantado y caminaba hacia la puerta, que chasqueaba con los golpes con los que la estaban rompiendo. Se abrió y entró la noche a la casa de Jorge Julio López.

Ya había pasado la medianoche del 27 de octubre de 1976 cuando irrumpieron. Gustavo y Ruben vieron a su padre levantar las manos. Los intrusos se le fueron encima y le ataron los brazos con un alambre. Ya llorando, los pibes, de siete y once años, observaron cómo maltrataban a su madre, mientras le decían: “¡Los documentos! ¡Busque los documentos, señora!”. Ruben observó la cara de dos o tres de los hombres que destrozaban todo a su paso. A ella la hicieron entrar al cuarto de los chicos y un policía les ladró a los tres: “¡Miren a la pared, carajo! ¡Den vuelta la cara!” No pudieron ver cuando el comisario Miguel Osvaldo Etchecolatz ingresó satisfecho a constatar las tareas de sus sicarios.

Si fueron unos minutos o unas horas hasta que se marcharon, el pánico les impidió saberlo. Tardaron un rato largo en salir de la pieza en la que los habían encerrado. Al trasponer la puerta, estaba la casa dada vuelta, los objetos rotos con saña, los platos sucios que habían usado para comerse todo lo que había en la heladera, la leche tirada en el piso. Y, en todas partes, la ausencia de Tito López.

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Gustavo abrió los ojos. No había un sonido en la casa. No llovía. Eran cerca de las siete y veinte de la mañana, tal vez las siete y media. La puerta del baño estaba cerrada. Gustavo se percató y pensó que su padre estaba dentro. Su madre todavía dormía. Siguió hasta la cocina y se preparó el desayuno. Tenía muchas ganas de ir al baño. Como el baño seguía cerrado, se fue al fondo de la casa, cuya puerta estaba con llave. Abrió y salió. Cuando volvió, comenzó a extrañarle la tardanza de su padre: habían pasado cerca de 20 minutos. Su madre salió de su habitación recién levantada. La cama matrimonial estaba deshecha. “¿Papi está en el baño?”, le preguntó Gustavo. Por toda respuesta, Irene pegó un grito para llamarlo. Nadie contestó. Abrieron la puerta: no había ninguna persona en el baño.

Eran cerca de las ocho de la mañana del lunes 18 de septiembre de 2006. Gustavo volvió a ir al fondo, donde su hermano Ruben tenía su taller de carpintero. Su padre tampoco estaba allí. “Seguro estaba ansioso por lo del juicio y salió a caminar un rato por el barrio y a fumarse un cigarrillo”, se tranquilizó. Tito solía salir a dar un paseo por las mañanas, aunque nunca tan temprano. Desde que se había jubilado como albañil, se levantaba siempre después que Irene, que salía a soltar a las perritas. Gustavo pensó que volvería para la hora en la que su primo Hugo iba a pasar a recogerlos a ambos para ir al centro de La Plata, a la audiencia de alegatos del juicio a Etchecolatz. Gustavo se fue a duchar y a afeitar.

Cuando salió ya le empezó a resultar más preocupante la ausencia. No sabía qué pensar. Salió a la calle, en 69 y 140, en Los Hornos. Había poca gente en las veredas. Y ni rastro de López, ni de nada que le llamara la atención. La vida del barrio seguía sin alterarse, con sus negocios que abrían en forma remolona y las señoras que salían a pasear el perro. Fue hasta la esquina, miró en todas direcciones. Nada. Lo buscó otros 15 minutos y volvió contrariado. Eran las 8.30. Hugo acababa de llegar con su camioneta F-100. “No está, papá no está”, le dijo Gustavo. Empezaron a pensar qué podía haber pasado. Estaban desorientados. A Irene le extrañó la ropa con la que había salido, que era de entrecasa. La que pensaba ponerse para el juicio había quedado en una silla, prolijamente preparada. Eso sí, se había llevado la boina que usaba siempre. “Seguro que se puso muy ansioso y se fue sin esperarnos”, propuso Gustavo. Los dos salieron hacia el centro de La Plata y dejaron la camioneta en 13 y 55.

En la entrada del majestuoso Palacio del Gobierno provincial, donde se hicieron todas las audiencias del juicio, una mujer de pelo larguísimo y blanco y uñas igual de largas fumaba un cigarrillo. Nilda Eloy estaba extrañada con la tardanza de López. Habían quedado en encontrarse a las nueve de la mañana en la puerta del edificio. Desde que lo conocía al Viejo –como le decían– siempre llegaba con mucha puntualidad. Como buen gallego cascarrabias, le molestaba la impuntualidad de los demás.

Nilda era, como López, una sobreviviente de los centros clandestinos de detención de la dictadura. Cuando apagó el cigarrillo, los vio llegar a Gustavo y a Hugo. “Mi viejo no está. No sé, capaz se vino antes”, le dijo Gustavo. Su primo, Hugo, se fue hasta la entrada por la que hacían ingresar detenido a Etchecolatz, a ver si estaba allí esperando encontrarse cara a cara con su torturador. Pero no estaba.

Mientras tanto, Nilda subió apurada las escaleras de mármol de Carrara. Tenía la imagen mental de que iba a entrar al Salón Dorado y, entre las arañas de cristal y las columnas, lo iba a ver a López sentado, esperando que todo comenzara. Tampoco estaba allí. Por las dudas, se fue hasta un puestito de sánguches y cafés que había dentro del edificio. Estaba cerrado y no había nadie. Le preguntó a varios empleados si no habían visto a un viejo con una boina. Le dijeron que no.

Cuando bajó a la entrada, Gustavo le contó que le llamaba la atención que no estuvieran las llaves –que López solía tirar por una ventanita para adentro de la casa cuando salía– y que habían visto la ropa de López en una silla. El atuendo que siempre había usado en los juicios. El buzo bordó. Por ese detalle, Nilda se empezó a angustiar. Ponerse esa ropa era una suerte de ritual que el Viejo había cumplido en todo el juicio, hiciera frío o calor. “¿Lo chuparon?”, pensó Nilda y quedó como bloqueada, sin poder reaccionar. Gustavo llamó a su madre para averiguar si había vuelto López, pero todo seguía igual. Decidió regresar a Los Hornos a hacer la denuncia en la comisaría tercera de la Policía Bonaerense.
- - -
Beatriz Amaya se levantó como cualquier otro lunes. Lo único que tenía de distinto era que, por una vez, su marido se había encargado de llevar a su hijo a gimnasia. Ella se peinó el cabello negro y corto, se vistió y preparó las cosas de su beba, Abril, y salió por las calles de Los Hornos para ir a trabajar.

Cuando estaba llegando a 140 y 69, donde tenía su casa López, lo vio avanzando por la 140 hacia la 68. Ella, aunque iba con el cochecito de bebé, lo alcanzó fácilmente, porque Don López –como le decían sus vecinos– era de caminar lento. Iba por el cordón, casi en la vereda, y tenía un cigarrillo en la mano derecha y la izquierda en un bolsillo de su jogging azul.

Don López era amigo del padre de Beatriz y la conocía desde que había nacido. Ella siempre lo veía sentado cerca de su casa fumándose un pucho. La saludaba y le preguntaba por la casa, por la familia. Una vez la vio andando en bicicleta con la panza embarazada de Abril y la retó: “¿Qué hacés en bicicleta embarazada, nena?”. En el barrio no se sabía que López había estado desaparecido en la dictadura. La versión que había circulado sobre los años en que faltó era que estaba trabajando en otro lugar de la provincia. Otros malpensados rumoreaban que había estado peleado con su señora. Pero nunca que estuvo secuestrado, ni preso.

Esa mañana del 18 de septiembre de 2006, Beatriz lo vio a Don López con los borceguíes con los que salía a caminar y con su gorra azul. Cuando lo alcanzó, se saludaron con un “buen día”. “¿Qué tal la nena?”, preguntó él. “Muy bien”, contestó ella. En la 67 se separaron: ella dobló hacia la 141 y López siguió. Ella no observó nada extraño, todo le pareció normal. Era entre las 9.30 y las 9.45, cuando el hijo y el sobrino de López lo estaban buscando por el centro de La Plata. ¿Dónde había estado desde las siete de la mañana o antes? ¿De dónde venía?

Por la misma calle, la 140, a la altura de la 68, Oscar Mugaburo salía de una panadería cuando lo vio pasar a López. El calculó que era más temprano que lo que pudo recordar Beatriz: entre las 9 y las 9.30. Mugaburo, jubilado como López, lo conocía del barrio, pero aquel lunes no alcanzó a saludarlo. Lo vio caminando para el lado contrario, yendo hacia la avenida 66. Fueron unos segundos.

Otro jubilado del barrio que lo conocía a López, Armando Efesi, estaba en la puerta de su casa cuando lo observó pasar. Se solían avisar cuándo cobraban la jubilación sus esposas. Efesi vivía en la calle 140, entre 66 y 67. López caminaba hacia la 66. Para el vecino, era entre las 9.30 y las 10 de la mañana. Media hora más tarde de lo que habían quedado López y Nilda en encontrarse en el centro de La Plata. A las 10 empezaba la audiencia del juicio a la que López debía asistir. A las 8.45 Hugo había quedado en pasar a buscarlo.

¿A dónde iba? ¿A encontrarse con quién?

Stella Monetti tenía su kiosco en Los Hornos, sobre la calle 137, entre 66 y 67. Entre las 10 y las 10.30 –según cree recordar– estaba barriendo la vereda cuando lo vio pasar a López. Lo conocía porque solía comprar en su kiosco y en la carnicería que tenía su hermano al lado. La saludó al pasar, muy cordial. Creyó ver que no estaba afeitado, que tenía una barba de un par de días.

Un último jubilado, Horacio Abel Ponce, iba en su camioneta por la avenida 66. El Negro Ponce había trabajado en la imprenta de la Bonaerense y lo conocía a López desde hacía 40 años. Don López era de los vecinos más viejos de Los Hornos y el padre de Ponce era el peluquero del barrio. Se lo cruzaba seguido a Don López haciendo mandados. Esa mañana, Ponce estaba yendo a una bulonería cuando paró en una pollería en 66 y 138. Ahí fue cuando lo vio. Cree que era entre las 10 y las 10.30, aunque pudo ser más tarde. Fue el último en verlo. Según recordó, miró a la derecha y lo reconoció a López sobre la avenida 66 “entre la verdulería y el local de Edelap”. 

Durante mucho tiempo, en la investigación judicial, nadie repararía en quién vivía exactamente ahí donde lo vieron por última vez.

UNA ENTREVISTA INEDITA A JORGE JULIO LOPEZ

“Yo estaba de acuerdo con hacer la revolución, como Castro”



El 20 de julio de 2006, casi un mes después de declarar en el juicio a Miguel Osvaldo Etchecolatz, sonó el timbre en la casa de Jorge Julio López. La entrevista había sido concertada por teléfono y él salió enseguida a atender a Horacio Robles. El sociólogo estaba empezando el trabajo de campo para su tesis de maestría (*). Quería estudiar la militancia barrial montonera en La Plata. En una entrevista previa, Pastor Asuaje le había hablado sobre López: era un allegado a la unidad básica Juan Pablo Maestre, de Los Hornos, y estaba dispuesto a contestarle algunas preguntas.
Dentro de la casa estaba Irene, la esposa de López. No le causaba ninguna gracia que su marido concediera aquella entrevista. López hizo pasar a Horacio a una sala de estar junto a la cocina. Y cerró la puerta. Horacio se sentó en uno de los sillones y observó los portarretratos con fotos familiares. Todavía no tenía grabador digital, usaba uno de casete y la cinta ya estaba algo gastada. Además, López se movía, gesticulaba, se alejaba del micrófono. El encuentro duró algo más de una hora.
Volcar la charla al papel no fue nada sencillo. El audio era de mala calidad, por lo que debió reproducirlo una y otra vez para respetar la literalidad del testimonio, palabra por palabra. López era uno de los primeros entre sus entrevistados, que serían 35. Una vez desgrabado, el casete fue a parar a algún cajón o fue reutilizado en otro reportaje, y Horacio no pudo volver a encontrarlo.
Como solía hacer con sus entrevistados, el sociólogo pensaba volver a la casa de López con la entrevista impresa, para mostrársela y tener una segunda charla. Pero eso sería más adelante, cuando tuviera más testimonios y nuevas preguntas. Imposible saber que la segunda desaparición de su entrevistado alteraría aquellos planes.
–¿Cómo empezó tu militancia?
–Mirá, nosotros empezamos... si te digo, vos te agarrás la cabeza, a los 14 años cuando Cipriano Reyes liberó a Perón. Vinimos de La Pampa en total 19. De cada pueblo veníamos dos o tres. Mi viejo era el segundo afiliado al Partido Peronista.
–¿Qué era tu viejo antes de ser peronista?
–Era conservador. Casi todos se hicieron peronistas, el último que quedó fue Solano Lima.
–¿Dónde naciste?
–En General Villegas, en el año 1929. Vine a La Plata en 1956. Cuando el lío que lo sacan a Perón me tuve que ir de allá porque andaba una patota de la Federal y se los estaba llevando a todos. Entonces, el comisario me dice: “Tomate el piojo porque se viene una patota de militares”. Yo conocía casi toda la nación, había estado en Bariloche.
(...)
–¿Qué hacías en la unidad básica?
–Me dedicaba a andar con los chicos, les enseñaba a jugar al fútbol. Eso era todo barrial. Yo era albañil y con otros muchachos hacíamos todos los trabajos de arreglar veredas.
–¿Vos trabajabas de albañil?
–Sí, yo lo aprendí con gente que había venido de Italia y con ellos aprendí el oficio. También me servía para otras cosas.
–¿Habías podido ir a la escuela?
–Yo a la escuela fui hasta sexto. Después hice cursos. Quise tener un título en la construcción, pero no seguí. Trabajaba en la construcción mientras iba a la unidad básica. Era como entrenador de chicos del barrio. Todavía pasan por acá, por mi casa, y se acuerdan de esa época. Participaban en torneos. Yo les decía que se cuidaran.
–¿Conocías gente que militaba, por ejemplo, en el ERP e iba al barrio?
–Sí, conocía, vinieron acá.
–¿Ustedes en la unidad básica tenían charlas de política?
–Sí, hablábamos de todas las cosas que pasaban, de qué podíamos hacer.
–¿Fuiste a Ezeiza?
–Iba pero me volví en la mitad del camino.
–¿En la unidad básica hablaban, por ejemplo, de qué era el socialismo?
–Socialismo eran los socialistas que inventaron todas las leyes, aguinaldo, vacaciones. Eso existía de antes, ya lo habían votado los socialistas; (Alfredo) Palacios, (Nicolás) Repetto, (Juan B.) Justo, la mujer de Justo (Alicia Moreau). Esos habían hecho las leyes; cuando vino Perón no se cumplía nada, como ahora. Si te viene bien lo cumplís, si no, no lo cumplían. Perón no puso nada, estaba todo escrito. Vos por ejemplo tenías que cobrar un sueldo de 30 pesos por día y te pagaban 15 pesos y no te pagaban vacaciones, nada. Con Perón se empezó a cumplir todo. Fue cuando sacó al obrero. El obrero estaba olvidado.
El cariño que López mostraba por los socialistas lo llevó a afiliarse al Partido Socialista Democrático (PSD), cuando terminó la dictadura. Su ficha de afiliación tiene como fecha el 2 de septiembre de 1985. El documento lo firmó el secretario general del PSD, Antonio Cóccaro. Según una militante socialista, López se afilió porque tenía buena relación con un grupo de viejos socialistas que se reunía en el local de la calle 49. Nunca militó activamente.
–¿Tu casa estaba cerca de la unidad básica donde vos ibas?
–Yo vivo acá desde el año ’56 o ’57. La unidad básica estaba en 68 y 142, estaba a tres cuadras. Estaba esta chica que la mataron. Le tenían bronca porque se dedicaba a cuidar chicos, a darles de comer. Los Montoneros de Firmenich hicieron cosas buenas, pero después se fanatizaron mucho.
–¿Cuánto tiempo estuviste en la unidad básica? ¿Un año?
–No, más. Yo estuve seis meses preso en el campo de concentración, acá en Arana. Mi nombre de guerra era Cabeza.
–¿Vos veías que los chicos estaban muy fanatizados, sobre todo los chicos de la facultad?
–Claro, muy fanáticos. Faltaba un entrenamiento militar. La policía venía con un arma y te mataba enseguida. Una vez le dije a Asuaje: “Che, está llegando gente rara a la unidad básica”. Esos llegaron para descubrir.
–¿Vos te preguntabas por qué estabas en la unidad básica? ¿Qué era lo que te gustaba?
–Y a mí me gustaba hacer cosas en el barrio. Yo también les dije: “Vamos a blanquearnos, a hacer un partido político”. Yo veía que faltaba preparación, entrenamiento militar. También convicción, los mandaban a hacer cualquier cosa.
–¿Vos todo eso lo decías?
–Sí.
(...)
–¿Te acordás de alguna anécdota de la unidad básica con la gente de la facultad?
–Ibamos a la facultad. Había conferencia, lo vimos a (Fernando) Vaca Narvaja.
–¿A vos te parecía bien lo que decían?
–No, siempre estaba en contra. No me gustaba eso de mandar al frente. No había preparación.
–¿Vos mismo alguna vez guardaste armas, material?
–No. Me ofrecieron, pero no.
–¿Leías libros, revistas, documentos de la Orga?
–Sí, discutía, pero no leía.
(...)
–¿Vos te considerabas miembro de la organización Montoneros?
–Yo, sí.
–¿Vos tenías mucho trato con los chicos de la universidad en la unidad básica?
–Sí. Ellos me querían mucho. Los mandaban hacer cosas sin entrenamiento, a pintar paredes. Vos tenías un trato con los estudiantes pero te dabas cuenta de que estaban sin entrenamiento, equivocados, pero seguías estando con ellos. Yo no me fui. Yo era muy independiente (...) Yo quise entrenar chicos, pero ya era tarde. Yo estaba de acuerdo con hacer la revolución como Castro, con eso sí estábamos de acuerdo. Habíamos estado con el gobierno corrupto de Isabel y López Rega, los más corruptos. Con la gente del barrio nos llevábamos bien, acá todos nos querían y todos cooperaban.
–¿En esos años la gente colaboraba?
–Sí, todos. La gente de la unidad básica eran todos universitarios. Ellos ahorraban plata para entregarla en el barrio. Yo estaba encargado del fútbol. (...) Perón, por otro lado, era un fayuto. Yo estaba preso y los montoneros querían sabotear la transmisión del Mundial y me dio una bronca. No podía ver los partidos mientras estábamos presos.
–¿Nunca más tuviste una experiencia así, de estar con gente joven?
–No, como esa no. Joven e inteligente. Fue por eso el Plan Cóndor. Porque Sudamérica con esa juventud que mataron los pasaban por arriba a los yanquis. Los mandan a matar a todos. Fue la Iglesia, el Vaticano y la CIA. (El secretario de Estado de los Estados Unidos, Henry) Kissinger fue el represor más grande. Cuando necesiten agua van a hacer boleta a todos. Hay que pensar las cosas globalmente.
–¿Los chicos pensaban en esos términos?
–La que yo digo era una juventud maravillosa.
–Pero tenía rasgos de fanatismo...
–El fanatismo, pero no creado por ellos. Por los que no lo supieron manejar. Fueron las cabezas y se desaprovechó. Vos hablabas con uno de ellos y te quedabas admirado, porque veías que la tenían bien pensada, bien preparada. Eso era lo que yo me admiraba de todo. Perón en los ’50 tuvo gente pero no tan inteligente. (Antonio) Cafiero, (Carlos Saúl) Menem, los discípulos de Perón, se decían peronistas pero si les dabas un millón de pesos, dejaban a los pibes con hambre.
* La entrevista realizada por el sociólogo Horacio Robles a Jorge Julio López forma parte del acervo del archivo de historia oral del Departamento de Sociología de la Facultad de Humanidades de La Plata. Su tesis de maestría, defendida el 11 de noviembre de 2011, tiene esta dedicatoria: “En homenaje a Jorge Julio López, entrevistado por el autor el 20 de julio de 2006 en su casa de Los Hornos, a dos meses de su desaparición ocurrida en septiembre de ese año”.
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viernes, 6 de septiembre de 2013

Profundo malestar con el partido de gobierno


                                     Montevideo, 6 de setiembre de 2013


Mesa Política Nacional
del Frente Amplio.
Atn. Dra. Mónica Xavier.

De nuestra consideración:

La creación de la Institución Nacional de DDHH y Defensoría del Pueblo (INDDHH), en el año 2009, fue una gran conquista de la sociedad uruguaya. Al aprobarse unánimemente en  el Parlamento la Ley 18 446,  se modernizó positivamente la institucionalidad democrática y se profundizó la democracia reconquistada con la resistencia y la lucha de los trabajadores y del pueblo uruguayo.

Las instituciones nacionales de DDHH son escudos para los débiles, para los ciudadanos más vulnerables y más desprotegidos de las sociedades. Los banqueros, los grandes industriales y terratenientes, los dueños de los medios de comunicación, las transnacionales, tienen los recursos, los medios, para proteger y defender sus intereses, sin tener que recurrir a órganos como la INDDHH.

El sistema capitalista ya ha demostrado que no es  alternativa para el futuro de la humanidad. El régimen que lo sustituya se asentará en la plena vigencia de los principios democráticos,  de la libertad, en su profundización, desarrollo y extensión. Las normas de derechos humanos son y serán el pilar básico y esencial de dicha sociedad.

El fortalecimiento, desarrollo y potenciación de la INDDHH es imprescindible para afirmar y profundizar la democracia uruguaya, para afirmar la libertad y los derechos de los ciudadanos frente al gobierno, los poderes y la burocracia estatal. Es muy veleidosa la probidad de los hombres. Los 200 años de historia de nuestro país lo han demostrado.

La INDDHH es el órgano de la democracia uruguaya con el cometido específico y exclusivo de proteger, defender y promover los derechos humanos de todos los ciudadanos.

El 6 de diciembre de 2012, la INDDHH emitió una Recomendación al Poder Ejecutivo solicitando el envío al Parlamento, para su aprobación antes del 25 de octubre de este año, de un proyecto de ley destinado a subsanar las carencias, insuficiencias e inconsistencias de las leyes reparatorias aprobadas durante el gobierno anterior, especialmente la Ley 18 033.

La INDDHH realizó dicha sugerencia al constatar que la misma violenta principios básicos de las normas internacionales de DDHH que Uruguay ha ratificado y que, por lo mismo, en los hechos, hasta que dicha ley no sea modificada, se continúa violentando los derechos de las personas que han sido víctimas del terrorismo de Estado, especialmente de los expresos políticos.

La INDDHH cuando adopta resoluciones como la señalada, no emite informes. Son decisiones y recomendaciones de carácter jurídico no vinculante, pero no son informes burocráticos. Son pronunciamientos que deberían ser seriamente tenidos en cuenta por los actores involucrados y el sistema político como tal, especialmente por aquellos partidos consustanciados con los valores y principios democráticos y comprometidos con la defensa y promoción de las normas de derechos humanos.

La Ley 18 033, aún con sus carencias señaladas, fue un paso importantísimo en la superación de las heridas causadas por el terrorismo de Estado a partir del 15 de abril de 1972 en el marco de un Estado que comenzó a actuar en forma ilegítima desde el 13 de junio de 1968.

Simplemente modificando el Artículo 11 de la Ley 18 033 es posible seguir avanzando en el cumplimiento de las obligaciones del Estado uruguayo en el sentido manifestado el 6 de diciembre de 2012 por la INDDHH.

Crysol presentó al respecto una propuesta modificativa con el concurso del Dr. Alejandro Artuccio que es una iniciativa facilitadora del cumplimiento de la recomendación de la INDDHH.

Por medio de la presente nota, expresamos a Uds. nuestro profundo malestar como colectivo organizado ante la ausencia de una resolución explícita por parte del Frente Amplio instando al Poder Ejecutivo a cumplir con la recomendación de la INDDHH y el escaso respaldo, por la vía de los hechos, a la propia Institución.

Este silencio debilita y deslegitima a la INDDHH, expone a Uruguay a ser observado por el Consejo de DDHH de las Naciones Unidas en el Examen Periódico Universal (EPU) y posterga para un futuro incierto la solución a una injusta situación que afecta a un colectivo reducido y con un promedio de 69 años de edad.

Ratificamos como siempre nuestra disposición al diálogo y al intercambio franco de opiniones. Fuimos, somos y seremos una Organización No Gubernamental, comprometida con la Verdad, la Justicia y la Memoria, con los principios y directrices que emanan de la Resolución 60/147 de las Naciones Unidas para asegurar efectivamente, mediante su plena implementación en el país, el Nunca Más terrorismo de Estado.





viernes, 30 de agosto de 2013

Crysol se entrevistó con Amerigo Incalcaterra




De izquierda a derecha: Gastón Grisoni, Dr. Juan Raúl Ferreira,
Amerigo Incalcaterra, Baldemar Taroco y Uberfil Martínez
En la tarde de ayer una delegación de Crysol se entrevistó con Amerigo Incalcaterra, Representante Regional de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. 


La breve reunión se llevó a cabo en la sede de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (INDDHH).



Crysol manifestó su respaldo a la Institución Nacional de DDHH y su preocupación por el desconocimiento de algunas de sus recomendaciones por parte de algunas instancias del Estado uruguayo y se le solicitó su apoyo.


Especialmente, Crysol expresó su inquietud por la no implementación de la Resolución del 6 de diciembre de 2012, acerca de las leyes reparatorias, por parte del Poder Ejecutivo y la falta de compromiso, al respecto, del partido gobernante, que hasta el momento no se ha pronunciado claramente en cuanto a la necesidad de hacerlo, desvalorizando a la INDDHH por la vía de los hechos.


Con el propósito de afirmar en la vida misma las normas de DDHH, asimismo se le informó que Crysol se presentó formalmente ante el Consejo de DDHH de la Organización de las Naciones Unidas solicitando al mismo que se expida al respecto y observe al Estado uruguayo por desconocer a la INDDHH y sus recomendaciones orientadas a dar cumplimiento a la Resolución 60/147 de la ONU.


La INDDHH es el órgano de la democracia uruguaya con el cometido específico y exclusivo de proteger, defender y promover los derechos humanos de todos los ciudadanos.


La creación de la Institución Nacional de DDHH y Defensoría del Pueblo (INDDHH), en el año 2009, fue una gran conquista de la sociedad uruguaya, en cuya gestación, con nuestros  esfuerzos, participamos activamente.


Con la creación de la INDDHH se modernizó positivamente la institucionalidad democrática y se profundizó la democracia reconquistada con la resistencia y la lucha de los trabajadores y del pueblo uruguayo.


Las instituciones nacionales de DDHH son escudos para los débiles, para los ciudadanos más vulnerables y más desprotegidos de las sociedades. Los banqueros, los grandes industriales y terratenientes, los dueños de los medios de comunicación, las transnacionales, tienen los recursos, los medios, para proteger y defender sus intereses, sin tener que recurrir a órganos como la INDDHH.


El capitalismo ya ha demostrado que no es  alternativa para el futuro de la humanidad. El régimen que lo sustituya se asentará en la plena vigencia de los principios democráticos,  de la libertad, en su profundización, desarrollo y extensión. Las normas de derechos humanos son y serán el pilar básico y esencial de dicha sociedad.


El fortalecimiento, desarrollo y potenciación de la INDDHH es imprescindible para afirmar y profundizar la democracia uruguaya, para afirmar la libertad y los derechos de los ciudadanos frente al gobierno, los poderes y la burocracia estatal. Es muy veleidosa la probidad de los hombres. Los 200 años de historia de nuestro país lo han demostrado.




miércoles, 21 de agosto de 2013

Una familia devastada por el Plan Cóndor

EL TESTIMONIO DE IVONNE TRIAS EN EL JUICIO POR LA COORDINACION REPRESIVA DE LAS DICTADURAS

Página 12 - 21 8 13 - Por Alejandra Dandan

La periodista uruguaya habló del secuestro y la desaparición en Buenos Aires de su esposo, Carlos Rodríguez Mercader; de su hermana Cecilia y su compañero Washington Cram González. “Lo que pasó fue como acuchillar el vínculo entre las generaciones”, dijo.



Ivonne Trías
Ivonne Trías es periodista uruguaya y fue directora de Brecha. Ayer declaró en el juicio oral que, en Buenos Aires, juzga a parte de los responsables del Plan Cóndor. 

“Vengo a decir lo que sé y lo que no sé y quiero saber acerca del secuestro y desaparición de mi hermana Cecilia, de 22 años; de su compañero, Washington Cram González, de 27, y de mi esposo, Carlos Alfredo Rodríguez Mercader, de 26 años, los tres secuestrados y desaparecidos aquí. También quisiera hablar de lo que sé y no sé de otros compañeros y amigos muy queridos que desaparecieron en circunstancias similares. Y en tercer lugar, hablar de algunos de los imputados en esta causa. A uno lo conozco hace más de cuarenta años, siempre en circunstancias de torturas y apremios físicos, tratos degradantes. Y contar por qué estaba mi familia aquí.”
Ivonne y Carlos militaron en la Federación Anarquista Uruguaya (FAU), que generó más tarde al movimiento de Resistencia Obrera Estudiantil (ROE). Cecilia se sumó al sector estudiantil del ROE con una militancia periférica. En 1972, Ivonne quedó detenida en Uruguay, situación en la que permaneció hasta 1985. A fines de 1972, su familia viajó para refugiarse en Buenos Aires, mientras se acentuaban la represión y las persecuciones en Uruguay. Primero salió su esposo. En 1973, salieron Cecilia y Washington, que aquí tuvieron un hijo, estaban legalizados y con trabajo en blanco. Entre septiembre y octubre de 1976, Carlos, Cecilia y Washington fueron secuestrados por la coordinación represiva de los dos países en el marco del Plan Cóndor. Se cree que pasaron por el centro clandestino de Automotores Orletti y partieron a Uruguay entre los prisioneros del llamado “segundo vuelo” que permanecen desaparecidos. El hijo de Cecilia y Washington se salvó porque su abuela María Irma Hernández estaba en esos días de visita en Buenos Aires.
“Todos ellos vinieron de Uruguay porque estaban perseguidos, porque eran militantes políticos o estudiantiles, como mi hermana y su compañero.” “¿Por qué éramos todos militantes?”, preguntó Ivonne en la sala. “Porque en Uruguay ya en los años ’65 o ’66 empezó un ajuste que puedo describir como conservador, que puso por primera vez a los representantes directos de los grupos financieros en los puestos del gobierno para llevar adelante las medidas de carácter antipopular, la represión más fuerte que se había conocido. Y eso chocó con unas organizaciones populares muy fuertes también: había una organización de los trabajadores unificada; partidos de izquierda fuertes, como el Partido Comunista o el Movimiento de izquierda de Liberación nacional (Tupamaros).” Un escenario que no permitía imponer esas “medidas antipopulares sin chocar con una resistencia muy fuerte”.
Ivonne relató el avance del proceso año a año hasta llegar al golpe de junio de 1973. Las primeras militarizaciones y el contexto de conflictividad en el que “la mayor parte de los jóvenes de mi generación decidimos militar”. “No tuvimos que pensar si íbamos a intervenir en política o no –dijo–, ya en nuestra formación todos tempranamente sabíamos que la realidad había que cambiarla, participar era natural.” Ante las “ofertas” vigentes, el PC o el MLN, su grupo optó por otra “salida”: la FAU, una organización “con raíces históricas profundas” que “estaba acercándose a los movimientos de liberación de toda América, a la rebelión de las orillas, como la llamábamos”. En el relato, la FAU apareció así como punto de origen del movimiento que continuó en el MOR y, ya en 1975, entre los refugiados en Buenos Aires, con la organización del Partido para la Victoria del Pueblo (PVP), del que formaban parte la mayoría de los uruguayos secuestrados y desaparecidos aquí.

En Buenos Aires

Con el golpe de Estado uruguayo “se declara una huelga general” y empieza el “revanchismo de despidos, persecuciones, y es cuando mucha gente que ya estaba requerida y era perseguida empieza a ver que Argentina era el refugio (...) Se vienen muchos de mis compañeros y se instalan con intenciones de seguir lo iniciado en Uruguay en un proceso de discusión interna, recuperar fuerzas para volver y luchar contra la dictadura”.
Carlos viajó antes del golpe, a fines de 1972. Cecilia y Washington, en 1973. “Yo me comunicaba con mi hermana. Ella no tenía impedimento legal, nos escribíamos habitualmente. Sabía que estaba muy contenta y que estaban tratando de tener su primer hijo. Con mi marido, clandestino, nos enviábamos cartas ocultas en las que se podía decir muy poca cosa más que frases o ‘estamos bien’. O ‘te amo’ o ‘te espero’.”
Durante su estadía en la cárcel supo de los secuestros. Luego de un período de castigo empezaron a recibir visitas. “Vienen todos los familiares, pero no viene mi madre, cosa muy extraña porque no había faltado jamás. Faltó a la segunda visita, lo cual me alarmó, y a la tercera la noté demudada. Me dijo que mi hermana había salido a encontrarse con su compañero, ella estaba ahí porque había ido a cuidar a su niño. Me contó que no habían vuelto. Me contó que mi marido tampoco estaba y me decía entre lágrimas y medias frases cosas que no podía entender muy bien –dijo–. En parte por un bloqueo emocional, en parte porque no eran conceptos ni experiencias que teníamos como uruguayos.” Su madre le decía: “Todo fue un desastre, se llevaron a todos, están todos muertos”. Ivonne todavía pensaba que podían estar clandestinos.
De acuerdo con la reconstrucción que hizo después, supo que Cecilia, Washington y su hijo vivían en la calle Vicente López 2273, en Morón. El 28 de septiembre de 1976 dejaron al niño con la abuela. Primero salió uno, después el otro. Tenían como destino un bar en Juramento y Ciudad de la Paz. “Pasaron las horas. Mi hermana estaba amamantando a su bebé, por lo cual tenía horarios muy rígidos. Cuando no volvió, mi madre se puso muy nerviosa y más nerviosa hasta que llega mi marido y le dice: ‘Vieja, hay que salir de acá, ya, ya, ya. Llevamos al niño porque cayeron los chiquilines.” Carlos Rodríguez Mercader, a esa altura, estaba a cargo de la dirección de emergencia del PVP. Lo secuestraron el 1º de octubre.
Uno de los represores uruguayos juzgados en este juicio es Manuel Cordero. Es uno de los más mencionados por los sobrevivientes de Orletti. Estaba encargado de los enlaces de prisioneros entre Argentina y Uruguay.
Ivonne lo conoció en agosto de 1972, en el cuartel Quinto de Artillería: “Mi primer impacto fue una actitud inolvidable, porque estaban todas las presas en una habitación común y Cordero entraba y lo primero que hacía era pasar la mano por todas las bombachas que estaban en la primera cuerda y después iba y se sentaba en la cama de una detenida, una pobre muchacha de 18 años a la que le habían matado a su esposo. Manoseo y un oprobio, violaciones elementales al derecho de ella y todas las que estaban alrededor. Cuando traían al bebé de esta chica a visitarla lo tomaba en brazos y se paseaba como si fuera un trofeo. Fue tal la indignación que todo esto me produjo que cuando el comandante del cuartel me preguntó si tenía un problema particular con Cordero, le relaté los hechos.”
En 1974, Cordero intervino en el asesinato de Iván Morales Generali, un militante que llegó a Uruguay con volantes y documentos. En 1975, encabezó una suerte de negociación para intercambiar presos por una reliquia. Y fue quien le dijo a Ivonne los detalles de dónde y qué hacía su familia en Buenos Aires, situación que reflejaba la persecución. 

En 1976, aparece en la “lista infinita” de todos los detenidos de Orletti, dijo Ivonne. Y en particular en el testimonio de Sergio López Burgos, quien relató “escenas escalofriantes, en que dirigía no sólo los interrogatorios sino la tortura”. Señaló que Cordero violó a Ana C. en medio de la tortura, “que en el momento en el que termina de cometer ese acto de tortura sigue con su aparato, el disyuntor, y sigue con la tortura a López Burgos: ésa es la pintura de uno de los imputados según mi propia experiencia y la experiencia de muchas personas que entrevisté para realizar una investigación que culminó en un libro. Ninguno de los que declaran se ha retractado”.
En la sala, una de las querellas le preguntó a Ivonne si podía decir algo de los efectos de la dictadura en su familia. “En un momento de 1972, la familia era una familia que prometía –dijo ella–. Eramos mi padre, mi madre y mi marido y yo; mi hermana con su pareja y una idea del mundo y de nietos. Cuando yo salí de la cárcel quedaba mi madre y el hijo de mi hermana, nada más. Yo pienso que todos necesitamos formar parte de una historia, no digo de la Historia con mayúscula, de una historia chiquita, de familia. Ser hijos de algo, como dice Marcelo Viñals, de alguien, abuelo de alguien, nieto de alguien. Y lo que pasó fue como acuchillar el vínculo entre las generaciones y dejar un poco como que todo empieza de nuevo cada vez. Esto es para mí un sentimiento de lealtad con mi historia, con mi familia. Me parece que tiene algo de terrible esto de venir a contar historias espantosas, pero tiene algo de recomponer ese vínculo cortado, esa genealogía que quedó trunca y eso me parece que es algo positivo.”
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domingo, 18 de agosto de 2013

"Es evidencia para los procesos judiciales"

VICTOR ABRAMOVICH DIO DETALLES DEL PRIMER CATALOGO REGIONAL 

SOBRE LA REPRESION.


Página 12 - 18 08 13 - Por Alejandra Dandán



Dr. Vìctor Abramovich
El catálogo, al que se accede a través de Internet, contiene archivos de varios países que reúnen información sobre el Plan Cóndor. Lo hizo el Instituto de Políticas Públicas en Derechos Humanos del Mercosur, coordinado por Abramovich.

El Instituto de Políticas Públicas en Derechos Humanos del Mercosur (Ippdh) acaba de poner on line el primer catálogo de fondos documentales que contienen archivos sobre las acciones y políticas represivas vinculadas a la Operación Cóndor. 

El catálogo es una guía que reúne la información de 155 fondos situados en los distintos países de la región. En general, son de las fuerzas de seguridad, aunque hay algunos vínculos hacia archivos privados como el caso de Emilio Mignone del CELS. No son los archivos de las dictaduras sino un mapa que muestra cuáles son las instituciones o lugares que los custodian o los administran. 

La iniciativa es importante porque por primera vez articula en un mismo espacio virtual a la región y las políticas de Estado que impulsan la organización y apertura de archivos. También muestra quiénes están más avanzados y dónde hay cuestiones pendientes. A la vez, es una herramienta que puede contribuir a potenciar los procesos de justicia en aquellos países en los que están pendientes y los reclamos de desclasificación donde esos procesos avanzaron, como el caso argentino, pero muchos de los fondos documentales siguen sin desclasificar.

Víctor Abramovich, coordinador del Ippdh, describe la iniciativa y sus sentidos políticos: “Antes se construía memoria desde enfrentar al Estado, las organizaciones de derechos humanos tenían sus archivos. Como director del archivo del CELS, me acuerdo que era un archivo de la resistencia, estaba atrás, cerrado con llave, nadie entraba porque era el archivo con el cual uno iba a impugnar un ascenso, a presentar un juicio. 

Pero ahora, la idea es buscar documentos para salir a la esfera pública para generar debates sociales. Me parece clave que esté ocurriendo. Y esto creo que es porque hay un punto común: hay políticas de archivo. Lo novedoso es el intento de coordinarlo en el espacio del Mercosur”.

–La guía no son los documentos, sino un muestrario de dónde están. ¿Cuál es su potencialidad?

–Es una herramienta para acceder más fácilmente a la información sobre los archivos que contienen, o podrían contener, datos relevantes respecto del Cóndor y, más allá del Cóndor, sobre la coordinación represiva del Mercosur. No concentra documentos, es una guía con la descripción de los principales centros documentales. Orienta al historiador, a un investigador, un fiscal o a las comisiones por la Verdad que tienen que tener pistas para saber dónde buscar. 

Pone en un único espacio virtual toda esa información: cuáles son los fondos, qué tipo de documentos e información tienen o qué institución la produjo para que uno pueda comparar. Por lo general, producen información instituciones de seguridad, Ejército o Inteligencia. Pero también, hay organizaciones vinculadas a los trabajos de resistencias, como organizaciones sociales o de personas. Está el dato sobre el fondo de archivo de Mignone, de dirigentes sociales brasileños. 

El mapa permite a su vez reconstruir la historia de las coordinaciones represivas porque cruza varios fondos sobre una misma información. No está el documento que cuente cómo se mató a una persona, pero sí los datos de contexto aunque no quiere decir que a futuro esto también esté.

–¿Cuál es la importancia en términos políticos?

–Tiene también un análisis de cómo acceder y los niveles de acceso: si son reservados, si hay un procedimiento para acceder a ellos. Muchos, sobre todo los brasileños, están más adelantados en cuanto a digitalización. Cuelgan todos los documentos en la web, un proceso que acá nunca se dio de esa manera. Hay un link a los archivos que están desclasificados. 

En ese sentido, la guía puede pensarse que orienta pedidos de exhorto o a los investigadores de las comisiones por la Verdad o los intercambios entre distintos países. Detrás hay un objetivo político que es apuntalar el proceso que se está dando en los países de la región y no es tan conocido como el proceso de justicia, pero es el relevamiento, ordenamiento y desclasificación de archivos. Es menos conocido porque es más burocrático, más lento. Los archivos se ordenan, pero no se publican. Quedan archivos localizados, muchos son confidenciales, pero un juez o una comisión podría pedirlos.

–Los fiscales de la región pidieron articular espacios de investigación sobre el Cóndor. ¿Esto es otra cosa o plantea alguna relación?

–Creo que son procesos que se van retroalimentando. El archivo tiene un valor, es evidencia para los procesos judiciales. Los procesos tienen testimonios y archivo. Como se investigan hechos que ocurrieron hace 30 o 40 años, los testimonios cada vez son menos y los archivos tienen un peso de evidencia muy fuerte. En las causas de las dictaduras, cuando aparece un archivo es decisivo. 

A veces, no tiene la prueba de un crimen pero cuenta relaciones, destinos de funcionarios, aparatos burocráticos, quién ordena a quién. Eso es clave para construir las cadenas de mando para la autoría mediata en materia penal. Tienen peso de evidencia. Ahora bien, hay países que no están juzgando. 

Por ejemplo, Brasil no juzga pero tiene el proceso de verdad, de memoria muy fuerte. Allí los archivos están teniendo un peso muy fuerte en la discusión pública sobre la dictadura. Aparece un archivo y dispara un debate, como cuando aparece un cuerpo y se identifica no podés frenar la discusión sobre quién era la victima. Por un lado, entonces, está esa Comisión por la Verdad que funciona con reglas de confidencialidad reservadas pero los archivos disparan discusión pública: ese valor político que tienen los archivos para el debate público es muy importante.

–¿Cómo están los otros países?

–En Argentina, desde que se abrieron los juicios, hay una política de ordenamiento de archivos así como hay una política de sitios de memoria. Y existe la mejor política: unidades de búsqueda de documentos que combinan gente con formación archivística con quien sabe qué buscar porque tiene conocimiento histórico que le viene de su propia militancia política. Eso permite hacer búsquedas, armar colecciones, fondos documentales. Se está haciendo en muchos lugares. La (ex) Dipba, Córdoba, Mendoza. 

Los archivos de las Fuerzas Armadas en Defensa. En Cancillería, en Seguridad. En Uruguay se hizo en el Ministerio de Relaciones Exteriores y algunos archivos policiales. En Chile hay un trabajo de archivos en varios espacios. Los archivos funcionan para distintos propósitos, pero para que existan tiene que haber una decisión política y una política de archivo. Yo creo que ese es un cambio importante. Hay políticas de archivo impulsadas desde el propio Estado.

–En ese sentido, también permite ver lo que falta.

–La guía es también una forma de ver qué está pasando en la política de archivos. Hay campos en los que no se empezó a buscar y ordenar documentos que pueden ser importantes para el tema de la coordinación represiva. El de las organizaciones sociales, las iglesias. Memoria Abierta armó una guía de archivos de organizaciones no gubernamentales. También hay áreas estatales que será clave que estén como Migraciones. Y, por supuesto, el trabajo que acá hace Seguridad y Defensa en Brasil no se hace. Son otros los archivos que aparecen, algunos de policía que hacía control político. Pero hay otras áreas que todavía faltan.

–Al poner a todos los países juntos, los compara. ¿Es como una línea que marca hacia dónde hay que ir?

–Otra cuestión que surge son debates todavía abiertos sobre las reglas de acceso. Toda documentación vinculada con violación grave de derechos humanos tiene que ser pública en principio. Es cierto que hay información de seguridad o defensa que son más sensibles. Ahí empiezan a cruzarse intereses que son contrapuestos. Lo que señalamos es que hay países que tienen legislación o decretos que parecerían propiciar mayor apertura, pero cuando llegás a la institución con el archivo no tiene un protocolo claro de cómo es el criterio de reserva, cuándo o cómo desclasificar. No tiene procedimiento estandarizado.

–¿Es un primer paso hacia la apertura definitiva?

–Exactamente. Pueden existir causales de reserva, pero la reserva tiene que estar sujeta a una interpretación muy estricta, ante la duda tienen que estar por la publicidad. Muchas veces la inercia burocrática hace lo opuesto: por lo general reservan todo cuando podría haber sólo algo para reservar y abrir el resto.

–Ahora bien, así como en Brasil una desclasificación genera debates, ¿puede pensarse que ese debate empuje procesos de justicia?

–Como en todo, como pasaba acá. En Brasil hay actores refractarios a la apertura de los juicios y otros sociales y políticos que quieren que se juzgue. La regionalización del debate no es neutral, tiene impacto. Las sociedades son distintas, las transiciones fueron distintas, pero llevar esto al espacio regional tiene peso sobre los procesos nacionales. 

Por otra parte, el juzgamiento está vinculado con principios internacionales y regionales. El principio de que estos crímenes tienen que ser juzgados es un principio internacional que los países van incorporando en sus sistemas nacionales. Creo que cada país atraviesa procesos distintos pero tienen una dimensión regional que influye en lo local. Qué puede pasar en Brasil, es difícil anticiparlo, pero si uno mira para atrás creo que el tema está mucho más fuerte. Uno puede decir que optan por informes de la Comisión de la Verdad, pero los procesos de Verdad no son inocuos en términos de justicia, porque más verdad hace más difícil justificar que no vas a juzgar como si nada hubiera pasado.

–Una de las demandas de los fiscales respecto del Cóndor era cómo pensar en términos de imputación el rol de Estados Unidos. ¿Esta guía cómo incluye ese rol?

–Las instituciones que relevamos son de países de Mercosur y Chile. Pero no hay ninguna investigación en la región que no muestre el papel central sobre el rol de Estados Unidos en el Mercosur. Pero también estamos discutiendo ampliar dentro de los fondos los documentos desclasificados, por ejemplo, de la National Security o de organizaciones que siguieron estos procesos y su coordinación represiva. O los del Acnur sobre los casos de exiliados.

* La guía puede consultarse en la página web del Ippdh. O en




La idea del catálogo


¿Por qué surge en 2011 la idea de hacer el catálogo?


–Dentro de la región, se creó una comisión para contar lo que hacía cada país en materia de políticas de Memoria, Verdad y Justicia. Empieza a discutirse el tema de la Comisión de la Verdad de Brasil. En ese contexto, Argentina, Uruguay y Brasil plantean generar una iniciativa de coordinación sobre este tema de los archivos. 

Pero cada vez más, el Mercosur funciona no sólo como un lugar de intercambio de información sino de coordinación de políticas y en algunos casos de fijar posiciones comunes ante foros. En el campo de derechos humanos, cada vez más se constituye un espacio de discusión de políticas regionales que a veces son iniciativas para apuntalar el proceso regional. No hay solo un Mercosur económico sino un ámbito cada vez más válido, legítimo, de trabajo en otros espacios. 

Es interesante porque los gobiernos son los que deciden llevar estos temas a esos ámbitos. No son los mismos modelos de política que se aplican a otras regiones. Hay un elemento diferencial: casi todos los países sufrieron graves dictaduras o terrorismo de Estado y es como algo compartido. Ahí construyen. La relación entre derechos humanos y democracia no es lo mismo en el Cono Sur que en otras regiones, porque está muy vinculado a un pasado en común. Después hay otros ámbitos en los que comienzan a construirse acuerdos. 

Migraciones, con un enfoque basado en el reconocimiento del migrante como sujeto de derecho que tiene que tener acceso controlado y demás, pero a los mercados de trabajo, a los sistemas sociales. Es decir, valorizar el aspecto positivo es una contracara con la mirada de las migraciones como tema de seguridad, de control de fronteras o hasta de preservación de identidades culturales.

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Presidente

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