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jueves, 19 de julio de 2012

La "ratonera" que montó Hugo Cores

Un testimonio clave para el caso de Lilián Celiberti y Universindo Rodríguez.


Lilián Celiberti
Consecuencia de la decisión del presidente José Mujica de ordenar la reapertura de 81 expedientes judiciales sobre delitos de lesa humanidad, el caso del secuestro en Porto Alegre de Lilián Celiberti y Universindo Rodríguez tendrá el próximo lunes 16 una instancia decisiva cuando comparezca ante la jueza penal Mariana Mota el periodista brasileño Luiz Claudio Cunha.



SAMUEL BLIXEN. DESDE BRASILIA. Brecha 13 7 12

En el seminario Internacional sobre la Operación Cóndor -organizado en Brasilia los días 4 y 5 de julio por la Comisión Parlamentaria Memoria, Verdad y Justicia que coordina la diputada Luiza Erundina- Cunha hizo una rigurosa y detallada exposición sobre el protagonismo de la dictadura brasileña en la coordinación represiva del Cono Sur y dedicó una parte de su informe al caso de los dos uruguayos, en aquel entonces militantes del Partido por la Victoria del Pueblo (pvp). 

El periodista, que en 1978 trabajaba para la revista Veja, aportó datos de su exhaustiva investigación y relató su participación personal, determinante para que se frustrara el secuestro y, debido a la denuncia y su repercusión internacional, salvaran sus vidas Lilián y Universindo.

"En noviembre de 1978 el Cóndor fue hasta Porto Alegre para perseguir a sus enemigos ", dijo Cunha después de detallar la estrategia de bajo perfil de los generales de la inteligencia brasileña, que movían los hilos dejándole el crédito a los chilenos. "Atravesar la frontera seca de Río Grande del Sur parecía ser más simple que cruzar el Río de la Plata para secuestrar opositores en Buenos Aires ".

El periodista identifica al entonces coronel Calixto de Armas como "el hombre más poderoso de la represión, jefe del Departamento II del Comando General del Ejército, responsable de las acciones del brazo operacional del Cóndor uruguayo, la secreta Compañía de Contrainformación". 

Dos meses antes, el coronel De Armas había concluido la entrega clandestina al ejército argentino de dos militantes vinculados al Ejército Revolucionario del Pueblo (erp), Manuel Eduardo García y María Catalina Benassi, apresados cuando descendían de un avión en el aeropuerto de Carrasco.

"El coronel, que sólo recibía órdenes de dos hombres, su jefe inmediato, el general Manuel Núñez, y el comandante del Ejército, general Gregorio Alvarez, se había procurado un camara-da de hermandad del Cóndor en Brasil, el coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, quien durante el gobierno de Médici montó la maquinaria de tortura del doi-codi en San Pablo, y que en el gobierno de Geisel fue jefe en Brasilia del Sector de Operaciones del cíe, el servicio secreto del Ejército."

Cuando hizo contacto, en noviembre, de Armas encontró a su camarada de represión en desgracia, al frente de un cuartel de artillería en San Leopoldo, en las cercanías de la capital gaucha, pero las indicaciones de Ustra le permitieron contactar desde Montevideo al estado mayor del III Ejército de Río Grande solicitando pase libre para sus hombres de la Compañía de Contrainformación; fue autorizado para operar pero en compañía del delegado del dops, Pedro Seelig, famoso por haber desbaratado la izquierda armada en la región.

Una semana después, "la cúpula de la compañía uruguaya circuló en Porto Alegre: su comandante, el mayor Carlos Alberto Rossel; el subcomandante, mayor José Walter Bassani y el capitán Eduardo Ramos, jefe de la Sección Técnica". 

Más tarde fueron sustituidos por el capitán Glauco Yannone. "En la mañana del domingo 12, detuvieron a Lilián Celiberti en la terminal de ómnibus de Porto Alegre. Universindo fue preso horas más tarde junto con los dos hijos de Lilián, Camilo, de 8 años, y Francesco, de 3. Los dos militantes del pvp fueron desnudados y duramente torturados en la sede del dops gaucho. El delegado Seelig observaba, el capitán Yannone actuaba."

La pareja y los niños fueron trasladados al Chuy por la policía brasileña y entregados al capitán Eduardo Ferro, que los esperaba. Lilián y Universindo fueron nuevamente torturados en la fortaleza de Santa Teresa. Dice Cunha: "Experta, Lilián insinuó un encuentro en Porto Alegre con el objetivo principal del Cóndor uruguayo, Hugo Cores, líder del PVP.

Lilián fue traída de vuelta a la capital gaucha por el jefe del sector de operaciones de la compañía, el capitán Eduardo Ferro, que armó una ratonera para capturar a su presa en un apartamento de la rúa Botafogo, donde vivía Lilián. Pero fue el capitán quien cayó en una ratonera de Hugo Cores".

Alertado por el silencio de sus compañeros, Hugo Cores, que permanecía clandestino en Brasil, hizo una llamada anónima a la sucursal de la revista Veja, denunciando la desaparición. "Cuando los hombres armados de Ferro y Seelig, ocultos en el apartamento, abrieron la puerta, empuñando sus armas, en la tarde lluviosa del 17 de noviembre, no sorprendieron a un esperado Hugo Cores. En verdad fueron sorprendidos ellos por la presencia inesperada de un periodista y un fotógrafo, a su vez más sorprendidos por las armas apuntadas hacia sus cabezas. Cuento todo esto porque yo era el periodista, al lado del fotógrafo J B Scalco. Olí el olor del Cóndor. Encaré la oscuridad sin fin de un caño de pistola entre mis ojos. "

Ferro, quien se apropiaba incluso de los crímenes de otros para jactarse, se vio obligado a abortar la operación de Porto Alegre y retornar a Montevideo con sus presas, que terminaron en la cárcel. La denuncia del secuestro se convirtió en un escándalo:

 "El fiasco de rúa Botafogo -afirma el periodista- expuso al ridículo a las dictaduras de Uruguay y de Brasil, en el contexto de una operación represiva que nunca erraba, que nunca dejaba sobrevivientes". Y se pregunta: "¿Por qué fracasó el Cóndor en Porto Alegre? Por dos razones principales, que desconcertaron simultáneamente a brasileños y uruguayos, por detalles que no eran comunes en sus respectivos países. Los niños desordenaron la rutina de eficiencia del delegado Seelig y sus agentes del dops. Al contrario de los uruguayos, que robaban los hijos de sus víctimas para entregarlos a las familias de sus verdugos, la represión brasileña no registra la desaparición de niños, mucho menos su presencia en las acciones de busca y captura de guerrilleros".

Por otro lado, sostiene Cunha, "los periodistas trastocaron la disciplina militar del capitán Ferro y sus colegas de la Compañía de Contrainformación. Al contrario de los brasileños, más acostumbrados a la insistente cobertura de una prensa sobre los excesos del régimen, a pesar de la censura, la represión uruguaya no concebía la presencia inoportuna de periodistas en los locales de trabajo clandestino".

El secuestro de Lilián, Universindo y los dos niños (amedrentados por soldados que los apuntaban con sus armas), a pesar del irrebatible testimonio del periodista y el escándalo internacional, fue archivado por el presidente Julio María Sanguinetti y permaneció en el limbo de la caducidad. 

Hasta ahora, en que la reapertura instala la posibilidad de que la justicia no sólo castigue el secuestro, las torturas, los simulacros de fusilamiento y la extradición clandestina, sino también la estructura militar, policial, diplomática, administrativa y burocrática del Cóndor, nunca desarticulada -como lo reveló el secuestro, desaparición y asesinato del chileno Eugenio Berríos en 1993- aunque existan pronunciamientos judiciales sobre episodios puntuales.

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