la asociación de todas y de todos los ex presos políticos de Uruguay

Joaquín Requena 1533 esquina Brandzen. Telefax: 2408 44 65. Montevideo. Uruguay. Dirección electrónica: crysol2003@yahoo.com.ar



Horario de atención en nuestra sede social: de lunes a viernes de 14.45 en adelante. Cuota social: $ 120.-




martes, 4 de septiembre de 2012

En busca de "la tumba del ómnibus"


NUEVA ZONA DE EXCAVACIÓN EN EL BATALLÓN 14

Caras y caretas - 31 8 12


En busca de la ‘tumba del ómnibus’


Se pidió al juez penal de 2° turno, Pedro Salazar, que autorice una nueva etapa de búsqueda. Las excavaciones se llevarán a cabo en un área señalada por testigos, denunciada por investigaciones periodísticas y en donde un comparativo de fotos aéreas desde 1966 confirma llamativas modificaciones del terreno. Se cree que en esa zona del campo de Vidiella pueda encontrarse la ‘tumba del ómnibus’, una fosa común en la que estarían las víctimas del segundo vuelo de Orletti, cuyos cuerpos no habrían sido exhumados en la denominada ‘Operación Zanahoria’.

TEXTO: ROGER RODRÍGUEZ / rogerrodriguez@adinet.com.uy

El equipo de técnicos a cargo del arqueólogo José López Mazz comenzará en los próximos días las excavaciones en un área del Batallón 14 de Infantería de Toledo, donde la existencia de múltiples testimonios sobre enterramientos abre nuevas expectativas en el eventual hallazgo de restos de detenidos desaparecidos durante la dictadura uruguaya. 

En la nueva zona de trabajo –a trescientos metros de donde aparecieron los cuerpos de Julio Castro y Ricardo Blanco– se podría encontrar la ‘tumba del ómnibus’ donde habrían sido inhumados los pasajeros del llamado ‘segundo vuelo’ provenientes del centro clandestino de detención conocido como Automotores Orletti, que funcionó en Buenos Aires.

La búsqueda de esos restos se produce exactamente diez años después de que se hiciera público que militantes del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) que habían sido secuestrados en Argentina en setiembre de 1976 y continuaban desaparecidos estuvieron detenidos en el centro de torturas Automotores Orletti y fueron trasladados a Uruguay el 5 de octubre de ese año en el vuelo 511 del Transporte Aéreo Militar Uruguayo (TAMU), piloteado por los mayores Walter Pintos y José Pedro Malaquín (comandante en jefe de la Fuerza Aérea en el momento de la publicación de la denuncia).

La causa del ‘segundo vuelo’ fue instruida por el juez penal de 19° turno, Luis Charles, quien seis años atrás, el 11 de setiembre de 2006, ordenó el procesamiento con prisión de los militares José Gavazzo, Jorge Silveira, Ernesto Ramas, Gilberto Vázquez, Luis Maurente y Ricardo Arab y de los policías Ricardo Medina y José Sande, por los delitos de privación de libertad y asociación para delinquir, que se contextualizaron en el marco de la coordinación represiva conocida como Plan Cóndor. Charles, quien actuó con la fiscal Mirtha Guianze, no pudo avanzar entonces en la búsqueda de los cuerpos.

SEGUNDO VUELO

El llamado ‘segundo vuelo’, que fue denunciado el 2 de setiembre de 2002 en un artículo del diario La República, concluía una indagación de prensa de dos años, mediante la cual se habían conseguido los datos que en marzo de aquel año permitieron al senador Rafael Michelini encontrar en Buenos Aires el paradero de Simón Riquelo. El 13 de junio de 1976, cuando tenía 22 días de vida, Simón había sido separado de su madre, Sara Méndez, quien junto con otros uruguayos había estado en Orletti y fue trasladada a Uruguay en un primer vuelo cuyos pasajeros fueron ‘blanqueados’ y encarcelados por las Fuerzas Armadas.

La investigación periodística sobre el ‘segundo vuelo’ (confirmado por el informe sobre desaparecidos que la Fuerza Aérea le entregó al presidente Tabaré Vázquez tres años después, el 8 de agosto de 2005), incluyó un artículo publicado el 9 de junio de 2002, en el que se denunciaba que el ‘pacto de silencio’ que mantenían los militares sobre los desaparecidos escondía la existencia de un cementerio clandestino en el que podrían encontrarse fosas comunes con los restos de aquellos uruguayos trasladados desde Orletti y asesinados en Montevideo antes de ser enterrados.

La hipótesis de una fosa común surgió a partir de los dichos de un ex represor argentino quien confirmó que la veintena de trasladados en el ‘segundo vuelo’ permanecieron vivos en una unidad militar uruguaya hasta los primeros días de noviembre de 1976, cuando se tomó la decisión de matarlos (incluso a María Claudia García, nuera del poeta Juan Gelman, quien acababa de dar a luz a Macarena). Los argentinos se molestaron por la aparición pública de los del primer vuelo y no querían más testigos. Los del segundo vuelo fueron ejecutados en grupos y no se les hicieron tumbas individuales.

CAMPO DE VIDIELLA

El lunes 17 de julio de 2006, La República brindó una versión de lo que habría ocurrido con María Claudia. Sus fuentes militares dijeron que la joven argentina fue llevada a la unidad militar de Toledo y allí ejecutada y enterrada por Ricardo Medina, Jorge Silveira y Ricardo Arab. 

“Al llegar al Batallón de Infantería Paracaidista Nº 14, los esperaba su comandante, el entonces teniente coronel Regino Burgueño. Por algún motivo que se desconoce, [Juan Antonio] Rodríguez Buratti (al mando del operativo) se bajó del vehículo, que siguió viaje hacia el interior del extenso predio. No habría soportado la situación y prefirió no asistir a la ejecución”. El coronel Rodríguez Buratti se suicidó en setiembre de 2006 cuando Interpol lo detenía para su extradición a Argentina.

El informe final de la Comisión para la Paz, creada durante el gobierno del colorado Jorge Batlle, ya había incluido la versión de que varios de los desaparecidos habían sido enterrados en el Batallón 14, cercano a la localidad de Toledo. La información también se incorporó al documento sobre desaparecidos que el ex comandante en jefe del Ejército Ángel Bertolotti encomendó en 2005 a los generales Carlos Díaz y Pedro Barneix, quienes señalaron un lugar donde, dijeron, con 99 por ciento de probabilidad se encontraría el cuerpo de María Claudia. La propia Macarena estuvo en el lugar, pero el dato resultó falso.

El predio donde fue instalado el Batallón 14 pertenecía a fines del siglo diecinueve a don Federico Vidiella, y lo compró el Ejército en 1972. Al oeste del amplio campo que atraviesa la Ruta 85 se construyó el casco de la unidad militar en la que hoy se forma un grupo de elite de paracaidistas. Del lado este se dejó un paisaje agreste para utilizarlo como zona de operaciones. El arroyo Meirelles cruza de noroeste a sureste el campo de maniobras que al norte está delimitado por una vía férrea. Al este del arroyo, cerca de la vía, se hallaron los restos de Julio Castro y Ricardo Blanco.

OPERACIÓN ZANAHORIA

La existencia de una ‘Operación Zanahoria’ en la que se habrían exhumado los cuerpos de los desaparecidos fue revelada por la revista Posdata el 16 de noviembre de 1996, con la publicación de una entrevista que Diego Achard le había realizado al general Alberto Ballestrino. El militar dijo que cuando el país volvía a la democracia se encomendó al coronel Alfredo Lamy la misión de encontrar los restos y reubicarlos en un mismo lugar. Los cuerpos se pusieron en toneles de 200 litros, enterrados verticalmente con un árbol plantado encima. Ésa era la zanahoria. Entre los militares, el lugar pasó a llamarse ‘Arlington’, en referencia al cementerio de combatientes estadounidenses.

En agosto de 2006 el verborrágico coronel Gilberto Vázquez, preso entonces en la Cárcel Central por requisitoria de extradición desde Argentina y sin que aún se le condenara en Uruguay por su participación en el Plan Cóndor, confirmó la Operación Zanahoria cuando en varias cartas a varios medios de comunicación sostuvo que en 1984, por “órdenes superiores […] desenterramos entre 20 y 30 cuerpos” del Batallón 14 de Toledo. “Limpiamos todo el terreno [y] cambiamos la geografía del lugar”, subrayó el oficial del Ejército, que se afiliaba a la conveniente hipótesis de que los restos exhumados fueron cremados y las cenizas arrojadas al mar.

Gilberto Pilín Vázquez advirtió en aquellas declaraciones que aunque algún militar quisiera aportar datos, podría equivocarse. “Ni yo me ubico en ese lugar, porque cambiamos su geografía y ningún militar ubicaría realmente los puntos donde hubo enterramientos”, dijo. Aclaró incluso: “A mí me lo dijo el general [Washington] Varela [director de Inteligencia de la época], que fue Sanguinetti quien dio las órdenes para borrar las huellas [en el Batallón 14] y para que Wilson [Ferreira Aldunate] no entrara en carrera [por el sillón presidencial]“, relató el militar.

‘LOS DEL ÓMNIBUS’

Pocos días después, trascendió otra versión en la que un suboficial del Ejército que cumplió funciones en el 300 Carlos, centro de torturas ubicado en el Servicio de Material y Armamentos (SMA) a los fondos del Batallón 13 de Infantería, dijo que la veintena de militantes del PVP que fueron secuestrados en Argentina y traídos a Uruguay en octubre de 1976 en el llamado ‘segundo vuelo’ de Orletti estuvieron detenidos en aquel centro clandestino de represión antes de ser masivamente asesinados y enterrados en el predio conocido como campo de Vidiella, frente al Batallón 14.

El nuevo testimonio, obtenido por quien suscribe este artículo y publicado en el diario La República el 27 de agosto de 2006, daba cuenta de que los que habían traído desde Buenos Aires, a quienes ellos conocían como ‘los del ómnibus’ porque fueron trasladados al 300 Carlos en el micro del SMA, fueron llevados para su “disposición final” en grupos de a cuatro o cinco en una camioneta blanca Pingo que el Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA) había ‘decomisado’ ese año en el puerto de Montevideo. Se publicó entonces una imagen aérea del lugar, donde se destacaban dos focos de interés.

Los detalles de esa información fueron entregados a la Secretaría de Seguimiento de la Comisión para la Paz, en un informe en el que se explicó que el testigo (con quien se habló en repetidas ocasiones) no dudó al marcar en una foto aérea la zona en la que se habrían producido los enterramientos y detalló que la camioneta blanca, conducida por un policía que permaneció activo hasta los años noventa, ingresaba al campo de Vidiella por una huella lateral al camino principal y que la ‘tumba del ómnibus’ estaba frente a un horno de ladrillos, detrás de los espaldones de un polígono de tiro construido junto al arroyo Meirelles, cuyo curso había sido desviado (cambiando ‘la geografía’, al decir del locuaz coronel Gilberto Vázquez).

Ojos del Cielo

El ‘área de interés’ demarcada por el equipo de arqueólogos para realizar las nuevas excavaciones se concentra en el mismo lugar que había sido señalado por el suboficial del Ejército cuando marcó la llamada ‘tumba del ómnibus’. Sin embargo, aunque los investigadores reconocen que el testimonio del soldado fue retomado para realizar la planificación del trabajo, lo que más llamó les la atención de la zona fue el sorprendente hallazgo cuando efectuaron un análisis comparativo de planos aéreos tomados sobre el campo de Vidiella en los años 1966, 1982, 1985 y en la actualidad.

En la imagen aérea tomada en 1966, cuando el campo aún pertenecía a los Vidiella, se observa el agreste terreno y el curso natural del arroyo Meirelles. En la foto de 1982 (seis años después de los enterramientos del segundo vuelo), aparece un extraño lomo de tierra en un área desmalezada paralela al curso del arroyo. En la fotografía tomada en 1985 (cuando se habría producido la Operación Zanahoria), se encuentra un segundo y llamativo montículo detrás del polígono de tiro que los militares construyeron junto al arroyo, cuya modificación geográfica se observa claramente en las fotos extraídas en la actualidad de Google Earth.

----------