La Asociación de todas y de todos los ex presos políticos de Uruguay

Datos

Joaquín Requena 1533 esquina Brandzen. Teléfono: 2408 44 65. Montevideo. Uruguay. Dirección electrónica: crysol2003@gmail.com

Horario de atención en nuestra sede social: de Martes a Jueves de 15:00 a 18 horas. Cuota social: $ 330.-

viernes, 29 de mayo de 2015

Sólo por eso







El Ministro de Defensa ha difundido un comunicado informando acerca del trabajo realizado atendiendo las solicitudes de información por parte del poder judicial. Burocráticamente ha señalado que ha hecho todo lo posible para colaborar, dentro de sus humanas posibilidades, con la justicia.

Como colectivo organizado entendemos que al margen de la evaluación que merece la eficacia y la eficiencia de la labor realizada,   el Ministro debería ser renunciado por el Presidente de la República por la actitud que ha tenido, de manera sistemática y reiterada, hacia las organizaciones de DDHH y las víctimas del terrorismo de Estado. Sólo por eso alcanza.

A la largo y a lo ancho de su gestión ha destratado a quienes reclaman Verdad y Justicia y en el legítimo ejercicio de sus derechos han cuestionado su labor y su desempeño al frente del Ministerio de Defensa.

Al contrario de lo que sostienen el Gral. Bonilla y el Cnel. Cedrés, la justicia no es  un obstáculo para llegar a la verdad. En nuestro país, de acuerdo a las normas constitucionales, corresponde al Poder Judicial investigar, esclarecer y sancionar todos los delitos como los cometidos durante el pasado reciente. Ha sido precisamente la imposibilidad de actuar del Poder Judicial debido a la vigencia de la Ley de Caducidad, desde diciembre de 1986 hasta octubre de 2011, lo que ha obstaculizado avanzar en temas sustanciales como el destino de los detenidos desaparecidos.

El Ministro de Defensa tiene como todo ciudadano derecho a pensar con cabeza propia, a expresar públicamente sus opiniones y puntos de vista. Como jerarca gubernamental, como integrante del gobierno, no puede y no debe destratar e insultar a quienes piensan distinto y mucho menos de la manera en que lo ha hecho en las últimas semanas.

La dictadura cívico militar, apadrinada por EEUU,  apoyada por los grandes grupos económicos nacionales y medios de prensa, fue derrotada gracias a la lucha inclaudicable del pueblo uruguayo y a la solidaridad internacional de pueblos y gobiernos. Las organizaciones como Serpaj y la Comisión Internacional de Juristas (CIJ), y no sólo ellas,  fueron herramientas que con su accionar contribuyeron al desgaste de la dictadura, a nivel nacional e internacional en los momentos más duros y difíciles. No fueron la bondad y los buenos sentimientos de los integrantes de la dictadura cívico militar, ni del Departamento de Estado, los que impidieron que todos los presos políticos fuéramos ejecutados y finalmente liberados.

En una sociedad democrática, las organizaciones que nuclean y representan a sectores de la sociedad, actuando dentro de las leyes y los marcos legales, deben ser, por lo menos, tratadas con respeto republicano, cosa que el Sr. Ministro no hace. En su caso, además, su virulencia verbal se ha enfocado pura y exclusivamente hacia quienes han trabajado de manera permanente contra la impunidad, exigiendo Verdad y Justicia para conquistar una sociedad plenamente democrática.

El ministro debería ser renunciado. Ya es hora.
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Opinando Nº 5 – Año 4 – Jueves 28 de mayo de 2015

Tapando el sol

Ante solicitudes de renuncia, Fernández Huidobro presentó sus números; organizaciones reiteran que cumple “tarde y mal” con los pedidos.
La diaria - 26 5 15 - Por Azul Cordo
“La actitud de este ministerio ha sido siempre la de aportar la información al alcance de sus posibilidades, abriendo el camino a las investigaciones e investigadores en todo momento”, afirmó el ministro de Defensa Nacional, Eleuterio Fernández Huidobro, en un comunicado de prensa publicado ayer en la página web de Presidencia. Estos dichos se contraponen a las numerosas expresiones de organizaciones de derechos humanos y familiares de víctimas del terrorismo de Estado, que han subrayado las “demoras” y el ocultamiento de archivos militares que podrían esclarecer responsabilidades en delitos de lesa humanidad cometidos en Uruguay durante la última dictadura cívico-militar.
Una semana después de que calificara de “enfermitos” a quienes “permanentemente hablan mal de las Fuerzas Armadas y los militares”, el ministro difundió el documento que presentó al presidente Tabaré Vázquez el lunes durante el Consejo de Ministros como respuesta a los “ataques sistemáticos (y genéricos) que ha sufrido”. En el documento Fernández Huidobro señala que entre 2011 y 2015 su cartera dio respuesta a 211 de los 237 oficios judiciales recibidos.
Consultados por la diaria, integrantes de organizaciones sociales que cuentan con numerosas copias de estos expedientes indicaron que la mayoría de estas respuestas sostienen: “Esta sede carece de información”. “Pareciera que para el ministro, responder es tipear la carta. Tipear es una cosa, responder es otra”, agregaron. Raúl Olivera, de la Secretaría de Derechos Humanos del PIT-CNT, remarcó: “El tema no es si contesta los oficios o no, sino qué información aporta en esas respuestas, y si los datos son útiles a la causa o si cumplen meramente con un trámite. El MDN cumple tarde y mal”.
El ministro excusa las “demoras en la tramitación” de los oficios por “la complejidad en cuanto a la ubicación de la información y documentación requerida”, y se remite a un mensaje que envió en 2013 a la Suprema Corte de Justicia (SCJ) en el que dice haber “ofrecido” a las sedes penales correspondientes “coordinar” para que los jueces se dirijan a los comandos militares, analicen allí los legajos originales y soliciten copia de las “fojas relevantes para la causa”.
Tanto abogados patrocinantes de diversas causas de derechos humanos como algunos jueces no recordaban una circular de la SCJ que diera cuenta de esta “coordinación”. Sin embargo, existe. Es la 48/2013 y fue girada el 13 de mayo de 2013 a los jueces con competencia penal de todo el país. Remite a una comunicación de Fernández Huidobro en la que expresa las “dificultades” para aportar el listado (nombres y legajos) de los funcionarios del MDN en causas que abarcan el período dictatorial. En dicha comunicación, el ministro establece que “corresponde” que el legajo personal de los oficiales o sus hojas de servicio “permanezcan en la Unidad Militar correspondiente” y subraya la falta de “recursos financieros (en fotocopias, tóner, hojas, etc.) y humanos, no previstos a tal fin” y lo “difícil” que es “desafectar de su labor normal” a los funcionarios “para cumplir esta tarea que es cada vez más demandante”. En esta misiva, Huidobro no habla de “coordinar” con la SCJ sino de “intentar arbitrar medidas alternativas” que permitan superar las dificultades “a través de la determinación concreta y acotada de la información que se requiere”. “Es un ofrecimiento tramposo porque no existe capacidad del Poder Judicial para revisar toneladas de expedientes, sin el auxilio de especialistas en criminología o de funcionarios del MDN”, opinó el abogado del Observatorio Luz Ibarburu, Pablo Chargoñia.
“La imposibilidad de ubicar los legajos a partir de alias de posibles implicados en delitos de lesa humanidad” es “preocupante”, expresó Chargoñia. “Las víctimas estaban encapuchadas, como parte del método del terror aplicado. Los represores no se presentaban con su cédula”, añadió, y consideró que Fernández Huidobro “banaliza la tragedia”, “ofende décadas de investigaciones realizadas por los familiares, que son quienes más han aportado datos”, y brinda “una insólita aclaración que oscurece”. “Está concluyendo que no hay forma de localizar a aquellas personas que torturaron. El comunicado del MDN es una declaración de negación institucional de Justicia para el esclarecimiento de los crímenes de la dictadura y marca una desprotección absoluta a las víctimas. No hay voluntad política ni capacidad para resolver las investigaciones”, agregó.
“Fernández Huidobro ha mostrado una sintonía fina con los militares condenados”, manifestó el abogado Federico Álvarez Petraglia, quien aseguró que, además de que las respuestas de esta cartera “demoran meses”, “no han aportado nada sustantivo” a las causas.
Otro de los puntos cuestionados es que el MDN afirma que no han encontrado registros del OCOA (Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas), mientras que el equipo coordinado por Álvaro Rico accedió a documentos, como expedientes de la Justicia Militar, en los que se nombra dicho organismo.

Ayer los sectores del Frente Amplio Casa Grande y el Partido por la Victoria del Pueblo pidieron, en sendos comunicados, la “inmediata remoción” del ministro, sumándose al reclamo de la Vertiente Artiguista.
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Todos en cana, todos


Caras y caretas – 22 5 15 – Por Leandro Grille
El pasado martes 19 el presidente de la República emitió una resolución por la que se creó el Grupo de Trabajo por Verdad y Justicia. En el grupo, honorario, integrado por siete personas designadas por el propio Tabaré, hay representantes de las distintas confesiones mayoritarias, de organizaciones de derechos humanos y también legisladores notoriamente vinculados a las víctimas del terrorismo de Estado, como Macarena Gelman y Felipe Michelini. 
El grupo tendrá el amplio cometido de buscar información, recabar testimonios, hacer el seguimiento de las causas e investigar los delitos de lesa humanidad cometidos por el terrorismo de Estado, tanto sea por agentes estatales como por personeros, en territorio uruguayo o en el exterior, y durante un lapso que no se limita al período formal de la dictadura sino que llega hasta junio de 1968, cuando el entonces presidente Pacheco Areco comenzó a gobernar con medidas prontas de seguridad y a reprimir y matar gente. Este grupo de trabajo no se va a abocar exclusivamente a conciliar versiones para aproximarse a la verdad; es diferente a la comisión para la paz, entre otras cosas porque desde el vamos persigue la justicia y el enjuiciamiento de los responsables. Algo que hoy parece muy difícil, dado el tiempo transcurrido desde que estuvo en vigencia la ley de impunidad y, sobre todo, que la actual integración de la Suprema Corte tiene la voluntad de dejar cerrado para siempre el tema, aunque acepte que son incomputables los años de caducidad a los efectos de establecer la prescripción. El decreto de creación del grupo de trabajo lleva la firma de todo el gabinete, incluyendo la del ministro de Defensa Nacional, Eleuterio Fernández Huidobro, sobre quien han recaído nuevamente críticas y acusaciones de no cooperar, e incluso de obstaculizar la lucha de los familiares por saber la verdad y terminar con la impunidad.
El ministro Fernández Huidobro aparentemente provocó una nueva andanada de reproches al sostener que también en el Frente Amplio se promovía la estigmatización de los militares. Las respuestas no se hicieron esperar, tanto desde familiares como de dirigentes políticos de la izquierda que no dudaron en exigir, nuevamente, que sea desplazado, o incluso cosas peores. Desde el secretario de la Juventud Socialista hasta la senadora Constanza Moreira y muchísimas personas más, en las redes sociales o en declaraciones de prensa, le saltaron al cuello al ministro y, por cierto, al discurso del comandante en jefe del Ejército Guido Manini Ríos, quien en el acto del día del Ejército Nacional, el pasado lunes 18 de mayo, se quejó del trato que reciben los militares y exigió “que no se los humille y desprecie con soberbia, que no se los denueste por prejuicios del pasado”. Hasta el vicepresidente Raúl Sendic le pegó al Ñato, aunque de forma mucho más medida, al igual que el ex senador Enrique Rubio.
A las pocas horas, la vigésima Marcha del Silencio conmovió con una concurrencia que quizá haya superado el centenar de miles de personas. La herida está abierta. Cientos de miles de uruguayos, entre ellos una porción importantísima de frenteamplistas, demandan la aparición de los desaparecidos y el juicio a los culpables. El número no decrece con el tiempo, por el contrario, se multiplica entre los jóvenes: es una causa sólida, que permite una manifestación cívica sin matices. Indudable. Insoslayable.
La iniciativa de Tabaré es correcta. El decreto es claro. Va de suyo que si algún jerarca no está dispuesto a colaborar con el Grupo de Trabajo creado, abandonará su cargo. Eso incluye a cualquier miembro del gobierno (entre ellos, los ministros) y a cualquier mando militar. La obligación es para todos, y el Grupo tiene que tener todas las puertas abiertas. Pero también es claro que los testimonios que pueda recabar serán voluntarios. No hay ninguna posibilidad de romper la omertá a la fuerza. Este es el rumbo posible, y los designados, pese a la sobreabundancia religiosa, son todas personas que tienen capacidad para llevar esto adelante, además de probidad absoluta y autoridad moral. Son intachables e indiscutibles.
El decreto no ha merecido el respaldo de todo el espectro político, lo que en última instancia representaría una hipocresía. Así que eso es mejor que un consenso trucho. Algunos impresentables, como el ex presidente Jorge Batlle y otros connotados fósiles, han salido a cuestionarlo por incluir al pachecato en el período a investigar. Dicen que el gobierno de Pacheco Areco era una democracia. No pierden oportunidad de indicar que todo empezó antes, cuando comenzó a actuar el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros. En realidad, para tipos como Batlle o Sanguinetti no hay inconveniente en pegarles a los tupamaros (son sus enemigos preferidos) ni a los militares. Aunque defienden la impunidad, la soldadesca —o, como la llama Fernández Huidobro, “los fajineros”— les importa bien poco. Pero ir más allá del 73, eso sí no lo pueden tolerar. Porque ahí era todo supuestamente democrático y civil, todo muy colorado, además. En esa supuesta democracia funcionaron los escuadrones que mataron a Ayala, a Castagnetto, a Ramos Filippini y a Íbero Gutiérrez. Y ya no por testimonios interesados, sino por los propios documentos desclasificados por Estados Unidos, tipos muy civiles como Jorge Batlle tienen que ser imputados e investigados. También Julio María Sanguinetti.
Y el puntapié inicial que da Tabaré con este decreto nos permite analizar con otro enfoque algunas de las cosas que dice el ministro Fernández Huidobro, más allá del chisporroteo de agravios que se intercambia con la gente que lo cuestiona. Acá, en Uruguay, las cosas no las hicieron los militares exclusivamente. Y es más: no las condujeron los militares. ¿Qué pasa con los civiles? ¿Qué pasa con los medios de comunicación que participaron del golpe de Estado? Hemos visto hace pocos días cómo el dueño de El mercurio de Chile, Agustín Edwards, era expulsado del gremio de periodistas por su complicidad con el régimen de Pinochet y por haber recibido dinero de la CIA para sostener su campaña de desprestigio contra Allende. ¿Qué habría que hacer entonces con el diario El País, que hasta recibía notas escritas en la embajada? ¿Qué habría que hacer con todos los civiles que formaron parte de las estructuras de gobierno? ¿Qué habría que hacer con los empresarios que arroparon al régimen? ¿Cuándo serán juzgados? ¿Y por quién? ¿Quién los acusa? ¿Quién los persigue?
Este Grupo de trabajo que formó Tabaré va a tener que ir más allá de la investigación sobre la concreción material de los asesinatos, las desapariciones, las torturas y múltiples violaciones de los derechos humanos. Va a tener que ir desenredando hasta llegar a todos los responsables intelectuales. Porque acá no hubo una guerra entre dos demonios, hubo la aplicación del plan continental diseñado por el imperialismo para arrasar con todo. Al Plan Cóndor no lo inventaron un par de soldados trasnochados. Hay que perseguir a los represores, a los genocidas, y buscar la forma de enjuiciarlos, aunque la Suprema Corte de Justicia lo hará dificilísimo. Hay que buscar a nuestros desaparecidos hasta en el último rincón posible. Aunque el paso de los años y el peso del silencio hayan transformado esta búsqueda en una labor casi imposible. Pero también hay que perseguir a los banqueros, a los grandes empresarios, a los políticos, a los dueños de los medios de comunicación, a los jueces cómplices, a los interventores de la Universidad, a todos los que participaron de la nomenclatura dictatorial, todos esos civiles que, sentados detrás de sus escritorios, sin mancharse las manos de sangre ni embarrarse las botas, dieron el toque a degüello y llevan décadas haciéndose los desentendidos. Yo quiero ver sometidos a un juicio justo, como el que no tuvieron sus víctimas, no sólo a los militares y policías que traicionaron la Constitución en junio de 1973 y protagonizaron los crímenes horrendos que todavía nos lastiman, quiero ver a todos los que consintieron el autoritarismo desde junio de 1968 y a los que estuvieron detrás de lo que sucedió hasta el 1° del marzo de 1985. Aunque no sean ni hayan sido milicos o policías. Así tengan apellidos notables o sigan siendo los dueños de los medios de comunicación o tengan un poder económico descomunal. Tienen que ser juzgados e ir presos todos. A nuestra democracia le va a hacer bien que vayan presos unos cuántos civiles, por intocables que parezcan.
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jueves, 14 de mayo de 2015

Lo roto se repara

Incompatibilidad entre pensiones y jubilaciones para ex presos políticos

Sala de Redacción - Facultad de Información y Comunicación - 
Por Tamara Mardones

Uruguay tuvo 20.000 presos políticos en los años de la Dictadura Cívico Militar (1973-1985), 6.000 sometidos a tribunales militares. Hoy se los obliga a elegir entre una Pensión Especial Reparatoria (PER) y las jubilaciones, subsidios u otras pensiones cuando se presenta la posibilidad de percibir ambas.
MARCO LEGAL
Se encuentra en vigencia la ley N° 18.033 del año 2006, que refiere a aquellos ciudadanos que no pudieron acceder al trabajo por razones políticas o sindicales entre el 9 de febrero de 1973 y el 28 de febrero de 1985 y a la recuperación de sus derechos jubilatorios y pensionarios.
El artículo 11 de la normativa indica que “las personas comprendidas en el artículo 1° de esta ley que habiendo sido detenidas y procesadas por la Justicia Militar o Civil y que, como consecuencia de ello sufrieron privación de libertad entre el 9 de febrero de 1973 y el 28 de febrero de 1985, tendrán derecho a una Pensión Especial Reparatoria  (PER) equivalente, al momento del inicio de su percepción, a 8,5 (ocho y media) Bases de Prestaciones y Contribuciones (BPC)  mensuales”.
Un aspecto cuestionado desde la Asociación de Ex Presos Políticos (Crysol) sobre esta ley responde a que “no tendrán derecho a percibir la prestación establecida en el presente artículo los titulares de una jubilación, pensión, o retiro o subsidio transitorio por incapacidad parcial, salvo que optaren por la pensión especial reparatoria”. Esto implica que aquellos expresos políticos que cumplan con las condiciones para ser amparados, deben elegir entre percibir esta PER o cualquier otro subsidio y tampoco pueden percibir ingresos superiores a 15 BPC mensuales.
OBLIGACIONES ESTATALES
Gastón Grisoni, presidente de Crysol, expresó a Sala de Redacción que “los Estados tienen la obligación de investigar, esclarecer, castigar a quienes cometen violaciones, solidarizarse con las víctimas y resarcir por el dolor, el daño moral, físico, psicológico y por la destrucción del proyecto de vida. Se tiene que abordar esta temática y, al resarcir, no te pueden obligar a renunciar a otros legítimos derechos, que son propios de un ciudadano”.
Lo ideal, según Grisoni, es compatibilizar el cobro de la PER y otra jubilación o subsidio. Para la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (INDDHH), ambos ingresos tienen naturalezas distintas: la PER proviene de una fuente de reparación por haber sido víctima de terrorismo de Estado y la jubilación es un derecho ciudadano adquirido, generado por trabajo, pero en ningún caso puede ser considerada como un “beneficio”, tal como se cataloga en varios pasajes del estatuto.
Como lo sostiene la INDDHH, máximo tribunal en materia de derechos humanos en el país, según la ley N° 18.446, “los Estados tienen que reparar y al hacerlo, no pueden ni deben en honor a las mismas normas de derechos humanos que se invocan, obligar o inducir, compulsiva o implícitamente, a renunciar a otros legítimos derechos ciudadanos, de naturaleza jurídica diferente, como ha ocurrido con las leyes mencionadas”.
José Luis Blasina, ex diputado socialista, estuvo presente en la votación de la ley en el Parlamento e hizo énfasis en su incapacidad para considerarla “beneficio”. Para él, un “beneficio” sería “percibir algo superior a lo que se tiene hoy”, y no es el caso, más allá de que reconoce el proceso que se realizó por parte de los partidos políticos y las organizaciones sociales para ir “de menos a más” e incluir paulatinamente cada vez más mejoras en las leyes. “Creo que apenas es una reparación, aún insuficiente como definición, porque hay cosas imposibles de reparar”, menciona.
Para el ex diputado, el esfuerzo no finalizó con la ley 18.033, sino que ésta fue un paso. Con la insistencia posterior se lograron otras reparaciones -limitadas,  pero de un gran contenido- como es el caso de la Ley N° 18.596 de 2009, que plantea la actuación ilegítima del Estado entre el 13 de Junio de 1968 y el 28 de febrero de 1985, con el reconocimiento y la reparación a las víctimas.
Independientemente de estas percepciones, Blasina considera que la necesidad de optar entre una jubilación y la PER recae en que muchas de esas jubilaciones se obtuvieron cuando se reconocieron -en forma ficta-, los años de prisión o exilio como efectivamente trabajados y aportados al Banco de Previsión Social, por lo que implícitamente queda reconocida otra reparación, además de la PER, como pensión reparatoria en sí misma. A eso se le adiciona el monto que hubiera significado la doble percepción monetaria a cargo de Rentas Generales, que limita las posibilidades de financiamiento.
Ariela Peralta, representante de la INDDHH, conversó con SdR y manifestó que no existe ningún instrumento o tratado internacional que estipule que la o las reparaciones deban ser de determinada manera: “Los principios de las Naciones Unidas sobre reparaciones a víctimas de violaciones de derechos humanos se fueron revisando y mejorando. Son justamente los que marcan el alcance de las reparaciones y en Uruguay (las leyes N° 18.033 y la N° 18.596) se quedan súper cortas”, expresó.
Las reparaciones recaen en puntos esenciales: atención psicosocial y jurídica, reparación simbólica y monetaria que, según Peralta, hay que contemplar en su totalidad: “No es un menú de opciones. El Estado tiene que cumplir con todos los puntos para realmente estar en armonía con la reparación integral a víctimas de graves violaciones a derechos humanos de violencia estatal”, remarcó.
La ordenanza 60/147 de las Naciones Unidas es el documento a nivel internacional que establece de manera pormenorizada y detallada las obligaciones de los Estados para superar situaciones traumáticas como las que vivió el país durante el Terrorismo de Estado y para Crysol es el estándar de calidad que se debe aplicar a las leyes actuales.
Basados en esta resolución internacional, Crysol y la INDDHH presentaron hace unas semanas una serie de propuestas a Presidencia de la República referidas al ámbito de la justicia para que fueran “investigadas, esclarecidas y sancionadas las graves violaciones a los derechos humanos”, según Grisoni.

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No hay excusas

La diaria – 13 5 15 – Por Azul Cordo


Jueza Mota criticó fallo de la SCJ por causa Julio Castro y dijo que Zabala sabía que cumplía una “orden ilegítima”



La Comisión de Derechos Humanos de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU) interpela: “Tenés derecho a que te chupe un huevo” lo que ocurrió en el pasado. ¿Ocurrió en el pasado? ¿Sigue pasando?

Referentes de la cultura y la academia uruguaya, entre los que se encuentran Alejandro Balbis, Mariana Percovich, Gabriel Calderón, Rafael Cotelo y el ex rector de la Universidad de la República Rodrigo Arocena, convocan a la 20ª Marcha del Silencio mediante un spot de la FEUU y reflexionan sobre la importancia de pensar que la lucha contra las violaciones a los derechos humanos no es un tema del pasado, aunque advierten: “De la verdad no hay retorno”.
Además, exhortan a “no construir la historia desde el olvido” y explican por qué la movilización de los 20 de mayo se sigue haciendo en silencio: “Podríamos juntarnos a gritar, pero no alcanzan las palabras”.
Lo mucho que falta
El video fue presentado ayer en la Facultad de Información y Comunicación (FIC), antes del comienzo de un panel sobre “Impunidad hoy” en el que participaron la jueza Mariana Mota; Elena Zaffaroni y Graciela Montes de Oca, integrantes de la Asociación de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos Uruguayos; Eduardo Contreras, abogado y actual embajador de Chile en Uruguay, y el periodista Samuel Blixen.
“La tragedia no es sólo morir sin saber la verdad”, dice otro tramo del reclame; también podría ser que el Poder Judicial no haya hecho “el menor esfuerzo para abrir los caminos” hacia la verdad y la justicia, sostuvo Zaffaroni, ante decenas de estudiantes que colmaron el salón 5 de la FIC.
La militante destacó que cuando el Frente Amplio llegó al gobierno nacional, en marzo de 2005, hubo un “cambio sustancial” respecto de la actitud para buscar justicia, pero “lamentablemente se fue a menos”. “Pensamos que iba a haber una resolución profunda y abarcativa del Estado. Se hicieron investigaciones sobre las desapariciones y se puso luz sobre operativos represivos, pero no hubo ni verdad ni justicia”.
En estos años, “los familiares se fueron haciendo un poco investigadores y abogados”, agregó. Ante esto, Mota sostuvo que “se necesita formación específica y especialización de los jueces en las causas de derechos humanos”, además de la creación de una unidad especializada.
La magistrada, que en 2013 fue trasladada por la Suprema Corte de Justicia (SCJ) de la órbita penal a la civil, consideró que desde el Estado “se debe brindar asistencia jurídica a las víctimas” y señaló que los magistrados necesitan “la colaboración por parte de los ministerios para acceder a los archivos del pasado”, además de “aprender a decodificar la información militar que logramos recibir”.
Consultados sobre las expectativas que genera la creación del Grupo de Trabajo por Verdad y Justicia, anunciado por el presidente Tabaré Vázquez días antes de asumir su mandato, desde Familiares, que cuenta con un representante en ese ámbito, aclararon que se trata de un espacio que “está en formación” y que su decreto reglamentario “todavía no está firmado”.
También sostuvieron, por otra parte, que es “una amenaza a la democracia” que las Fuerzas Armadas “no hayan aceptado sus delitos” cometidos en la última dictadura cívico-militar (1973-1985), y criticaron el reciente fallo de la SCJ que absolvió al ex policía Ricardo Zabala como cómplice del secuestro del maestro Julio Castro, “dando lugar al argumento de la obediencia debida”.
Al respecto, la jueza Mota afirmó: “No es cierto cuando un militar dice que no sabía” qué pasaba en las unidades militares. En este caso específico “es impensable que Zabala no supiera que iba a detener a una persona, siendo él parte del sistema de represión”. “No cabe aquí la obediencia debida para Zabala, porque sabía que estaba cumpliendo una orden ilegítima”, continuó.
Emitir una sentencia así, según su punto de vista, “es aislar del contexto histórico el análisis de estas causas” judiciales, y concluyó enfatizando que “esto es un tema de todo el Estado”, en referencia a que “se destrabe” la impunidad.
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viernes, 17 de abril de 2015

Nulas y sin ningún valor para siempre





La aprobación de la Declaración del Estado de Guerra Interno el 15 de abril de 1972 por parte del Parlamento marcó el comienzo de una nueva fase de  la escalada represiva en Uruguay. El asalto a la Seccional 20 del Partido Comunista en la noche del domingo 16 fue una señal premonitoria de los tiempos oscuros que se avecinaban en  el país.  

Mediante la  creación de un mecanismo no previsto en Constitución vigente, a instancias del Poder Ejecutivo presidido por Juan María Bordaberry, se suspendieron las  garantías individuales y se consagró la intervención de la Justicia Militar desplazando al Poder Judicial de sus cometidos. Inicialmente  lo fue para el juzgamiento de las personas que fueran detenidas por las Fuerzas  Conjuntas en su plan de aniquilamiento y destrucción de los grupos armados aunque posteriormente se extendería a toda la oposición.

Las fuerzas armadas y la policía política, supeditada operativamente a ellas, obtuvieron una autorización tácita para institucionalizar y potenciar al máximo nivel las torturas a los detenidos que ya se practicaban en forma habitual.

El desplazamiento del Poder Judicial para juzgar a los detenidos supuso una  gravísima  alteración del orden institucional y del  estado de Derecho. La justicia militar, una instancia prevista para juzgar exclusivamente  a  los miembros de las fuerzas armadas, no  era un órgano autónomo e independiente. Era una instancia administrativa supeditada jerárquicamente  a  los mandos militares que ya planificaban el golpe de Estado desde mucho tiempo atrás, como ha quedado documentado.

La intervención de la Justicia Militar supuso la eliminación de las disposiciones constitucionales para detener a las personas: semiplena prueba, in fragranti delito o por orden escrita del juez competente. Además eliminó los plazos legales para la comparecencia ante un juez de los detenidos.

El empleo de la Justicia Militar fue un atropello a la institucionalidad democrática, al Estado de derecho, al sistema republicano de gobierno. Pretendió  darle un manto de legalidad al plan represivo de quienes se apropiarían  del Estado y lo gobernarían hasta el 1º de marzo de 1985.

La detención masiva de ciudadanos, incluyendo menores y adolescentes, la aplicación de torturas en forma sistemática y metódica, la prisión prolongada  en terribles condiciones de reclusión, fue la metodología deliberadamente seleccionada en Uruguay para destruir a las organizaciones políticas, sindicales, gremiales, culturales o individualmente, que se oponían al proyecto de país que se implementó  en el marco de una estrategia continental de dominación diseñada en EEUU.

Con escasas excepciones, los más de  6.000 ciudadanos  puestos a disposición de los tribunales militares desde el 15 de abril de 1972, fueron torturados brutalmente: plantones durante  días, semanas y meses, encapuchados y atados, privados del sueño, de alimentación y atención médica, sin contacto con sus familiares o el mundo exterior, desaparecidos, sometidos a palizas y  golpizas constantes y permanentes, a sesiones de submarino, de tacho, choques eléctricos, colgadas y cuanta bestialidad se les ocurriera a los ejecutores de tales interrogatorios, incluyendo los abusos sexuales y las violaciones.

Los jueces sumariantes de la Justicia Militar integraban los equipos de interrogatorios.  En promedio, los detenidos en Uruguay, durante el terrorismo de Estado, permanecieron incomunicados 100 días antes de ser sometidos ante un juez formal, sin asistencia legal de ningún tipo. Todas las declaraciones de los sometidos a la Justicia Militar fueron realizadas en las salas de tortura que funcionaban en todos los cuarteles y centros represivos de la policía en todo el país.

Todos los procesados por la justicia militar, incluidos menores de edad, lo fueron en base a testimonios propios o de terceros obtenidos en sesiones de tortura. En una sociedad democrática, libre de los valores y de la cultura propia de la impunidad, dichas declaraciones son nulas y sin ningún valor para siempre. Son testimonios documentales del horror que padecieron miles de compatriotas. Todas las personas que comparecieron ante tribunales militares sufrieron gravísimas violaciones a sus derechos humanos y son víctimas directas del terrorismo de Estado.

Sólo mentes enfermas de terrorismo estatal pueden invocar dichas actas y confesiones para intentar desacreditar públicamente a un ciudadano. O ciudadana.

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Opinando Nº 4 – Año 4 - Viernes 17 de abril de 2015    


viernes, 20 de marzo de 2015

Siempre llegando

Un documental retrata la historia de los 154 niños exiliados que llegaron al país en 1983.


La diaria - 20 3 15 - Por Débora Quiring


Caravana con los 154 niños hijos de exiliados que arribaron al país en 1983.

Foto: Documental Tus Padres Volverán, s/d de autor
Una caravana multitudinaria se despliega a lo largo de la rambla. Un pueblo emocionado y cientos de niños que sonríen y saludan desde los ómnibus Leyland de la época. El motivo no era el acto del obelisco ni la proclama leída por Alberto Candeau. Tampoco la recordada Marcha del Estudiante o la celebración, después de tanto, del 1° de mayo, sino un vuelo de 154 niños hijos de exiliados que arribaban al país en medio del año 1983, instalando el desexilio en la agenda nacional e internacional.

Este hecho sin precedentes, que se llamó el “viaje de los niños”, se convirtió en un emblema: hoy volvían los hijos, pronto retornarían los padres. Pero aun así, con este cierre clave para un año fundamental en la lucha contra la dictadura militar, el hecho fue pasando a un segundo plano en la historia reciente, hasta tal punto que muchos de los que participaron en esa prolongada caravana (los ómnibus demoraron cuatro horas en llegar desde el aeropuerto a la sede de AEBU), hoy apenas lo recuerdan como una nebulosa fantasía. En 2013, cuando se cumplieron 30 años de aquel vuelo, tanto los medios de prensa como varios de los involucrados organizaron actividades que homenajearon aquella quijotesca cruzada.
Luego se sucedieron dos hechos significativos de manera paralela: por un lado, en diciembre se publicó el libro Los niños del reencuentro (de Isabel Collazo, María de los Ángeles Fein, Rosana Passeggi y Ana María Sosa), trabajo que reconstruye este hecho histórico mediante la memoria, y por otro, este mes de marzo la película Tus padres volverán, de Pablo Martínez Pessi, aguarda para circular por numerosos festivales internacionales: se exhibirá por primera vez el 4 y 10 de abril en el Festival Internacional de Cine de Cinemateca, dentro de la sección Derechos Humanos. 
El 13 se proyectará en Río de Janeiro y el 14 en San Pablo, dentro del Festival É tudo verdade. El viernes 17 del mismo mes se exhibirá en el Festival de Málaga, y si bien el estreno en Montevideo está previsto para julio, los días 24, 25 y 26 de abril se estrenará en la Cineteca de Madrid.
Candombe del recuerdo
“Tus padres volverán”. Ésa era la consigna que coreaba la multitud en medio de una de las tardes más calurosas del año, mientras de boca a boca comenzaba a circular una sola noticia: “reabrieron la 30”, en alusión a la clausura de la radio CX30 de José Germán Araújo. Y si bien la clausura se levantó unos días después, no faltaron los numerosos carteles que rezaban “Transmite CX 30”.
La película de Pablo Martínez Pessi se centra en seis de los 154 niños que volaron solos desde Europa a Uruguay para conocer a sus familiares o reencontrarse con ellos: Fernando de Meersman y Salvador Banchero residen actualmente en Uruguay, los demás volvieron a radicarse en el exterior: Cecilia Rodríguez (España), Marcos Medina (Bélgica), Jorge Garibaldi (Dinamarca) y Guzmán Tierno (Italia).
Cuando Martínez Pessi vio un informe de María Inés Obaldía al conmemorarse los 25 años del viaje, no podía creer que eso realmente hubiera sucedido. En 1983 el director vivía en Dolores y tenía sólo tres años, como varios de los niños que viajaron en aquel chárter proporcionado por el gobierno español.
En ese mismo momento comenzó a buscar información, y dos años después (2010) ya iniciaba una investigación junto al periodista Gabriel Farías, recabando los datos sobre el hecho concreto y la llegada de los niños a Uruguay.
En el proceso de gestación del viaje participó el dirigente sindical y militante socialista en el exilio Artigas Melgarejo, quien le propuso a Enrique Quico Mañero -secretario de la Juventud Socialista en España- organizar esta movilización. También el político uruguayo Víctor Vaillant, que luego de viajar a Europa para reunirse con las colectividades de exiliados uruguayos en varios países europeos, se encontró con Melgarejo en Madrid durante los primeros días de noviembre de 1983, cuando concibieron la idea de organizar un viaje a Uruguay que concentrara los hijos de los exiliados políticos. Pocos días después, de regreso en Montevideo, Vaillant escribió un editorial en el semanario Convicciónlanzando la idea. Sólo 24 horas después ya se creaba la Comisión del Reencuentro de los uruguayos, presidida por Vaillant, para organizar el viaje a nivel local. El 26 de diciembre, ante el desconcierto de la dictadura, un vuelo de Iberia llegaba a Montevideo con 154 niños, provocando una de las movilizaciones populares más importantes del año.
Cuando Martínez Pessi y Farías avanzaron en la investigación, se reunieron con algunos de los organizadores, como Melgarejo, Vaillant y Eduardo Lalo Fernández, “para tratar de armar la historia, ya que no estaba claro exactamente cómo había sucedido todo, en buena medida porque dependíamos del relato de cada uno de los protagonistas”, dijo a la diaria Martínez.
“Cuando veía esas imágenes en que la multitud se acercaba a los niños, me preguntaba cómo se sentiría un niño de tres años -que era la edad que yo tenía en 1983- viajando 11 horas. ¿Cómo estaba preparado? ¿Cuál era la historia que había detrás de cada uno?”, se pregunta el realizador.
Martínez recuerda que se han retratado y narrado historias sobre presos políticos, exiliados, militantes y desaparecidos, “relatos importantes para construir la memoria y la historia reciente del país”, pero se cuestiona qué sucedió con los niños: “¿Y la historia de esas personas que se vieron involucradas en la causa sin decidirlo? Esta historia de los otros no se ha contado”. Con respecto a esta perspectiva, el director sostiene que él podría haber decidido contar la historia del vuelo, del proceso para que se concretara, del diálogo con los militares para organizar el recorrido, o cómo lo ideó Melgarejo junto al grupo de exiliados y la colaboración española. En cambio, optó por tomar el hecho del viaje de los niños para hablar de la identidad, el exilio y la familia, tríada que definió como los tres ejes temáticos fundamentales de la película.
“Voy a contar la historia de cómo vivieron seis niños ese momento, y cómo el viaje influyó en el resto de sus vidas. Ellos comprendieron que eran hijos de exiliados políticos, y también por qué debieron irse sus padres”, sostiene. Consultado sobre cuándo asimilaron el exilio, Martínez no dudó en responder que los seis protagonistas lo asimilaron luego del viaje. “Porque ¿cómo interpretan y les llega el relato sobre el Uruguay de sus padres sin conocerlo? Es claro que para los más grandes fue distinto, ya que ellos sí sabían qué era Uruguay. Gabriel [Melgarejo, hijo de Artigas] ya entendía cuál era la lucha, qué eran los militares, la dictadura y la represión. Él lo comprendió y de alguna manera se acopló a esa lucha viviendo en Madrid. De hecho él era una de las personas que, en cada acto en el que participaron, tuvo un discurso para decir”.
El sorianense centró su interés en cómo vivieron estos niños la experiencia del viaje. Y si bien aclara que es una obviedad que los más grandes lo comprendían (el rango de edades iba de los tres a los 17 años), y para ellos sí se concretaba un reencuentro, para los más chicos era distinto, ya que considera que en estos casos, más que un encuentro se producía una suerte de primer acercamiento. “Partí desde este lugar para hablar sobre cómo ha sido la vida de estos niños luego del encuentro”, precisó.
La película también incluye imágenes de archivo y el testimonio de algunos organizadores. Pero el verdadero protagonismo recae en esas seis historias de vida. Tus padres volverán comienza a hablar de un supuesto viaje y una supuesta bienvenida ambientada en dictadura. El director adelanta que los espectadores irán -paulatinamente- construyendo la historia a partir del relato de esos niños. De este modo, los realizadores pensaron la película a partir de una estructura narrativa en la que, poco a poco, se devela toda la historia y su contexto: quiénes son los niños, de dónde vinieron, quiénes eran sus padres, qué significa el exilio para ellos hoy, cómo viven en sus países. “Claro que incluimos datos concretos de cómo fue la construcción del viaje, pero eso no se vuelve un tema protagónico.” Sobre esto, Martínez asegura que los seis testimonios representan lo que podrían haber sido las 154 experiencias: todos tienen historias de vida y puntos de vista diferentes, pero cree que ésta es la primera vez que se habla de los protagonistas del viaje.
Incluso, según cuenta Martínez, todos los personajes aceptaron participar en la película porque se iba a hablar de ellos mismos, porque interesaba suhistoria. Con respecto a esto, cuenta que después de participar en la película recibió muchos agradecimientos, ya que para ellos ha sido muy difícil poder hablar. Esta contrariedad llegó a tal punto que uno de los participantes se negaba a integrarse al proyecto, hasta que un día aceptó porque se dio cuenta de que ya era hora de poder hablarlo.
“Por un lado está el vuelo de los niños -reflexiona el cineasta-, y por otro el mensaje político y la reivindicación de los derechos humanos, además del mensaje sobre la existencia de los exiliados, gente que quería este país pero debió irse por luchar. Los padres querían estar en el lugar de sus hijos, y de ahí surge todo. En lugar de los padres volaron los hijos”.
El niño que fui
El conductor radial Salvador Banchero nació en Buenos Aires en 1976, y cinco años después se exilió junto a su familia en Madrid. El único uruguayo de su familia era su padre, quien en 1973 había viajado a Buenos Aires y pasado a la clandestinidad.
Banchero cuenta que en su casa el exilio siempre estuvo presente de un modo muy natural, sin que generara un clima denso. Incluso recuerda una infancia feliz y no una sensación de desarraigo, aunque justifica el hecho por la rápida adaptación que se logra en la infancia. Pese a los buenos recuerdos, hasta el día de hoy le sigue llamando la atención la conciencia que tenía sobre la situación que vivía su familia, sobre todo teniendo en cuenta lo que se podía esperar de un niño de su edad.
El periodista recuerda que cuando se abordaba el tema del exilio en su familia siempre estaba más presente Uruguay que Argentina, incluso cuando la única presencia uruguaya era la de su padre. Todo lo que Banchero conocía de Uruguay se reducía a los viajes que hacía junto a su madre a Carmelo, donde visitaba a su abuela paterna. Pero aun así, el viaje lo sumió en una emoción difícil de explicar.
“No recuerdo cuándo me propusieron el viaje, pero estoy seguro de que mis padres me preguntaron si quería venir, ya que en casa todo se democratizaba. Durante muchos años pensé que las imágenes que tenía de esos momentos estaban distorsionadas, o agrandadas por el recuerdo de la infancia. Varios años después, cuando vi algunas imágenes me impactaron mucho, porque comprobé que realmente había sido así. Tenía recuerdos de la gente como una especie de corso, que se extendía a lo largo de las cuatro horas que demoró la caravana, cosas de las que siempre había dudado”, dice.
Centrándose en la conciencia de lo que estaba viviendo, recuerda que cuando iba en la caravana le interesaban cosas extrañas. Da el ejemplo de una veterana que se subió al ómnibus llorando (las puertas estaban abiertas por el calor sofocante de ese 26 de diciembre), y entre la emoción repetía “reabrieron la 30”. Su curiosidad fue tal que se olvidó de la multitud que los rodeaba y le preguntó a alguien de qué hablaba esa señora. La respuesta tenía que ver con la clausura de la radio, que se suponía que en ese momento había reabierto y estaba transmitiendo la llegada. “Entendía perfecto qué era lo que hacíamos ahí, y no tengo el mínimo recuerdo de haber sentido miedo. Las autoras del libro [Los niños del reencuentro] me preguntaban si alguna vez había sentido miedo, y en realidad nunca me había puesto a pensar en eso, que tenía absoluta lógica”.
Como en el viaje coincidió con amigos suyos que se encontraban en la misma situación que él (estaban en el exilio pero no tenían familiares presos, muertos o desaparecidos), al comunicador le llevó mucho tiempo darse cuenta de que su realidad de viaje era diferente, y que había 154 viajes e historias distintas. Con respecto a su situación, cuenta que al llegar fue a visitar a su abuela en Carmelo, cuando otros visitaban a su padre preso, o quedaban en medio de familias maternas y paternas que se los disputaban. “Sabía intelectualmente que existían personas con otras realidades, pero no era consciente de eso. Esto me sucedió años después, sobre todo cuando comencé a hablar con otra gente que había viajado. Me di cuenta de que no todos tenían la misma percepción, y a otros no les gustaba hablar mucho del viaje, o no lo recordaban como algo positivo. Algunos, incluso, se sintieron usados. Yo sabía perfectamente a lo que venía, por más que tuviera siete años, y por eso también fue una decisión propia.”
Evocando esta experiencia movilizadora, Banchero cree que fue un acontecimiento “redondo”, ya que alcanzó una brillantez estratégica de comunicación sin fisuras. Tiene en cuenta que debían comunicar una situación, y para ello, a los organizadores se les ocurrió que viajaran niños junto a algunas instituciones, organizaciones y diplomáticos, y así poder blindar el asunto y quitarle el componente político (vinieron integrantes de la Cruz roja, Naciones Unidas, delegaciones del Partido Socialista Obrero Español -PSOE- y el PP). Por eso mismo al régimen militar le resultó un suceso que se le imponía de forma irrevocable.
Otro de sus recuerdos tiene que ver con que, durante muchísimo tiempo, creyó que ésta era una historia compartida con todos los que hicieron el viaje, cuando en general la gente de su edad no lo recuerda. Frente a esta situación, Banchero habla de la necesidad que sentía de poder comunicarlo, aunque le resultaba casi imposible transmitir la experiencia. “Comencé a hacerlo por estos proyectos que se están haciendo, y tal vez por eso mismo me resulta un poco más sencillo”.
Para amanecer
“Encontramos una filmación clandestina del acto del 1° de mayo en una feria barrial”, dice animado Gabriel Melgarejo ni bien recibe a la diaria en su oficina (es secretario ejecutivo del PIT-CNT y uno de los fundadores de la murga Contrafarsa). “¿Te das cuenta de cómo se cruza todo, no?”, pregunta antes de iniciar la charla.
Lo primero a lo que se refiere son las actividades de 1983, una movilización popular que -para los que estaban fuera del país- indicaba que algo estaba sucediendo. “Dentro de todo este abanico de sucesos importantes, el viaje de los niños, en términos de registro, pasó desapercibido. Creo que recién ahora se está comenzando a hacer justicia, al ubicar este hecho concreto -casi inédito a nivel mundial- en ese concierto de actividades de movilización”.
Melgarejo tenía 15 años cuando arribó al aeropuerto de Carrasco. Dice que cuenta con un recuerdo muy grato de la visita, porque ellos vivían en una suerte de fantasía, mientras se llevaba a cabo una fuerte movilización política y social. “No sabíamos a qué llegábamos porque no sabíamos qué iba a pasar. Tampoco éramos conscientes de la magnitud. Cuando salíamos del aeropuerto y veíamos toda esa gente en la calle nos dábamos cuenta de lo increíble que era, y que finalmente sería algo disfrutable”. Cuenta que cuando aterrizaron, todo el avión comenzó a cantar “Se va a acabar, se va a acabar la dictadura militar”, mientras los mayores a cargo se desesperaban por callar el cántico de los 154 niños.
Uno de los claros ejemplos de cómo la sociedad comenzaba a asumir más riesgos se vincula con el momento en que los militares y policías quisieron desviar la caravana por Avenida Italia, ya que estaban al tanto del número de personas que se desplegaba a lo largo de la rambla, pero la gente los enfrentó, impidiendo el cambio de rumbo.
“Vivimos esos 15 días como una suerte de fiesta, porque nos recibían y reconocían en todos lados, mientras la gente coreaba ‘tus padres volverán’. Por eso el título de la película de Pablo es muy sintomático, porque ésa era la consigna y lo que la gente nos transmitía en la calle. Recuerdo que íbamos al Prado, a las cooperativas, y todo era una fiesta de recibimiento. Tal vez era un contraste con lo que el país vivía en ese momento, pero la gente tenía una actitud tan propositiva de alegría, que era inevitable contagiarse. Cuando llegué a Madrid le dije a mi viejo ‘Preparate porque dentro de poquito volvemos, y si no, me vuelvo yo’”. En esta misma línea, reconoce que el viaje no sólo marcó a fuego su vida afectiva, sino también su formación política.
“Esto no tiene nada que ver con la política”, dice el quinceañero Melgarejo a El Diario, el 2 de enero de 1984, cuando el periodista le pregunta: “¿De qué forma calificarías la visita tuya y de los otros chicos al Uruguay?”. Él y otros compañeros eran, en cierto modo, la cara visible del viaje, y por eso mismo tenían muy claro qué le debían decir a la prensa. Sobre esto, el secretario de la central cuenta que venían adoctrinados, ya que debían transmitir un mensaje: la idea fuerza fue que ellos no eran 154 niños, sino que representaban a todos los uruguayos que no podían estar en el país por razones de exilio, y el mensaje era, precisamente, la necesidad del reencuentro de los uruguayos.
“Queríamos oponer la imagen que daba la dictadura de que esto era un operativo político -que obviamente lo era-, y en las declaraciones nosotros debíamos contrarrestar el concepto, ya que lo fundamental era lo humanitario de la misión, y la necesidad de plantear el problema latente de la cantidad de uruguayos que estaban en el exterior por no poder expresar sus ideas libremente. Hoy lo digo a 30 años de distancia, con 46 años y con plena conciencia de mi intelectualidad política, pero en aquel momento era un niño. Hay que trasladarlo a ese momento: un niño con un discurso político o con un marco de discurso político dentro del cual debía dejar un mensaje. Era una movida muy pesada y compleja. No sé si yo haría lo mismo con mis hijos, y no estoy juzgando a nuestros padres. Al contrario, fueron gestores de un hecho importantísimo en la historia reciente de Uruguay”.
Tal vez por lo difícil que resulta procesar este tipo de experiencias, Melgarejo explica que se ha encontrado con muchas personas que compartieron el viaje, y que recién ahora, después de 30 años, comenzaron a animarse a contar la historia.
Cuando se le pregunta por la gestación del viaje no puede evitar sonreír y definirla como “muy particular”. Después del proceso inicial entre Quico Mañero, el diálogo con el entonces presidente Felipe González y el PSOE, se inicia una segunda etapa que tiene que ver con la selección de los niños, ya que eran muchas las familias que querían enviar a sus hijos. Artigas Melgarejo junto a otros integrantes de la colonia de exiliados de Madrid asumió la responsabilidad de estudiar caso por caso, ver de dónde venían, cuál era la situación de los niños y de sus familias en el país, y también comprobar que existiera un tutor que los pudiera recoger en AEBU. Su hijo recuerda que fue un largo trabajo de ingeniería burocrática, ya que implicaba la conexión de esa oficina en Madrid y la Comisión del Reencuentro de Uruguay.
En el transcurso de esos días sucedieron muchísimas cosas. Por ejemplo, a las tres de la mañana sonaba el teléfono en la casa de la familia Melgarejo: era una madre que vivía en Bélgica y lloraba diciendo que su marido estaba en el Penal de Libertad y que ella quería que su hijo pudiera conocer a su padre. “Como la lista ya estaba completa, mi viejo nos bajaba del avión a mi hermano y a mí. Esto pasó muchas veces, y hasta último momento no sabíamos si veníamos”.
En cuanto a Tus padres volverán, considera que es muy interesante el enfoque de la película, ya que se centra en un punto de vista más humano que político, para así poder retratar cómo repercutió y transformó la vida de esos niños.
Una de las grandes preocupaciones actuales de Melgarejo se vincula con la percepción de que la memoria reciente se vuelve cada vez más acotada. Cree que es un deber proyectar e intentar ofrecer herramientas para que las personas puedan conocer qué es lo que sucedió. “En esta época en la que contamos con una democracia muy estable y podemos disfrutarla, perdemos la perspectiva de que para que esto exista fue necesario haber padecido todo aquello. Me preocupaba que las nuevas generaciones conozcan esta perspectiva, y también me preocupa mucho la proyección de aquellos hechos hacia el futuro”.

Teniendo en cuenta que toda historia de vida resulta fragmentaria y subjetiva, la realidad irreal del exilio vuelve a exhibirse, esta vez desde la perspectiva infantil de un suceso que marcó la historia reciente. Aun hoy, sorprendido, Melgarejo reconoce que recién al llegar a Madrid comprendieron “lo que significó aquel viaje”, mientras la consigna “tus padres volverán” aún continuaba resonando a lo lejos.
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Presidente

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