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domingo, 9 de febrero de 2014

La asunción de Villagrán en el Ejército

Brecha - 7 2 14 - Por Ricardo Scagliola


En el primer día de su mandato, el nuevo comandante en jefe del Ejército advirtió que “no hay más nada para decir sobre los desaparecidos”. El mensaje chocó de bruces con el intento de Aguerre de convertir al Ejército “en una fuerza aceptada por su pueblo”. 

El ex comandante habló con Brecha sobre los cambios en la fuerza, el tribunal de honor a Gregorio Álvarez y la relación con los retirados. Más silencio. Así podría resumirse el grueso del mensaje que el general Juan Villagrán pronunció el sábado pasado, en el Comando General del Ejército, tras su asunción como nuevo comandante en jefe. 

Minutos antes, bajo la lluvia que bañaba la Plaza de Armas y ante la atenta mirada de sus camaradas, Villagrán se comprometió con “el apego a las tradiciones” del Ejército, y destacó algunos de “los principios y bases axiológicas” que guiarán su mandato al frente de la fuerza, que finalizará dentro de un año. Son, dijo, “aquellos que han regido toda mi vida: honor, lealtad, disciplina, abnegación”. Anunció que ejercerá el comando “en forma justa y enérgica, sin por ello dejar de ser digno”, y, sostuvo, sus prioridades serán “mantener y acrecentar” la moral de los soldados. 

Villagrán hizo guiños a los retirados cuando sopesó “su experiencia y conocimiento” como “un capital que no se puede desperdiciar”. Se quedó corto el comandante. Poco después, consultado por la prensa sobre la posibilidad de que los militares aporten nueva información sobre los casos aún no cerrados del período de la dictadura, agregó que en las Fuerzas Armadas “no hay mucho más que decir”. Y alegó que “un 96 por ciento de los integrantes actuales de las Fuerzas Armadas” ingresó después del año 1985.

Las reticencias del nuevo comandante a aportar nueva información son, por lo menos, contradictorias. Meses atrás, fuentes militares reconocieron a Brecha estar trabajando en un nuevo informe que no incluiría datos sobre enterramientos sino información sobre las circunstancias en que fallecieron varios ciudadanos detenidos desaparecidos. 

En diciembre, el presidente se refirió al punto durante una conferencia sobre derechos humanos organizada por la embajada argentina. “El proceso va a continuar. Siempre aparece algo, y se va asomando”, señaló Mujica. Tras un período de “cambios importantes” en el Ejército, según reconoció el propio Pedro Aguerre a Brecha, las primeras señales dadas por Villagrán parecen indicar para buena parte de la izquierda un retroceso. 

Con algunos cambios simbólicos, como la modificación del paso militar “de disuasión”, herencia de la dictadura, y otros más palmarios –vinculados al despliegue territorial del Ejército–, los riesgos de la designación del nuevo comandante trascienden a la izquierda. Y radican en que, al calor del clima imperante en la fuerza de tierra, donde varios oficiales han manifestado cierto fastidio por algunos de los cambios impulsados en los últimos años, el Ejército recupere espacios político-institucionales que se le habían constreñido. La tendencia ahora, desde adentro, es a ampliarlos. 

Hombre proveniente del arma de caballería, Villagrán fue ascendido en 2007, mientras desempeñaba funciones como agregado militar en Madrid. En noviembre de 2010 fue designado jefe de la División III con asiento en la ciudad de Tacuarembó. Antes, en abril de 2008, el gobierno de Tabaré Vázquez lo había nombrado mandamás de los espías al confiarle la titularidad de la Dirección Nacional de Inteligencia del Estado (Dinacie).


“LA TAREA NO ESTÁ TERMINADA.” 

No comprarse problemas. Para varios expertos en defensa consultados por Brecha, esa parece ser la estrategia de Villagrán durante los 365 días que ejercerá el comando del Ejército. Lejos de remar contra la corriente, para un militar que se aproxima al retiro el objetivo suele ser buscar la complacencia de sus camaradas de armas, el aplauso, el honor, los galones. 

La elección del ex titular de la Dinacie, orientada a “dejarle las manos libres” al próximo gobierno –que en la Torre Ejecutiva, descuentan, ocupará el ex presidente Tabaré Vázquez–, tiene su contracara: la de un general que no enfrentará a sus pares. 

Para la izquierda es un dolor de cabeza. Para el Ejército, un alivio: durante su mandato al frente de la fuerza de tierra, Aguerre había ordenado levantar los “pactos de silencio” en torno al destino de los desaparecidos, y había advertido: “El Ejército no encubrirá delincuentes ni homicidas dentro de sus filas”. Hacia el final de su período, Aguerre acompañó la decisión del Poder Ejecutivo de conformar tribunales de honor para aquellos militares que, procesados por delitos de lesa humanidad, tuvieran sentencia firme de la justicia, empezando por el dictador Gregorio Álvarez. 

Esas señales, impensables tiempo atrás, generaron movimientos –embozados y no tanto– de algunos militares retirados que aún hoy reivindican el terrorismo de Estado. Las escaramuzas y murmuraciones por el porte de apellido de Aguerre –a quien endilgaron un tratamiento “demasiado permisivo” hacia su padre, el general Pedro Aguerre, preso durante la dictadura– completaron el cuadro. Y lo llevaron incluso a presentar, el 11 de marzo de 2013, su renuncia al Centro Militar. “Desde mi renuncia, el relacionamiento con todas las instituciones sociales que nuclean a efectivos retirados es normal y en los términos que corresponde”, explicó a Brecha, frío como el acero, Aguerre.

Sobre las transformaciones llevadas adelante durante su período, el ex comandante en jefe reconoció que “es cierto que se han realizado cambios importantes”. En particular, Aguerre destacó la mejora en la operatividad de la fuerza. “Hemos colocado en un lugar central del país nuestros medios blindados y dispuesto el despliegue conjunto de unidades de las diferentes armas. Los blindados se desplegaron próximos a unidades de artillería autopropulsada e ingenieros de combate y a una de las principales bases de la Fuerza Aérea Uruguaya”, explicó. 

Esto permite, sostuvo, un rápido desplazamiento de las unidades del Ejército hacia cualquier punto del país. Aguerre se refería así al emplazamiento de una brigada blindada en el departamento de Durazno, que ahora reúne al Regimiento de Caballería Blindado número 2, históricamente asentado en el centro del país, y al Regimiento de Infantería Blindado número 13. Sin embargo, no fue la operatividad sino las implicancias doctrinarias del cambio las que irritaron a los más jurásicos. 

Estratégicamente ubicadas en la periferia de Montevideo, esas unidades militares fueron históricamente funcionales a la represión durante la última dictadura militar. La combinación de varias armas, inédita en el Ejército, también provocó molestias: con este tipo de fusiones Aguerre rompió con determinados círculos sociales en el Ejército. 

En su momento este tema también incrementó las actividades subterráneas de los retirados, reticentes al nuevo despliegue. En diálogo con Brecha, Aguerre justificó estos cambios en “un mejor empleo” y “una mejor y más económica preparación para el cumplimiento de nuestras misiones”. 

A la hora del balance, el ex comandante sopesa: “La tarea no está terminada. De hecho, no es un camino fácil para una institución del Estado con las complejidades inherentes a la misma (…). Intenté dejarle al general Villagrán un Ejército direccionado hacia el objetivo marcado, con la finalidad de mejorar los niveles de profesionalidad de la institución, siendo a su vez sustentable y creíble; pero por encima de todo, convertirse en una fuerza aceptada por su pueblo”. A juzgar por el día cero del nuevo comandante, no se equivoca Aguerre: lo suyo fue sólo un intento. Un frustrado intento de lavarle la cara al Ejército.


Aguerre, sobre los tribunales de honor

“No afecta a la interna del Ejército”



Para el ex comandante en jefe del Ejército Pedro Aguerre, la decisión de juzgar en un tribunal de honor al teniente general (r) Gregorio Álvarez –y a otros siete militares con sentencia firme en relación con violaciones a los derechos humanos– no impacta en la interna del Ejército: “A la fuerza no la afecta ninguna decisión que esté basada en leyes y reglamentos, por lo que el hecho no afecta a la interna del Ejército”, subrayó. 

Aguerre también se refirió a sus dichos en una entrevista con el Semanario Hebreo, cuando dijo: “Yo no creo en la teoría de los dos demonios que anda por ahí”. En diálogo con Brecha agregó: “A esta altura, varios de esos actores, sean ellos internacionales, regionales o nacionales, se han expedido públicamente asumiendo, con matices que podrían ser cuestionables, sus responsabilidades. Y todos ellos comienzan justificándose por el contexto internacional en que los hechos nacionales se desarrollaron”.

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